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Gabriel Sanz

Opinión

Dos negritos en el PP; se busca al 'asesino'

Haya o no una 'mano negra' eliminando disimuladamente competidores por la sucesión de Mariano Rajoy, lo cierto es que dos de ellos, Alberto Núñez Feijóo y Cristina Cifuentes, ya han quedado seriamente 'tocados' 

El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijoó, en Salvados.
El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijoó, en Salvados.

En la célebre novela de Agatha ChristieDiez negritos, una decena de personas con cadáveres en el armario son invitadas a disfrutar de un fin de semana en una isla y van muriendo, una tras otra, víctimas de uno de los reunidos cuya identidad no se descubre hasta el final del libro.

Exista o no esa mano negra encargada de eliminar otros invitados a la sucesión de Mariano Rajoy, habite o no esa persona en La Moncloa -los más taimados apuntan directamente a Soraya Sáenz de Santamaría-, lo cierto es que a dos de los negritos más populares entre los populares, el gallego Alberto Núñez Feijóo, y la madrileña Cristina Cifuentes, se les están torciendo sobremanera sus expectativas.

A Feijóo se le notó mucho en el Salvados de hace tres semanas que había planteado la entrevista de Jordi Évole como un ejercicio de frescura a la que tan aficionados son los políticos con aspiraciones y, al final, acabó como el rosario de la aurora: con el periodista tableta en mano, enseñándole periódicos de la época que daban a entender que su ignorancia sobre las andanzas del narcotraficante Marcial Dorado, antes de hacerse fotos con él en su yate, no era creíble.   

La foto de marras le hará mucho o poco daño al gallego en su ascenso a La Moncloa, ya veremos, pero nadie puede negar que pone piedras en la mochila del único barón del PP en condiciones aún de exhibir mayoría absoluta tras el tsunami de corrupción que viene barriendo Génova durante los últimos cinco años. El entorno enseguida dio a entender que había sido una "encerrona" impulsada por esa mano negra monclovita ... o genovesa, que aquí ya nadie se fía de nadie.

La presidenta madrileña y su entorno están convencidos de que todo lo que les pasa últimamente no es fruto de la casualidad

Claro que peor pinta lo de Cifuentes. Muchas explicaciones va a tener que ofrecer a la opinión pública la inquilina de la Puerta del Sol en las próximas horas sobre su presunto currículum universitario falso; ya saben, dos "notables" inventados en los exámenes de un master a los que supuestamente no se presentó.

"Huele mal, muy mal", dicen los de Ciudadanos, su sostén parlamentario en la Asamblea de Madrid. "O presenta el examen al que se presentó y la matrícula, o está frita", dice gráficamente un alto cargo de los de Albert Rivera. Tan gordo les parece -"es que es un delito"- que ni se han atrevido a pedir inicialmente la dimisión, pero son conscientes de que también ellos tienen poca salida política si Cifuentes no prueba su inocencia.

Antes de trascender esa noticia, la presidenta madrileña y su entorno ya estaban convencidos de la teoría de la mano negra, de que todo lo que les pasa últimamente -los exabruptos machistas de Francisco Granados, su posterior comparecencia en el Congreso para hablar del caso Púnica y ahora esto del currículum- no es fruto de la casualidad.

Así que, impolutos, impolutos, lo que se dice impolutos, ya sólo quedan los currícula de tres sucesoras. Bueno, mejor dicho dos, Ana Pastor y Sáenz de Santamaría, porque a la secretaria general del PP y líder en Castilla-la Mancha, María Dolores de Cospedal, andan desde hace años "en La Moncloa" (sic), según una fuente popular, buscándole las cosquillas con los negocios de su marido, Ignacio López del Hierro.

Lo bueno de todo esto es que como quedan pocas alternativas, el final de esta novela está cerca y sabremos enseguida quién es el asesino. O no, que diría Rajoy.



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