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Miquel Giménez

Opinión

La ministra no tiene traductora

A Carolina Darias, ministra de Política Territorial y Función Pública, el pinganillo que le puso la Generalitat era de atrezo

La ministra de Política Territorial y Función Pública, Carolina Darias, y la consellera de Presidencia de la Generalitat, Meritxell Budó
La ministra de Política Territorial y Función Pública, Carolina Darias, y la consellera de Presidencia de la Generalitat, Meritxell Budó Europa Press

Darias, que venía a Lazi Land a firmar un papelito con el fin de paliar los daños ocasionados por los últimos temporales, no pillaba ni una. En la rueda de prensa posterior, que antaño se hubiera tramitado de oficio sin bombo ni alharaca, se hablaba en vernácula. Incluso la tartavoz del Govern, Meritxell Budó, bueno, ella más que nadie porque sabrán que se niega a aceptar preguntas en la lengua de Mesonero Romanos. La ministra, impávida cual buda de jade, acabó por saltar. Todo en catalán y ni un mísero servicio de traducción simultánea por aquel pinganillo más mudo que un implicado en el asesinato de Kennedy. Viendo que nadie le prestaba la menor atención, espetó: “Me han puesto esto –refiriéndose al aparatito– para traducir. Me queda fantástico y nada más”. Budó, con sororidad ejemplar, le preguntó si funcionaba mal, a lo que la otra dijo que ni bien ni mal, simplemente no funcionaba. Budó puso carita de decir Verge de Montserrat, ves quines coses.

La ministra, que al fin y al cabo venía a soltar la pasta que el Govern no tiene por gastársela en TV3 y abrevaderos similares, seguía en lo suyo: “Intentaré seguiros, pero no escucho nada por el aparato. Lo digo por si la pregunta es en catalán. Quería advertirlo por si no puedo responder correctamente”. Budó, con la misma expresión que ponía la Ferrusola cuando un niño castellanoparlante se acercaba a sus hijos, intervino con ese aire resuelto que la ha convertido en leyenda viva entre los lazis: “Disculpa un momento, ministra. No tenemos retorno. No hay traducción”. Si creía que con esa disculpa de enfermo que se orina en la cama y dice que está sudando la jugada le iba a salir bien, se equivocó. Darias insistía: “Me habéis puesto esto de decoración. No hay problema – dijo mirando a Budó– me lo traduces tú”. Patapam. El silencio reinó en ambas columnas, a saber, ministra y consellera. Luego, en un rapto de sinceridad, añadió: “Responderé según mis posibilidades”, cosa habitual entre los actuales desgobernantes.

¡Budó de traductora del catalán! El idioma de Leonardo da Vinci, Teresa de Ávila, Colón, el Cid Campeador, vertiendo sublimes palabras al idioma soez que ni siquiera podemos atribuir a Cervantes, porque todo el mundo sabe que se llamaba Sirvent y era valenciano. O sea, según ellos, catalán. Tamaño sacrificio jamás se conoció en esta tierra pródiga en héroes, heroínas y Raholas. Ignoramos si la traducción no existía por un fallo mecánico –el pinganillo debía estar fabricado en Madrid, fijo– o bien porque la gente encargada de tal menester estaba en alguna de las manifestaciones en favor de los presuspulítics. El resultado, sea cual fuese la causa, ha sido una humillación más por parte de la España opresora en contra de Cataluña en la que, por no funcionar, no funciona ni el sentido común.

Si ministra y consejera hicieron el ridículo con el pinganillo, los de la canallesca llevan haciendo lo mismo hace años, preguntando lo que saben que les van a responder entre sonrisas de asentimiento"

A nadie se le ocurrió que, de haber hablado en español, se habrían ahorrado la tontería. Hace tiempo que digo que a las ruedas de prensa que convoca la gestoría de cuarta regional en la que los lazis han convertido al gobierno autonómico la gente debería acudir, sí, pero para no preguntar nada. Total, la mayoría de compañeros trabajan para medios que están comprados y, aunque quisieran preguntar algo con garra, que no quieren, no les dejarían publicarlo y es más que posible que se jugasen el trabajo. Porque si ministra y consejera hicieron el ridículo con el pinganillo, los de la canallesca llevan haciendo lo mismo hace años, preguntando lo que saben que les van a responder entre sonrisas de asentimiento. Salvo dos o tres excepciones que confirman la regla, en aquella sala fría, desangelada y ortopédica, los periodistas son coristas que levantan la pierna con sonrisa de cartón piedra.

De forma y manera que el pinganillo era superfluo. La ministra podía haber respondido con la receta del bizcocho de yogur a cualquier pregunta, que no habría pasado nada. Los titulares emanan del poder, aquí y allí, y seguro que la habrían dejado muy bien. No en vano Puigdemont y Esquerra se llevan de maravilla con Su Pedridad.

Servidor, puestos a elegir coristas, se queda con las alegres chicas de Colsada, ya saben, las que llegaban para alegrarnos el mal humor. Para la adulación no es menester traductor alguno.

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