Hace un año Madrid estaba sumida en la tragedia con los contagios disparados, los hospitales colapsados y los muertos subiendo más deprisa que los datos oficiales. Pero el de esta semana de marzo no es un aniversario triste, sino luminoso, esperanzador y clarificador de lo que está en juego en estas elecciones llenas de ruido en los medios.

El 21 de marzo del 2020 abría el hospital de campaña en Ifema. El consejero de Sanidad en Madrid, Enrique Ruiz Escudero, ordenó su construcción para drenar el exceso de ingresos en los hospitales madrileños de enfermos por coronavirus. Así, se les proporcionaría una oportunidad de ser atendidos y salvados, creando la mayor red de camas hospitalarias conectadas de Europa. Esta orden, emitida desde la cúspide de la pirámide ejecutiva, se trasladó en cadena a personas como el actual viceconsejero de Salud Pública, Antonio Zapatero; al actual director del Hospital Enfermera Isabel Zendal, Fernando Prados o a Juan José Pérez Blanco, quienes coordinaron aquel milagro y movilizaron, entre otros muchos directivos públicos, a una pluralidad de profesionales del sector público y del privado.

El resultado fue que se logró atender al primer paciente tras 18 horas de trabajo y 35.000 metros cuadrados de instalaciones de camas, tuberías para los respiradores y la logística necesaria para transformar los desangelados pabellones 7 y 8 del recinto ferial en un lugar de emergencia sanitaria. El 1 de mayo, fecha de su clausura, en Ifema se habían atendido alrededor de 5.000 enfermos contagiados por la covid. Fontaneros, ingenieros, miembros de las Fuerzas Armadas, profesionales sanitarios, cocineros, personal de limpieza y un sin fin de entusiastas profesionales se coordinaron como un reloj sin otro objetivo que hacerlo posible. Se convirtieron, sin pretenderlo, en el símbolo que necesitaba un país que quiere salir adelante y es capaz de hacerlo. Eso fue Madrid en Ifema y los ciudadanos no hemos tenido la oportunidad de agradecer todo aquello a los responsables. Aún.

El CNI y los indultos

Mientras esta gesta humanitaria se producía en la Comunidad de Madrid, en las mismas fechas el Gobierno socialista de Pedro Sánchez aprovechaba el primer decreto de estado de alarma para nombrar a Pablo Iglesias miembro del CNI y se apresuraba a reiniciar los plazos administrativos para la tramitación de indultos.

La diferencia en las prioridades de las dos administraciones estaba clara entonces y lo sigue estando ahora. El Gobierno de Pedro Sánchez, con competencia para rescatar empresas con los fondos europeos de recuperación, ha destinado las primeras ayudas a la aerolínea Plus Ultra con 53 millones de euros. O sea, medio Zendal. La empresa con base en Panamá, de directivos próximos al Gobierno chavista de Maduro y Delcy Rodríguez, opera únicamente el 0,03% de los vuelos de nuestro país, la mayoría a Venezuela. Aún así, sin cumplir ninguno de los requisitos del Plan de recuperación, ha recibido el mayor rescate hasta ahora por empleado, 150.000 euros.

Fue objeto de la campaña más atroz y miserable de destrucción por parte de la izquierda, mientras sufría sabotajes dentro de sus instalaciones para evitar que fuese un éxito en su labor de salvar vidas

Un año después, en Madrid, el milagro de Ifema se ha transformado en el Hospital de pandemias Isabel Zendal, un hospital público que es el principal centro de atención covid de la región. Fue objeto de la campaña más atroz y miserable de destrucción por parte de la izquierda, mientras sufría sabotajes dentro de sus instalaciones para evitar que fuese un éxito en su labor de salvar vidas, como lo fue el hospital de campaña de Ifema. ¿Con quién va a sentirse identificado en Madrid alguien con conciencia social, solidaria y de servicios al bien público?

La diferencia no es casual, ni siquiera se debe a la incompetencia de la izquierda en la gestión o a un error en sus prioridades. Si apuran la búsqueda racional de la diferencia, tampoco la ideológica explica en su totalidad el fenómeno. La diferencia de proyectos radica en la ruptura por parte de la izquierda de los valores morales compartidos en una democracia. El Partido Socialista es muy consciente de sus decisiones. No es incompetencia, ni error, se debe al erial moral que representa y pretende sustituir el proyecto de libertad y prosperidad de la Comunidad de Madrid.

Una vez identificado un proyecto político cuya prioridad no son los ciudadanos, como hemos visto en los momentos más trágicos y decisivos, sino el mero ejercicio del poder mediante la aplicación de una ingeniería social para mantener sometida a toda la sociedad , ¿qué debemos hacer?

No se puede hablar con quien tiene otro lenguaje moral, no se puede estar en el Gobierno con quien no comparte los valores mínimos democráticos, a no ser que tú también los hayas abandonado

En una situación de proximidad al abismo, el filósofo y escritor Miguel Ángel Quintana Paz planteaba si debíamos impedir que nuestro modelo de sociedad sea sustituido por otro que supone una enmienda a la totalidad, o si debemos intentar guiar la amenaza de este último, como si fuese un menor de edad, introduciendo algún parche o incluso abrazándolo.

No se le puede explicar a Sánchez que su proyecto es dañino, porque ya lo sabe. La falta de inteligencia política, dejémoslo ahí, puede acabar creyendo que alguien como Hugo Chávez se equivocó en sus decisiones. No se puede hablar con quien tiene otro lenguaje moral, no se puede estar en el Gobierno con quien no comparte los mínimos valores democráticos, a no ser que tú también los hayas abandonado.

Defensa de la democracia

Quizá una mezcla de cobardía, confusión de valores cuando no de ideas, se disfrazan de falsa moderación, palabra del nuevo lenguaje utilizada para mostrar equidistancia con quien está fuera de toda moral democrática. El actual miedo centrista a ser catalogado de derechas por parte de ese desierto moral que es la izquierda en Madrid, es superior a la defensa de la democracia liberal.

¿Qué hubiese sucedido en Madrid si hace un año Isabel Díaz Ayuso se hubiese preocupado más de tener la aprobación de El País y de la izquierda en lugar de volcarse en la construcción del hospital de Ifema y la llegada de 14 aviones con material sanitario? ¿Qué hubiese sucedido en Madrid de haberse identificado política útil con aceptar las decisiones de Sánchez sobre la Comunidad, como hizo Inés Arrimadas?

Esta semana, en el aniversario de la construcción de un hito mundial como fue el Hospital de Ifema, el recinto ferial ha reabierto y reanudado su actividad económica. En las televisiones que recibieron millonarias ayudas del Gobierno durante el confinamiento, 114 millones (un Zendal), no verán documentales ni especiales contando aquello que nos representa como modelo de sociedad. Sálvame se ha convertido en un órgano paralelo a instituciones democráticas como los Juzgados.

Coincido con Quintana Paz en su conclusión sobre la necesidad de defensa como una cuestión de supervivencia. Y las próximas elecciones en Madrid lo son.