No creo dar signos de una agudeza especial si digo que España es un país que se está empobreciendo, a la par que envejeciendo. Supone un grave problema para las familias y, muy en particular, para la llamada generación perdida. La sola propuesta de reducir las pensiones de los ‘boomers’ o pagarlas todos con impuestos será complicada, sobre todo porque la crisis del coronavirus se ha cebado de nuevo con los jóvenes. El futuro del país se sostiene sobre los hombros de una generación empobrecida que cada vez asume más discursos. Esta obstinación del Gobierne en declararse como garante del progreso con un proyecto de país inasumible empieza a ser perturbadora para muchos jóvenes.

Por otro lado, cuando alardean de los valores democráticos, a uno le cuesta cada vez más sentir la emoción requerida. Leo en el editorial de El Mundo que desde el Ejecutivo han dicho que el Debate del estado de la Nación se celebrará "cuando corresponda". La coalición Frankenstein ha demostrado ser la puerta abierta a desviaciones populistas de libro. Preferiría casi que lo dijeran francamente: hemos trazado unas nuevas directrices, no van ustedes a entenderlas bien, porque esto no tiene nada que ver con los intereses de la ciudadanía. Vamos a gobernar de espaldas a ustedes y a las instituciones, sin embargo todos ustedes pueden introducir un matiz político a su identidad, experimentar con sus nuevos yoes e identidades gracias al mayor gobierno progresista de la historia. En lo que se refiere a los asuntos públicos de interés general, no pintan ustedes nada.

Excentricidades varias

La postergación del Debate del estado de la Nación demuestra también ese desinterés por la situación de los asuntos públicos de la población empobrecida, o sea los jóvenes de este país. En lugar de futuro tenemos una agenda de acuerdos con los 'indepes' llena de sorpresas, como la creación de un fondo ad hoc para pagar las fianzas de los políticos acusados de malversación u otras excentricidades varias, como la de ministro comunista que apuesta por cambiar la dieta para cargarse la industria alimentaria que no es de su agrado, o las excentricidades de una ley trans que implica que la diferencia de los sexos sea una pura construcción social. Todos sabemos que estos son los asuntos verdaderamente relevantes y por los que debemos manifestarnos.

Hemos decidido crear solo Ministerios de Asuntos Inferiores para dirigirnos al votante secesionista, transexual y vegano, mejor si es igualitarista de los nuestros, sin pizca de talento ni educación

Nos venden la moto de Maroto (de la moto tírate). Alguno empieza a preguntarse para quién gobierna este elenco de ministros, por qué rechazan ya no sólo apoyar cosas con sentido común sino representar la neutralidad y la matriz de nuestra vida en común, los intereses comunes. ¿Para quién gobierna y a quién representa el Gobierno? Preferiría que nos lo dijeran claramente: pasamos de esta ciudadela de jóvenes retrógrados, hemos decidido crear solo Ministerios de Asuntos Inferiores para dirigirnos al votante secesionista, transexual y vegano, mejor si es igualitarista de los nuestros, sin pizca de talento ni educación y se apunta al entretenimiento circense a base de crear hostilidad y generalizar problemas.

El bocata de salchichón

Tenemos siempre el comodín del turismo, que da lugar a estampas curiosas que rompen con el igualitarismo desilustrado que nos quieren imponer. Si uno se pasea por Serrano verá a las chinas gastarse tres salarios ínfimos interprofesionales en un bolso de Prada, mostrándonos con arrogancia lo que puede hacer el liberalismo económico. El pobre currele no ignora que, desde un punto de vista estructural, su vida cada vez recuerda más a la de un inmigrante de los 70 que viajaba en tren con el bocadillo de salchichón envuelto en un trozo de periódico. Los problemas reales que a veces pasan desapercibidos hasta en la prensa, empiezan a desprender ese olorcillo a salchichón repudiando por Garzón. La cuestión preocupante es que el joven español, cada vez más empobrecido, va a acabar odiando y culpando a la globalización, a los chinos, echando pestes del capitalismo y ya se encargará el Gobierne de esconderle la triste realidad, y es que han dejado de gobernar para la gente común, y sobre todo para los jóvenes. Éstos han comprado la moto de Maroto y saludan tocando el claxon con emoción antes de hundirse bajo el mar.