Y algo habrá que hacer con nosotros. Quienes tras décadas de propaganda, amenazas, intimidación social, corrupción institucionalizada, listas negras y ostracismo laboral no nos hemos plegado al mantra separatista somos refractarios y, por tanto, elementos anómalos en esa Cataluña de referéndums, delincuentes absueltos y terroristas rampantes. No han conseguido que nos hagamos de su secta y eso lo tenemos que pagar tarde o temprano. Aquí no vale aquello de que quien se mueva no sale en la foto; lo del separatismo va más allá, el que se mueve no es digno de salir ni en la foto ni es digno de nada porque es ajeno al corpus nacional, al Volk catalán. Los disidentes que, paradójicamente, somos más que ellos, estamos condenados a ser elementos que hay que apartar de la sociedad etnocéntrica que está a punto de acabar por imponerse en esta tierra.

Incluso los separatistas que mantengan cierta distancia crítica con los dirigentes pueden acabar en esa masa sobrante, cuidado. Para ser aceptado en ella no tan solo hay que aceptar como dogma de fe todos los argumentos pseudo históricos, sociales o políticos de quienes han ido construyendo el mito a lo largo de siglos, que la cosa empezó en el XIX, no lo olviden. Existe, además, otra cualidad básica para obtener el Ausweiss de buen catalán: la obediencia. No se trata de obediencia a una idea sino de fidelidad al líder, al enviado por el destino que ejerce como demiurgo intermediador entre la sustancia del pueblo y su horizonte final. En su momento ese rol lo encarnó Jordi Pujol. Tras él, Artur Mas ocupó de manera menos carismática el papel. Ahora la disputa es entre Junqueras y Puigdemont, seres mesiánicos, capaces de hundir a su tierra si con ello colman su sed de gloria.

Los discrepantes, los que sobramos, los que no vemos esa basura propagandística de TV3, vamos a ser considerados elementos sobrantes, elementos perturbadores de esa falsa paz social que Sánchez se jacta de haber obtenido

Naturalmente, todo este escenario que Sánchez ha dado como bueno con los indultos y que ya se perfila como el segundo acto de violencias callejeras, matonismo político y deshumanización del adversario no está pensado para que circulemos por él quienes estamos en contra. Nadie que tenga como código moral el respeto a la ley, a la convivencia, a las instituciones, a la constitución, a España, a la igualdad entre sus ciudadanos y que se muestre enérgicamente en contra del fascismo catalán va a tener siquiera un rinconcito. No es que hasta ahora hayamos podido disfrutar de mucho. Se nos permitía existir aunque se hubiese dictado en contra nuestra la muerte civil. Mucho me temo que, a partir de los indultos, el separatismo va a crecerse y a hacer cosas que hasta ahora no había osado. No se sentirán satisfechos con solo eso. Los discrepantes, los que sobramos, los que no vemos esa basura propagandística de TV3 ni nos importa qué o dice o qué deja de decir Rahola, vamos a ser considerados elementos sobrantes, elementos perturbadores de esa falsa paz social que Sánchez se jacta de haber obtenido, cuando lo único que ha hecho es rendirse cobardemente ante el golpismo de los señoritos.

Como sea que no pienso huir porque me pilla mayor y con pocas ganas de convertirme en desertor, siento una enorme curiosidad acerca de qué solución piensan darnos a los que sobramos

Somos sobrantes, perturbadores y, para redondear el asunto, molestos. Molestos para el socialismo felón, del que muchos provenimos y al que por ese motivo conocemos tan bien; sobrantes para los ávida dólar del separatismo, para sus historiadores de pacotilla, sus políticos de vuelo gallináceo y sus delincuentes de cóctel y termita; molestamos a los próceres económicos, que lo único que buscan es su beneficio a riesgo de perder en ello hacienda y alma, si es que la tuvieron algún día; molestos para una parte del clero, que sonríe beatíficamente asintiendo ante quienes desearían ver arder los templos hasta los cimientos. Somos molestos y andamos estorbando, y cada día que pase les resultaremos más y más incómodos porque les recordamos que ellos no son la mayoría ni tienen la razón.

Como sea que no pienso huir porque me pilla mayor y con pocas ganas de convertirme en desertor, siento una enorme curiosidad acerca de qué solución piensan darnos a los que sobramos. Espero que tengan el coraje de decirlo en voz alta y públicamente. Mr refiero a los mandamases, que los sicarios que te envían a diario ya lo explicitan “Foteu el camp, botiflers!”. He ahí la cosa.