El otro día dije que la gran burguesía catalana había sido muy cobarde, cuando no cómplice, del procés. Me equivoqué en los tiempos verbales. La conjugación correcta es el presente. Siguen siendo cobardones, bienquedas y buscan ese roce de piececitos por debajo de la mesa con el político de turno. Que manía con poner caritas a los que hoy están y mañana no. Es la economía la que mueve el mundo y hace que la gente viva peor o mejor. Es el mercado quien crea empleo, son las empresas quienes crean empleo y prosperidad. Cuando el mundo económico se supedita a los despachos oficiales la ruina es segura.

Me cuesta aceptar que el Círculo de Economía se pliegue a esa cosa tan catalana como es el Parlem-ne, hablemos, porque no se puede hablar con quien no quiere escuchar. El error de base de estas jornadas es ese pecado capital del dinero catalán, pensar que entre caballeros no van a hacerse daño. ¿Nadie entre estos próceres recuerda que hemos tenido a un consejero de economía, Junqueras, que negaba que las empresas huyeran por culpa del separatismo, que dijo que si se iban mucho mejor, porque así nos quitábamos de encima a una colla de traidores, que el rey instaba a las grandes firmas a que cogieran las de Villadiego? ¿Nadie? ¿Ninguno? ¿Qué carajo quieren hablar con éstos? Hablo del señor al que el actual presidente de la Generalidad admira tanto que va a clocarlo en la mal llamada mesa de diálogo con el Gobierno español. El mismo presidente que no quiere cenar con el monarca pero dice que se verá con él un ratito antes. No se puede ser más ridículo. O más cínico.

Digámoslo con claridad: estas jornadas van más de escenificar lo buenos que son Pedro Sánchez y su propuesta de indultos que de hablar en serio acerca de como se resucita un territorio que ha perdido más de 7.000 empresas, que optaron por marcharse a otro sitio donde el índice de tontos por metro cuadrado fuese más razonable. Ni les cuento acerca de los comercios y negocios que han bajado la persiana o la legión de autónomos que se han dado de baja. Esa economía real es la que interesa activar para que comience a producirse la recuperación. Sin ayudas a fondo perdido, sin bajadas de impuestos, sin flexibilización a la hora de contratar empleados, sin quitas a los pequeños empresarios de sus deudas con hacienda, sin bajar impuestos autonómicos, no hay manera de salir adelante.

Sin ayudas a fondo perdido, sin bajadas de impuestos, sin flexibilización a la hora de contratar empleados, sin quitas a los pequeños empresarios de sus deudas con hacienda, sin bajar impuestos autonómicos, no hay manera de salir adelante.

Está muy bien traerse a un sabio del MIT para que dicte una conferencia o darle un premio a Mario Draghi, está más que bien invitar al Rey y organizar una mesa redonda con líderes autonómicos tanto del PP como del PSOE, está muy bien lo que ustedes quieran. Pero decir que Madrid “no sea una aspiradora de recursos” y defender ese nebuloso proyecto de una España plural, periférica y que se refunde el régimen del 78 es una barbaridad, máxime si sale de empresarios que están en el Ibex. Es puro sanchismo.

Uno se pregunta qué puede tejerse con tales mimbres y la respuesta es: nada. Anda la clase empresarial con los dedos que se les vuelven huéspedes ante la lluvia de billetes que está a punto de caer por parte de Europa, si Dios y la señora Von der Leyden no dicen lo contrario. Mi duda es si estos próceres, acostumbrados al “cúmplase” pujolista y a depender de la gracia del mandamás, sabrán generar proyectos para que ese caudal de millones se vehicule con el fin de crear riqueza, prosperidad, infraestructuras. Ciento cuarenta mil kilos. Nada menos. Y lo que veo es a Pere Navarro, a Collboni, a Sánchez, a Ximo Puig, a Francina Armengol, a Esquerra y, no se lo pierdan, a aquel Mas Collell consejero de economía de Artur Mas, el que decía que España se iba a enterar, poniendo cara de bonico desde el mismo Círculo.

Ojalá me equivoque, pero con ese continuo buscar la cuadratura del círculo, el ídem de economía puede acabar haciendo un pan como unas hostias.