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Miguel Ángel Aguilar

Opinión

A Marlaska le sube la bilirrubina

Todas las invocaciones al “nuevo impulso” y a la “nueva configuración de equipos” que de forma tan solemne ha reiterado en el Congreso y en el Senado Fernando Grande Marlaska caen con estrépito por tierra

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska.
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Europa Press

La torpeza del ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, al ver frustrado su intento de acceder al informe que los agentes de la Guardia Civil, activados como policía judicial, habían de rendir a la magistrada del 51, Carmen Rodríguez Medel, se agravó con fiebre alta y subida de la bilirrubina cuando quiso enmascarar el cese del coronel Diego Pérez de los Cobos, que ocupaba la Jefatura de la Comandancia de Madrid. Presentar esa destitución, ocurrida el domingo, día 24 de mayo a las diez de la noche, como resultado de una restructuración que diera un nuevo impulso a la Guardia Civil era por completo inverosímil. ¿Quién puede creerse la milonga de que en la noche de un festivo se hagan ceses para enmarcar dentro de una “nueva conformación de equipos” y se proceda a destituir a un coronel sin designar siquiera a quien haya de tomar el relevo, que sigue pendiente diez días después?

Cuando el encuentro en el aeropuerto de Barajas entre el ministro de Transportes, Movilidad y Ageda Urbana, José Luis Ábalos, y la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, la cuestión no era el encuentro en sí, ocurrido la madrugada del lunes 20 de enero. El interés político residía en la ristra de mentiras sucesivas que fueron encadenándose, con precipitación y alevosía para dar lugar a toda suerte de versiones contradictorias, destinadas a enmascarar lo que acabó sabiéndose. Que todo terminara siendo de conocimiento general era inevitable porque la sala de autoridades y el ingreso en el territorio nacional están bajo control de la Guardia Civil y la Policía Nacional, que procedieron como puede imaginarse a poner a salvo sus responsabilidades.

Ahora, en el cese del coronel Diego Pérez de los Cobos, sucede otro tanto. La lectura del oficio que remite el pasado 24 de mayo la Directora General de la Guardia Civil, María Gámez, al secretario de Estado de Seguridad, Rafael Pérez Ruiz, nos instruye sobre cómo acceden los coroneles al mando de las Comandancias, por ejemplo, a la de Madrid, que es el caso que interesa. Así averiguamos que lo hacen mediante la resolución que les destina, conforme al artículo 84 de la Ley 29/2014, de 28 de noviembre, de Régimen de Personal de la Guardia Civil. También quedamos enterados de que sus ceses han de hacerse de conformidad con lo dispuesto en los apartados 1 y 3 del artículo 83 de esa misma norma legal.

Pero la redacción del oficio de la Directora General, María Gámez, donde propone el cese, que ha llegado a los medios informativos sin que nadie haya objetado su exactitud, además de incluir las referencias legales más arriba señaladas, motiva el cese al indicar que se produce “por no informar del desarrollo de investigaciones y actuaciones de la Guardia Civil, en el marco operativo y de Policía Judicial, con fines de conocimiento”. O sea, que el oficio desmiente de modo frontal todas las negaciones del ministro Marlaska y viene a confirmar su intento de ingerirse en las tareas de la Policía Judicial cuyo conocimiento estaba reservado en exclusiva a la magistrada que había hecho esa encomienda. 

Así, todas las invocaciones al “nuevo impulso” y a la “nueva configuración de equipos” que de forma tan solemne ha reiterado en el Congreso y en el Senado el ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, caen con estrépito por tierra. De manera que el oficio mencionado reconoce de modo paladino que al coronel le pidieron lo que no estaba en su poder y que incluso si lo hubiera estado tampoco habría podido entregarlo a la jerarquía que lo reclamaba puesto que su única destinataria era la magistrada titular del juzgado número 51, sobre cuya actuación cada uno puede reservarse su particular parecer.

Pero, volvamos a la cuestión. Hay una Comandancia de la Guardia Civil, en este caso la de Madrid; a su mando hay un coronel, que resulta ser Diego Pérez de los Cobos; hay una magistrada, la del 51, que pide informes a unos guardias civiles activados como Policía Judicial; y hay unos responsables políticos que sintiéndose defraudados al ver desatendida su pretensión de acceder al informe sufren un calentón con fiebre alta y cesan al coronel en el mando de la Comandancia.

Llegados a este desenlace interesa saber cuanto se pueda sobre las maneras del cese. Recordemos a Talleyrand il-y-a toujour la manière. Conviene precisar que desde el 24 de mayo, fecha del ataque de fiebre ministerial, pasaron dos días hasta la aparición del primer Boletín Oficial de la Guardia Civil, publicación que se edita sólo los martes y que es de acceso reservado, sin que el tan traído cese fuera recogido en sus páginas. Así que, después de reiterados intentos y solicitudes a los directores y directoras de Comunicación del Ministerio del Interior y de la Guardia Civil y del sursum cordaestoy en condiciones de asegurar sobre el cese:

  • - que se ha publicado en la edición correspondiente al 2 de junio;
  • - que lo firma el secretario de Estado de Seguridad, Rafael Pérez Ruiz;
  • - que lleva fecha del 24 de mayo y tendrá efectos a partir del 25;
  • - que lo propone la directora general de la Guardia Civil, María Gámez;
  • - y que, contra esa resolución, que no agota la vía administrativa, el interesado podrá interponer recurso de alzada, ante el ministro del Interior, en el plazo de un mes de conformidad con los artículos 121 y 122 de la Ley 39/2015, de 1 de octubre, del Procedimiento Administrativo Común.

Calculemos con frialdad la probabilidad de que cuando se agote la vía administrativa el interesado interponga el recurso de alzada. Entre tanto, asistamos al espectáculo que brindará el ministro sorprendido en un renuncio quien, a buen seguro, suscitará adhesiones emocionales de los coaligados en el Gobierno -PSOE y Unidas Podemos- a las que se añadirán otras fuerzas del bloque de la investidura. Parecería un caso desesperado, pero sólo para quienes no conocen al presidente. Porque Pedro Sánchez ya tiene la respuesta: la culpa es del PP y agárrense que viene curva peligrosa tiznada de golpismo.  

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