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Miquel Giménez

Opinión

La 'merda' no hace peste si es independentista

El expresidente catalán Carles Puigdemont durante una concentración en la localidad belga de Lovaina
El expresidente catalán Carles Puigdemont durante una concentración en la localidad belga de Lovaina EFE

La canción popular catalana dice que la merda de la montaña no hace peste, aunque la remuevas con un bastón. El bloque separatista en el parlament catalán ni siquiera da esa oportunidad. Su mierda no se toca, y punto. Por eso se han negado a investigar el presunto espionaje de los Mossos a periodistas y políticos. Democracia y libertad, sí señor.

Mucho hablar de las cloacas del estado y poco de las suyas

Que en la Generalitat existen, no ya cloacas, sino albañales es algo sabido por todas las personas que desempeñamos una actividad más o menos pública en esta tierra. Presiones a periodistas, llamadas a capítulo, el pacto del hambre, todo lo que ustedes quieran y más ha sido empleado por el régimen nacionalista para silenciar las voces discrepantes a lo largo de décadas. Cuando Jordi Pujol le preguntó con total desfachatez a un conocidísimo periodista catalán que pensaba votar, y este calló, supo en aquel mismo momento que su carrera estaba acabada. Como así fue.

En las épocas de Lluís Prenafeta, mano derecha de Pujol en los ochenta y siniestro de fama y obras, nadie que ostentase un cargo directivo en los medios se salvaba de la llamadita de este para “tomar un café”. De hecho, un periodista con el prestigio de Lluís Foix, ex director de La Vanguardia, ha reconocido públicamente que Pujol se escribía las entrevistas él solito. Como era esperable, ni el Colegio de Periodistas de Cataluña ni los sindicatos mayoritarios ni, ya que estamos, los propios profesionales de los medios dijeron jamás esta boca es mía acerca de la dictadura disfrazada de democracia que se ha vivido en mi tierra todo este tiempo.

Lo que solía sorprender a no pocos de los afectados por aquellos afables cafelitos con los gerifaltes de la cosa nacionalista era lo bien informados que estos estaban acerca de las vidas privadas de sus interlocutores. En esto, Pujol sabía siempre descolocar al que tenía delante, saliendo con un “Qué, ¿cómo le va su hijo el mayor con esa beca que tiene para Inglaterra? ¿Le va bien? ¿Necesita alguna cosa?” o “Siento mucho lo de su padre, era muy buena persona y no se merecía una muerte tan cruel. Esto del cáncer es terrible. Si necesita lo que sea, porque ahora su madre precisará una residencia, llámeme, por favor, no lo dude”. Son dos ejemplos reales, referentes a dos compañeros y amigos personales míos, que se quedaron de pasta de boniato ante lo endiabladamente bien informado que estaba el president.

En los últimos ocho años la facturación de algunas empresas dedicadas tanto a la seguridad como a la vigilancia privada se ha incrementado en más de un sesenta por ciento"

¿De donde salían aquellos datos? ¿Quién se los proporcionaba a Pujol, a sus sucesores, a los gobiernos nacionalistas? Pues parece que nos vamos a quedar con las ganas de saberlo, al menos sí dependiéramos de las ganas del Parlament, porque la mayoría separatista ha dicho que, de investigar las cloacas catalanas, nada de nada. Lo han eliminado del orden del día de un plumazo. Como suena. Mucho hablar de que si las cloacas del estado intervienen en Cataluña, de que si el CNI –pesadísimos con la Casa, créanme, llevan siglos diciendo que todos los que no comulgamos con su rollo somos agentes de los servicios secretos-, en fin, de que existe un cábala nefanda que conspira para espiar a los probos patriotas catalanes y, a la que se plantea la oportunidad de hacer lo propio con los Mossos, se rilan, escudándose en excusas más o menos peregrinas, más o menos de jeta hormigonada, e impiden la creación de una comisión al efecto. O sea, emitir en horario de máxima audiencia por TV3 el pseudo documental 'Las cloacas de interior', producido por la Mediapro del populista Jaume Roures –ex TV3, añadimos– está muy bien; permitir una comisión parlamentaria para que se investigue si hay o no cloacas en la policía catalana, res de res. Y Conste que soy partidario de llegar hasta el fondo de cualquier cloaca, la de los GAL o la de ETA, la de Filesa o la del tres por ciento, la de la Gürtel o la de los ERES. Lo que no me sirve es cogértela con papel de fumar con la tuya y dar brochazos con las de los demás. Será eso, que cloaca por cloaca, la suya, llena de mierda como cualquier otra cloaca, que para eso están, no huele mal. Pero huele, y vamos a examinar las razones.

