A todos los ministros que han salido del Gobierno en la remodelación de la semana pasada les suministraron como paliativo una copia del soneto teológico de Agustín García Calvo que comienza: “Enorgullécete de tu fracaso/ que sugiere lo limpio de la empresa:/ luz que medra en la noche, más espesa/ hace la sombra, y más durable acaso”. Porque sucede que ninguno de ellos cuando fue nombrado puso en duda los méritos que le adornaban para ser encumbrado, pero llegada la hora de la destitución, tampoco ninguno entendía la causa que había podido precipitar su cese, cuando tanto les quedaba por hacer y cuando tanto y tan bravamente se habían batido en favor del presidente Sánchez. El caso es que el presidente, exceptuado el todopoderoso gurú Iván Redondo, a quien prefirió ignorar en el vals de los adioses dedicándole un estruendoso silencio, se afanó en elogiar a todos los demás salientes, mencionándolos, uno por uno, con elogios generosos a su esforzadas tareas a lo largo de su comparecencia sin preguntas, en modo plasma, en Moncloa para dar cuenta de los cambios

De modo que el presidente Sánchez funcionaba como La luz en la oscuridad (véase el libro con ese mismo título de Heino Falcke. Editorial Debate. Barcelona, 2021), en medio de tantas asechanzas como le lanza una derecha que no le comprende; unos aliados parlamentarios que se complacen en zaherirle sin reconocimiento alguno a sus ejercicios de aproximación con indultos, cambios en el código penal, dádivas económicas y otras golosinas que reciben impávidos sus beneficiarios; y unos coaligados de Unidas Podemos y otros afines asimilables, dispuestos a apropiarse de todos los méritos consignados en la hoja de servicio del Gobierno, dejando para los compañeros socialistas la escoria de la resistencia a las necesidades de la gente sin más sintonía que para las conveniencias de la casta. Pero, como ha escrito Heino Falcke en su libro donde trata de los agujeros negros, la clave de todo está en la comprensión precisa de las extrañas propiedades de la luz, que está íntimamente ligada al tiempo, la gravedad y el espacio. Así que yendo de Newton, padre primigenio de la teoría de la gravedad para quien la luz estaba compuesta por pequeños corpúsculos, a Maxwell que, basándose en los trabajos pioneros de Faraday, desarrolló la teoría de que la luz y todas las formas de radiación son ondas electromagnéticas que se propagan siempre a una velocidad constante en el espacio vacío, con independencia de la velocidad del receptor o del emisor. 

Mientras nadie puede adelantar su propia luz, quien circula cada vez más rápido puede adelantar a su propio ruido

Concluyamos, la luz, vinculada a la inteligibilidad, se opone a las tinieblas, es decir, al modo de la oscuridad. Pero sabemos que mientras nadie puede adelantar su propia luz, quien circula cada vez más rápido puede adelantar a su propio ruido y romper la barrera del sonido generando un estallido porque muchos de sus tonos alcanzan al oyente al mismo tiempo, como tienen experimentado los pilotos de los aviones a reacción. El principio enunciado en la viñeta de El Roto (véase El País del 30 de abril de 2021) según el cual Lo esencial de los argumentos son los decibelios y la ruptura de la barrera del sonido explican el cese del Secretario de Estado de Comunicación Miguel Ángel Oliver. Mientras, deberíamos aplicarnos a la Conferencia sobre el Futuro de Europa de la mano de María Zambrano (véase su libro Dictados y sentencias. Edhasa, Barcelona 1999) para quien ir a descubrir Europa es ir a descubrir lo que en ella nos resulta irrenunciable, encontrar sus ejes, sus principios, el armazón que ha hecho posible su crecimiento y plenitud. Y el próximo día hablaremos de la función clorofílica. Vale.