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José Manuel Pazos Royo

Opinión

Mucho más gasto sin explicar los ingresos

Una economía que ha crecido a tasas del 4%, y que ha reducido la de desempleo desde el 25 al 16%, no puede verse reflejada en un diagnóstico como el que se desprende de las bases de este acuerdo

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, en La Moncloa
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, en La Moncloa EFE

Voluntad firme de intervenir en el mayor número de ámbitos posibles de la sociedad y de la economía. Este es el primer impacto que se percibe de una lectura de urgencia de las 50 páginas del acuerdo entre el Gobierno y Podemos para los Presupuestos Generales del Estado de 2019. 

Un documento que parte de calificar los siete últimos años como de “recortes y asfixia”, y que finaliza en su parte declarativa con la afirmación “no nos podemos permitir el lujo de desperdiciar ninguna oportunidad” ya nos anuncia un modo particular de interpretar lo ocurrido en los últimos años y preludia la voluntad de actuar en cada lugar al alcance del Estado con la voluntad de auxiliar a recortados y asfixiados. Son catorce capítulos donde la memoria económica se limita a referir un impacto en más gasto en 2019 por importe de 4.000 millones de euros, pero sin cuantificación alguna de mayores ingresos en el capítulo referido al alza de impuestos.    

Un buen análisis para un buen diagnóstico culmina generalmente en buenas medidas. Ocurre que si análisis y diagnóstico se centra en la parte y no en el todo, las medidas que se deriven corren el riesgo de perjudicar al todo en supuesto beneficio de la parte. 

El diagnóstico que subyace en el acuerdo es parcial. Entra en conflicto con otra realidad que no por ser la de las estadísticas oficiales, por muy macroeconómicas que sean, es menos cierta. Una economía que ha crecido a tasas entre el 3 y el 4%, que ha reducido la tasa de desempleo desde el 25 al 16%, que ha eliminado por completo su déficit por cuenta corriente, con lo que eso supone de reducir la tasa de dependencia del ahorro mundial, que ha dado un salto considerable en un su participación en el comercio mundial y que está en 2017 en los mayores niveles de renta per cápita de su historia, no puede verse reflejada en un diagnóstico como el que se desprende de las bases de este acuerdo. De su lectura es difícil no adivinar en sus redactores una visión cercana a los discursos más simplistas que dividen a una sociedad compleja como es la española en algo tan simple como buenos y malos, explotados y explotadores.

Si análisis y diagnóstico se centran en la parte y no en el todo, las medidas corren el riesgo de perjudicar al todo

Los Presupuestos del Estado son la principal herramienta de los poderes públicos para gestionar el conjunto de la sociedad y han de tener entre sus objetivo el regular los mecanismos de compensación que constituyen la base del estado de bienestar de modo que contribuyan a amortiguar el impacto de periodos de crisis. Trabajos con vocación estrictamente académica como el publicado recientemente por el Catedrático de Historia Económica de la Universidad Carlos III Leandro Prados de la Escosura, nos remiten a una sociedad, que a pesar de haber sufrido un incremento de la desigualdad en los años de la crisis, nos mantiene en un rango similar al de los últimos 40 años.  El Coeficiente de Gini, referencia mundial para la medición de la desigualdad, se mantiene entre 0.30 y 0.40 desde 1970, representando 0 un reparto perfecto de la riqueza y 1 un reparto muy desigual.  Simplemente es falso que estemos en un momento de grave desigualdad.  

Simplemente es falso que estemos en un momento de grave desigualdad

Reparar algo mal diagnosticado rara vez tiene consecuencias positivas. Menos aún si justificado en la voluntad de reparar se aborda desde la perspectiva que las actuaciones del sector público son por definición más justas y eficientes. En este acuerdo se percibe con claridad la vocación de incrementar el papel del Estado en todos los ámbitos no tanto como regulador sino mediante la introducción de reglas con vocación de intervención.

No sabemos si este acuerdo se traducirá en un unos Presupuestos, que posiblemente no, pero si algo podemos extraer de ellos es conocer que bajo el argumento de reparar un daño y unas disfunciones cuya evaluación necesita de algo más riguroso que discursos simples para ser bien diagnosticadas, la izquierda española propone a la sociedad reforzar el papel del Estado en todos sus ámbitos, cuando es difícil negar que en gran medida han sido precisamente las alteraciones introducidas por los poderes públicos con sus comportamientos corruptos y alteradores de equilibrios, los que han dado su carácter peculiar a los años más duros de la crisis en España. Pero más allá de los juicios que despierte el documento, nadie podrá negar que no se está siendo claro en hasta donde se pretende llegar. 



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