Nunca un eslogan publicitario se basó en el entorno político y social para perseguir el éxito como el utilizado por aquel sombrerero madrileño de la castiza calle Montera en los primeros años del franquismo. Sin duda, exteriorizar en aquella época su antagonismo con el rojerío no resultaba inútil. Y el eslogan elegido invitaba a utilizar una especie de salvoconducto -el sombrero- con un claro propósito: Que, siendo o no cierto, los demás creyeran que el usuario no había sido y/o no era rojo.

Pasados tres cuartos de siglo, nuestros partidos políticos parecen seguir la recomendación implícita en la táctica publicitaria empleada por aquel comerciante, aunque lo hagan faltando a la verdad.

Empezando por el ejemplo más reciente. Resulta obsceno que, en aras de ganar la batalla interna del independentismo catalán, el partido de Oriol Junqueras se haya puesto como barretina su incompatibilidad con el PSOE, siendo público y notorio que el grupo parlamentario liderado por Rufián constituye el principal apoyo externo con el que cuenta el gobierno de Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados. La pretendida barretina anti PSOE se deja aparcada en los leones.

Dormir con Podemos

Retrocedemos un poco. Es fácil recordar que en el interregno de las dos campañas electorales de 2.019 Pedro Sánchez declaró majestuosamente que nunca pactaría con Bildu. O que, apesadumbrado, confesó que le quitaría el sueño ver a Pablo Iglesias sentado en el Consejo de Ministros. Al ponerse los gorros anti Bildu y anti Podemos respectivamente, el entonces candidato a la presidencia del Gobierno quiso tranquilizar a una buena parte de la sociedad española: él no bailaría ni con unos ni con otros. Poco tiempo tardó en tirar ambos gorros a la basura. Ahora vemos como, abrazado a Podemos y Bildu, Pedro Sánchez tararea la canción de Sergio Dalma: “Bailar pegados es baliar …”.

Un día si y otro también los podemitas embisten a diestra y siniestra con el arma de la corrupción, azote nacional del que España no parece capaz de librarse. Usando en público una boina anti corrupción pretenden hacernos creer que ellos son la única esperanza de un futuro honesto en la política española. Eso sí, en privado y cuando han empezado a tocar el cielo que querían conquistar, los correligionarios de Pablo Iglesias guardan la boina en el ropero. Todo apunta a que, recibido el dinero de las subvenciones para gastos electorales, los morados han corrido a guardarlo en su monedero.

Nunca fue mas cierto que cuando llueve, todos se mojan. Y así, en el debate de la moción de censura presentada por Vox, Pablo Casado no dudó en cubrirse la cabeza con el sombrero utilizado a diario por toda nuestra izquierda política para estigmatizar al partido de Santiago Abascal. Y lo que resultó aún menos edificante, para distanciarse personalmente de quien sufrió de manera digna y combativa la crueldad del terrorismo de ETA, antecedente y embrión de Bildu. Sin embargo, es evidente que en los ayuntamientos y gobiernos autonómicos presididos con el apoyo del nuevo partido, los líderes del PP no utilizan el sombrero anti Vox que lució Casado en el Congreso de los Diputados.

Todo este poner y quitar de barretinas, gorros, boinas y sombreros que realizan nuestros políticos según cada momento y lugar no es sino un intento grosero de engañar a la sociedad. Lo hacen con impunidad porque, hasta ahora, en la política española mentir suele resultar gratis. Pocos son los casos en los que un político haya perdido su carrera por ser descubierto en una mentira o en un engaño. En esto nos diferenciamos de los países con mas tradición democrática. Quiera Dios que sea por poco tiempo.