Aumento de las empresas de seguridad en los últimos años

Desde que empezó la cosa del proceso, han sucedido hechos más que reseñables que deben ser consignados para los futuros historiadores. Hay uno, sin embargo, que ha pasado algo inadvertido para los analistas: en los últimos ocho años la facturación de algunas empresas dedicadas tanto a la seguridad como a la vigilancia privada se ha incrementado en más de un sesenta por ciento. Enespecial en lo que afecta a hacer “barridos” en despachosoficiales, privados o periodísticos para localizar micrófonos ocultos. Curioso.

El nacionalismo, totalitario en su misma esencia, siempre ha querido disponer de sus propios mecanismos, lo que Mas denominaba pomposamente estructuras de estado. En materia policial lo consiguió. Grave error del estado, porque ni la educación, ni los medios de comunicación, ni la sanidad, ni la policía deben delegarse. Los Mossos contaron desde el minuto cero con fieles adictos al régimen, hombres que provenían en muchos casos de policías locales y de afiliación nacionalista. De ahí salieron los “Mortadelos”, operativos ilegales de los Mossos que espiaron a políticos de signo opuesto a Pujol, pero que también lo hacían sin remilgos con sus propios dirigentes si el Big Brother lo ordenaba. Que se haya descubierto no hace mucho un piso franco en Madrid desde el que algunos elementos de los policías autonómicos efectuaban seguimientos a políticos catalanes que trabajan en la capital, no es ni novedoso ni lo peor.

¿Organismos inocentes, festivos y alegres de la Generalitat? Desde los citados Mossos al CESICAT, los que quieran"

Sé que muchos independentistas de buena fe, gente trabajadora que jamás se ha llevado un duro que no haya ganado con su esfuerzo –esos son los primeros engañados por la farsa del proceso– se preguntarán quien o quienes podrían actuar como espías de los gobiernos catalanes. “Si somos inofensivos, si aquí no queremos malos rollos, si la violencia siempre proviene del estado”, argumentan. Me dirijo en especial a ellos: agentes que quieran servir a la causa nacionalista, los que deseen. Desde los Mossos que prestan servicio de escolta – ilegal, por cierto – a Puigdemont en el extranjero a los agentes pillados en redes sociales haciéndose fotos con esteladas o en manifestaciones tumultuarias frente a la delegación del gobierno. O los afiliados a la sectorial de Mossos per la Independència de la ANC.

¿Organismos inocentes, festivos y alegres de la Generalitat? Desde los citados Mossos al CESICAT, los que quieran. Que la policía autonómica fuese pillada con el carrito del helado al dirigirse a la incineradora del Besós con importante documentación para incinerarla, ya es en sí una prueba. Del delito, claro. Añadamos, para mayor abundamiento, que en dos de los correos que pretendían quemar aquellos Mossos se dejaba claro que el cuerpo de policía autonómico gastó solo en 2015 la cantidad de 161.101,22 euros en su servicio ilegal de espionaje a políticos y periodistas.

Claro que ha existido espionaje. Por eso es lamentable que la mayoría separatista se haya cerrado en un bloque infranqueable a cualquier investigación parlamentaria acerca del mismo. Lo han hecho, como siempre, a diez minutos de comenzar el pleno, vulnerando la esencia parlamentaria más básica y situándose, para variar, en los modus operandi de los sistemas totalitarios. Y todo eso en el Día Internacional de la Libertad de Prensa. Esa es su manera de entender lo que significa un concepto sagrado para cualquier democracia. La vergüenza que ha supuesto el pleno de este jueves es terrible, pero a la vez también supone un durísimo aviso para navegantes. Si todo esto está pasando bajo la égida del terrible 155, según dicen los separatistas, y supuestamente con el control del estado de derecho, ¿se imaginan ustedes lo que podrían llegar a hacer estas gentes si alguna vez lograsen sus objetivos y consiguiesen esa república de la que tanto alardean?

Yo puedo imaginarlo perfectamente. Paseos en la carretera de la Rabassada y checas en la calle Sant Elíes. De hecho, en el pasado, a la que tuvieron la oportunidad, lo hicieron. Esa mierda olerá para siempre entre los catalanes que solo aspiran a vivir en un país normal, donde el imperio de la ley, la justicia social y la libertad sean normas de conducta y no quimeras. Porque todas las mierdas huelen. La suya, también.



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