Meritxell Budó, tartavoz del Govern de Torra si lo hubiera o hubiese, ha dicho este martes que, lo de buscar un mediador entre Sánchez y el omnívoro Torra es más necesario que nunca. ¿Saben por qué? Pues porque el citado Torra no se fía de Sánchez, he ahí la razón. Budó afirmaba, con esa cara que pone que parece que le han quitado en las rebajas el último abrigo de pana con descuento, que esa figura es muy necesaria porque “ya va van conociendo el tarannà, el pie que calza, del Gobierno de Sánchez”.

Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y el Ebro guarda silencio al hacer lo propio por El Pilar, la señora Budó ha insistido en que tanto ERC como Junts per Cat están de acuerdo, no sea que alguien interprete que los estirones de pelos entre Tardà y Torra, a propósito de un artículo del primero en el que denunciaba al “torrismo”, hicieran pensar a nadie que están peleados. Es decir, que hay que volver a la mesa de diálogo para que Sánchez les dé la razón, les conceda un referéndum y les garantice que van a ganar. Y dejémonos de hostias, que hace días que se están haciendo la independencia encima y la vejiga lazi no soporta tanta presión.

Es comprensible la prisa que les ha entrado a los dos principales protagonistas del sainete estelado. Las autonómicas catalanas están más cerca que lejos y se trata de marcar paquete, que hay mucho desocupado que se ha pasado estos meses cantando en los balcones, haciendo papiroflexia o practicando tablas de gimnasia sueca y eso nos aleja del objetivo principal, la república catalana. Ya lo dijo en su día el ínclito Eduard Pujol, el hombre del patinete, “esto de la sanidad no puede hacernos perder de vista nuestro objetivo más importante”. Así es, oh sublime profeta. Por lo tanto, cuando aun resuena en nuestros oídos el hórrido soniquete de la cifra de muertos del día anterior, de la dejadez rayana en imprudencia criminal respecto a las residencias de ancianos, del material sanitario que se pagó a precio de oro para nunca más llegar, ahora toca volver a lo de siempre, a esa nueva-vieja normalidad en la que se encuentra la matraca de mesas que se elevan al conjuro de médiums que se saben Els Segadors hasta en finés.

Sucede que como no hay nombres para desempeñar tan prestigioso papel, el de mediador, decimos, no el higiénico que desapareció en los primeros días de la pandemia, habrá que consensuar la persona que pueda ejercer de seráfico primus inter pares entre dos gobiernos que no respetan la constitución ni tienen mayor interés que perpetuarse ad vitam en sus cargos. Y sabiendo como saben que lo que no puede ser no puede ser y además es imposible, previendo que la mesa de negociación va a durar más que una comparecencia de Sánchez ante las cámaras de televisión, aquel o aquella o aquello a quien se escoja deberá tener algunas virtudes. En primer lugar, lo que en Italia se denomina culo di ferro, con perdón, porque la cosa puede extenderse notablemente, máxime si Torra insiste en llevar Ratafía para que los presentes la degusten. En segundo, ha de saber hablar mucho sin tener la menor idea de lo que está diciendo, lo que sería menos difícil porque solo entre los miembros del ejecutivo español encontraríamos fácilmente a media docena de seres humanos que cumplirían a la perfección esta condición. Y, lo más importante, ha de saber sonreír aunque se le caiga la casa encima, pues sabido es que a Sánchez no le gusta el desastre ni la hecatombe, sobre todo si le acontece a Su Persona.

Sugiero que la academia de OT haga un casting entre los aspirantes a mediador, seleccionen a una docena y que, semana a semana, un jurado los vaya eliminando hasta que quede solo uno"

Uno, bragado en ver como dilapidan nuestro dinero, nuestro crédito internacional y nuestra democracia, quisiera adelantarse y proponer un método que podría ser útil. Sugiero que la academia de OT haga un casting entre los aspirantes a mediador, seleccionen a una docena y que, semana a semana, un jurado los vaya eliminando hasta que quede solo uno. Como incentivo, podría decírsele al ganador que, además de la gloria de ser mediador entre la nada y la estupidez, podría representar a España en Eurovisión. Y grabar un disco. Y hacer una gira por los Païssos Catalans. Y actuar ante Puigdemont en Waterloo.

Sería una manera agradable y llevadera, amén de fascinante, de encontrar una salida a la solemne idiotez que vuelve a campear en política. Teniendo en cuenta que uno de los propietarios de la productora de OT es separatista furibundo, la cosa no es tan impensable. Así que ya pueden ir pidiendo una de mediador y una de gambas. Y dispensen el animus jocandi, pero a estos no hay Dios que se los tome en serio.

Digo yo.