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Fernando Díaz Villanueva

Opinión

Macri, en horas bajas

El 2018 ha sido el peor año con diferencia para el mandatario argentino desde que accedió a la presidencia en 2015

Mauricio Macri, en el Palacio de la Moncloa.
Mauricio Macri, en el Palacio de la Moncloa. EFE

Se publicó esta semana una encuesta demoledora para el presidente MauricioMacri. Tres años después de su toma de posesión cunde el desánimo en el país y, especialmente, entre quienes le votaron en 2015. El año que dejamos atrás ha sido el peor con diferencia para el mandatario argentino. La crisis económica se ha agudizado y lo peor es que Macri se ha quedado sin recursos, tanto políticos como dialécticos.

A la vista de los datos su programa gradualista ha fracasado. Ninguno de los grandes desafíos que se propuso al llegar a la Casa Rosada los ha resuelto satisfactoriamente, por lo que muchos argentinos vuelven su mirada hacia candidatospopulistas. El eterno retorno del peronismo del que Argentina no se termina de librar por más que pasen los años.

Macri ganó las elecciones de 2015 en segunda vuelta con un resultado muy ajustado (el 51,3% de los votos) sobre su rival, Daniel Scioli, un peronista que fue vicepresidente de Néstor Kirchner en su primer mandato. Scioli era, por lo demás, un tipo muy popular en Argentina porque de joven se dedicó con gran éxito a la motonáutica, disciplina deportiva en la que se convirtió en campeón del mundo.

La victoria de Macri sobre alguien tan carismático como Scioli se vio como una oportunidad para poner fin al ciclo populista del matrimonio Kirchner y, sobre todo, para arreglar la economía nacional, que yacía en un estado comatoso tras trece años de políticas peronistas. Si bien es cierto que el kirchnerismo propiamente dicho acabó tan pronto como Cristina Fernández abandonó la presidencia, la economía no ha levantado cabeza.

Economía argentina

Esto no es una opinión, es un hecho a tenor del lúgubre panorama que pintan los números macro. La macroeconomía es a veces engañosa, pero nos permite hacernos una idea aproximada de como marcha económicamente un país. Datos como el desempleo, la inflación, el déficit público, la deuda sobre PIB, etc. son extremadamente útiles para hacer un retrato robot de una economía dada.

Macri recibió una herenciaenvenenada. El modelo Kirchner no traía nada novedoso, era una variante moderna del peronismo de siempre, se fundamentaba en mucho gasto público dirigido a clientelizar a amplias capas de la población y en un acusado nacionalismo económico, más propio de los años setenta del siglo pasado que de nuestros globalizados días.

Ese modelo mostró síntomas de agotamiento a comienzos de esta década y para 2015 ya no daba más de sí. Argentina atravesaba una dolorosa estanflación, esa vieja maldición en la que se combinan altas tasas de inflación con estancamiento del PIB, el peor de los escenarios posibles, una droga amarga que EEUU y Europa probaron tras la crisis del petróleo.

El fracaso de Macri

El presidente electo estaba llamado a solucionar aquello, pero ha fracasado. De su trienio sólo un ejercicio, el de 2017, se saldó con crecimiento económico, pero ni siquiera era crecimiento real, el PIB aumentó sí, pero gracias al incremento de la deudapública, que ha pasado del 56% al 70%. Tampoco ha sabido poner coto a la inflación. Se la encontró en el entorno del 40% anual y no ha conseguido bajarla del 25% en ningún momento. De hecho, tras el recorte de 2017, se ha vuelto a disparar con fuerza y este año cerrará en niveles kirchneristas por encima del 40%.

Con el Estado preso de las deudas y en manos del FMI todo lo que cabía esperar era una severa contracción de la economía, que es exactamente lo que ha sucedido este año y que promete prolongarse en el año próximo. El margen de maniobra que tiene Macri es, además, muy reducido. Todo se ha torcido en el país. Caen a plomo la construcción, la producción industrial, el comercio, la venta de automóviles, la Bolsa de Buenos Aires y la recaudación fiscal. El propio FMI, que había estimado hace poco más de un año una recuperación económica que cifró en un crecimiento del PIB del 3,2%, se ha desdicho y ahora afirma que la economía decrecerá casi un 2% en pleno año electoral.

Con el Estado preso de las deudas y en manos del FMI todo lo que cabía esperar era una severa contracción de la economía, que es exactamente lo que ha sucedido este año y que promete prolongarse en el año próximo

No es extraño, por lo tanto, que el panorama que dibuja la encuesta de esta semana sea tan aterrador para el presidente. Según se extrae de este sondeo Macri ganaría en primera vuelta, pero caería derrotado en segunda frente al candidato peronista SergioMassa que previsiblemente movilizará los votos del kirchnerismo.

Un pronóstico comprensible si se tienen en cuenta otros resultados del sondeo. Un 57% de los encuestados cree que su situación personal era mejor con Cristina, un 54% considera que el país iba mejor con los Kirchner y un 67% está convencido de que la inflación estaba mejor controlada con la anterior presidenta. Y el dato definitivo: seis de cada diez argentinos reprueban la gestión económica de Macri, lo que nos permite hacernos una idea de lo desgastada que está la imagen del presidente en sólo tres años de Gobierno.

Es plausible que este rechazo se intensifique en los próximos meses porque Macri no sabe muy bien como salir de este bucle diabólico de crisis y descrédito. Tampoco le queda tiempo. En diez meses no puede enderezar el rumbo por lo que todo lo más que le queda es confiar en la buena fortuna, esperar a que el viento cambie por puro azar: una extraordinaria cosecha, un tirón de las exportaciones o que el peronismo y su pulsión autodestructiva le echen una mano en el último momento.

Lo que ha perdido es la iniciativa. Ha dejado las finanzas públicas al albur del FMI y su suerte política atada a la volubilidad de las circunstancias. No será porque no se lo advirtieron. La Argentina de 2015 era un enfermo al que le hacía falta un trasplante urgente de corazón, no un simple marcapasos. ¿Por qué no lo hizo? Seguramente porque Macri no era el candidato regenerador que muchos de sus votantes esperaban. Durante su mandato como jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires subió los impuestos, recreció la regulación e incrementó el tamaño de la administración local. Nada diferente ha hecho al frente del Gobiernonacional.

Su propia biografía tampoco invitaba al optimismo. En los tiempos en los que presidía Boca Juniors era un empresario muy cercano al justicialismo, especialmente al expresidente Menem, quien le ofreció presentarse como candidato peronista. Pero eso ya se había olvidado en 2015. Era lo que había y lo que había ha terminado siendo malo.

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