Opinión

La gran misión de los medios en 2021: no hacernos sentir culpables de las muertes por covid

El gran reto de los medios para este año debería ser informar de la pandemia como es debido. Es decir, como un problema histórico que se presentó de forma imprevista y que, pese a lo que dice la propaganda gubernamental, tardará años en ser superado

Pedro Piqueras
Pedro Piqueras Mediaset

Fue un 1 de enero raro y eso se notó cuando la Filarmónica de Viena ofreció el concierto de año nuevo ante un auditorio vacío. Todavía es una incógnita si la covid será una pandemia mayor o menor que otras precedentes, pero lo cierto es que ha dejado unos cuantos escenarios post-apocalípticos que inquietan. El día anterior, las familias españolas tuvieron que celebrar las cenas de Nochevieja con escrupuloso respeto a las restricciones que impusieron las comunidades autónomas. Y la mayoría se adaptó. El problema es que los noticiarios ofrecieron una visión distorsionada de la realidad.

Porque a las 15.00 horas, cuando Telecinco dio paso a sus servicios informativos, se dedicó un generoso espacio a los borrachos que habían intentado entrar en la Puerta del Sol madrileña y a quienes habían convocado fiestas en naves de Cataluña y en Málaga. También a quienes decidieron iniciar 2021 con una fiesta en su casa, de ésas que desesperan a los vecinos y generan un enorme sufrimiento cráneo-encefálico al día siguiente.

El sensacionalismo de este informativo volvió a trasladar al público que la culpa de la situación epidemiológica de este país la tienen los ciudadanos, que son unos irresponsables. No importa que cientos de empresas se hayan ido a pique por las restricciones que se han impuesto al comercio en varias comunidades autónomas. O que las medidas de control de viajeros en los aeropuertos hayan sido irrisorias. O que se desaconsejara durante un tiempo el uso de mascarilla o que, todavía hoy, la realización de pruebas de detección de covid sea lenta y, por tanto, inútil para contener la expansión de la enfermedad. La clave, como siempre, es culpar al ciudadano.

Retos de los medios en 2021

Está claro que los medios de comunicación tienen varios retos en 2021. Sus cajas fuertes están vacías y eso les hará todavía más permeables a las maniobras de control políticas y, sobre todo, empresariales. Pero su principal reto durante este año será evitar que la propaganda política y el cainismo patrio -marca de la casa- conviertan cada contagio de coronavirus en una tentativa de homicidio imprudente.

Porque en el país donde quedarse en casa tras contraer una gripe era visto como algo propio de caraduras, se ha desatado una peligrosa corriente que trata de culpar a la población de la muerte del abuelo. De hecho, hace unas semanas, una conocida viróloga advertía de que, si no tomábamos precauciones en Navidad, en enero los muertos por covid podrían ser nuestros propios familiares. Y una gran empresa realizó hace unas semanas una lamentable campaña publicitaria en la que se mostraba a una joven que, tras participar en un ‘botellón’, condenaba a muerte a otro de sus parientes. En concreto, le pegaba un tiro simbólico. Un disparo vírico.

Si en los altos despachos de los medios existieran todavía cierta conciencia y responsabilidad, se evitaría el constante bombardeo de noticias sensacionalistas como las que atribuyeron a la inconsciencia ciudadana la segunda ola del virus; y atribuirán a las reuniones navideñas la tercera.

Suena a broma pesada que los ciudadanos que se han despedido de sus familiares esta Navidad hasta nueva orden, pues nadie sabe cuándo los podrán volver a ver, asistan cada día a ese constante desfile de anécdotas amarillistas en los informativos que trasmiten una imagen de los ciudadanos deformada y obscena. ¿Qué pensarán de eso quienes han tenido que pasar cuatro o cinco meses con su negocio cerrado o quienes se han ido a la bancarrota por las restricciones impuestas?

Pero es lo de siempre: las policías -que sorprendentemente son una fuente incuestionable- distribuyen constantes imágenes a los medios sobre sus actuaciones, estos las reproducen porque son alarmistas y generan audiencia; y, mientras tanto, el poder político observa con satisfacción este fenómeno, pues sabe que contribuye a que los ciudadanos se señalen entre sí, cuando, en realidad, muchas de las peores consecuencias de la covid en España se deben a la penosa gestión del día a día y al ineficiente modelo de Estado, que genera 17 normas diferentes para atajar cualquier problema que se presente.

El gran reto de los medios para este 2021 debería ser informar de la pandemia como es debido. Es decir, como un problema histórico que se presentó de forma imprevista y que, pese a lo que dice la propaganda gubernamental, tardará años en ser superado, pues, todavía hoy, cuando se ha comenzado a vacunar a la población, se baten a diario récords de contagios en el mundo.

La televisión y la prensa digital rompieron los audímetros durante el primer estado de alarma, pero, por lo general no han sabido o no han querido sobreponerse a las maniobras gubernamentales que buscaban confundir a la población con información tóxica y maliciosa sobre esta nueva enfermedad. Su principal misión para 2021 debería ser la de estar a la altura de lo que requiere este momento trascendental para la civilización, aunque, visto lo visto, habría que ser pesimista.

Por lo demás, en los próximos 12 meses está previsto que los editores de medios de comunicación se enfrenten a informes de cuentas teñidos de rojo intenso que, probablemente, obligarán a tomar algunas decisiones dolorosas, como la de presentar procesos de despido colectivo. 

El sector tampoco quedará exento de la ‘merienda de negros’ que generará el reparto de las ayudas europeas a la reconstrucción. En este sentido, habrá que ver si los grupos más afines al Ejecutivo obtienen mayores réditos que los que le cantan cada día las cuarenta. 

Grupo Prisa

También está prevista para 2021 la división del histórico grupo Prisa en dos partes: en una de ellas quedará Santillana; y, en la otra, sus medios de comunicación. Este proceso requerirá la búsqueda de inversores, lo que podría generar un cambio en la cúpula de El País y la Cadena SER.

Sea como sea, todas estos estos episodios afectarán a empresas concretas, pero no a una sociedad en su conjunto, como ha ocurrido con ese fenómeno de culpabilización de la ciudadanía que se ha generado tras el surgimiento del covid. No hay misión más importante de cara a estos meses que la de ofrecer una información correcta y justa sobre este momento complicado.

Por cierto, en este sentido, cabría plantearse una pregunta de difícil respuesta: y es que, en este momento en el que la mayoría de las cabeceras tradicionales han cerrado contenidos al público general en sus ediciones digitales, ¿se puede decir que los ciudadanos que no quieran pagar van a estar peor informados? Quizá de su respuesta surja otro de los retos mediáticos para 2021.

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