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Juan José Laborda

Opinión

Maniobras de corto horizonte

La comparecencia de Aznar en el Parlamento y el atajo para aprobar los presupuestos son dos muestras de la pérdida de calidad de nuestra democracia

José María Aznar en su comparecencia en el Congreso
José María Aznar en su comparecencia en el Congreso EFE

Esta semana he escuchado a José María Aznar, expresidente del Gobierno y del PP, en la Comisión del Congreso que investiga los casos de corrupción partidaria gracias a que en la red está colgada su intervención, y las de los parlamentarios que le interrogaron.

Efectivamente, Aznar salió indemne de una sesión que los diputados críticos con él creyeron que sería la ocasión de responsabilizarle de la financiación delictiva de su partido. Al terminar la comparecencia, tras más de cuatro horas de una discusión confusa -y deprimente para los espectadores-, Aznar vino a decir algo así como que volvería encantado al Congreso siempre que le ofreciesen las mismas oportunidades para decir lo que dijo el martes de esta semana. Concluyó con una frase que quiso ser su canto de victoria sobre sus burlados e impotentes diputados rivales: “dispuesto a volver y todo”.

Creo que la opinión pública no confía en que el Congreso pueda regenerar la vida política con estas Comisiones de investigación. La opinión pública, pienso yo, sale entristecida de sesiones como ésta, salvo aquellas personas que ya sólo esperan que la política les divierta, un espectáculo que recuerda a los del circo romano, con delincuentes, gladiadores y fieras salvajes que se destrozaban en medio de las carcajadas y los veredictos de un populacho ebrio de vino y de su efímero poder.

La petulante afirmación del expresidente de que estaba “dispuesto a volver y todo” debería estremecer a los que en el PP aspiran a recuperar el voto moderado

El diputado Rufián se ajusta al modelo circense. Su histrionismo fue la principal causa del paseo triunfal del gladiador Aznar. Pero me parece que Aznar no ha salido nada bien después de su comparecencia. El que sea jaleado por los que aborrecen lo que Aznar desprecia políticamente no significa que su palabra tenga alguna autoridad.

No la tenía para Mariano Rajoy, Soraya Saénz de Santamaría y la mayoría de su Gobierno y el PP de entonces,  cuando Aznar les reprochaba su moderación. Carecía de autoridad para Rajoy y sus colaboradores porque las encuestas de opinión señalaban nítidamente que las opiniones de Aznar eran rechazadas mayoritariamente por la opinión pública, y buena parte de los votantes de su partido. Lo que Aznar sostenía en aquellos días, era lo mismo que propalaba el locutor Federico Jiménez Losantos, un agitador de masas desde sus micrófonos y que enervaba a sus seguidores, llamando al presidente del Gobierno “maricomplejines”, un insulto deleznable, que podía significar que Rajoy era un gobernante pusilánime.

Pero tampoco beneficia al PP de Pablo Casado. El que Casado y los principales nuevos dirigentes del PP, Teodoro García y Dolors Montserrat, entre otros, aparecieran identificados con Aznar y su discurso del otro día, es un regalo para los que desean que el PP aparezca con todas las señas de un partido extremista. Se entiende que Aznar saliese encantado de su actuación en el Congreso, pero su petulante afirmación de que estaba “dispuesto a volver y todo”, debería estremecer a los que en el PP  aspiran a recuperar a los votantes moderados y deseosos de que los acuerdos regresen a la vida política, aunque probablemente la frase de Aznar sea sólo chulesca, pues sabe que su figura ya no genera confianza.

La democracia se define porque es el único régimen que legitima el acuerdo y el Gobierno se equivoca queriendo aprobar sus Presupuestos mediante maniobras de corto horizonte

Puede ser una premonición de lo que nos espera en el futuro político inmediato. La dureza desagradable que se escuchó en buena parte de los discursos durante  la comparecencia de Aznar, y la sensación de que la Comisión no llegará a conclusiones válidas para mejorar la confianza en nuestros representantes  elegidos, ha sido un paso más en la dirección de pérdida de calidad de nuestra democracia.

Dejando aparte el estilo demagógico de algunos parlamentarios, esa Comisión es una institución superada desde hace tiempo. El Congreso de los Diputados lleva años y años intentando reformar su reglamento, que es de 1982, con mayoría parlamentaria de la UCD. Las modernas Comisiones parlamentarias de investigación adquieren prestigio si su trabajo investigador es encargado por el Parlamento a expertos profesionales independientes, aunque finalmente la Cámara le otorga el certificado de ser la verdad de la máxima autoridad democrática.

Fue un regreso al pasado lo que dijeron Aznar, Rufián y algunos diputados más en la Comisión, y su inútil violencia verbal vino a coincidir con la condena a Jiménez Losantos por “incitación a la violencia”. El locutor tendrá que pagar una multa de 17.000 euros por amenazar a los alemanes que residen en España cuando Jiménez Losantos  criticó  la resolución de Schleswig-Holstein favorable a Puigdemont.

¿No podemos salir de esta inútil confrontación política? Las dos Cámaras parlamentarias no parece que fueron en esa dirección esta semana. El Gobierno se equivoca queriendo aprobar sus Presupuestos mediante maniobras de corto horizonte. La democracia se define porque es el único régimen que legitima el acuerdo. Y en nuestro caso, el acuerdo y el consenso son inherentes a nuestro sistema político.        



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