En el último año, los planes de pensiones han asistido a un juicio de valor constante sobre su validez como instrumento de ahorro para la jubilación. La reciente reforma fiscal sobre las aportaciones a estos productos, que se ha reducido de un máximo anual de 8.000€ a 2.000€ por partícipe, ha afectado directamente a uno de los principales incentivos que tenemos los españoles para ahorrar a través de este tipo de productos, y sustancialmente a la cantidad que vamos a poder tener ahorrada en ellos cuando nos jubilemos.

Pero, precisamente, en los meses en los que más se han cuestionado, han registrado uno de sus mejores momentos en lo que a rentabilidad se refiere. Una variable menos tangible, que se suele dejar en un segundo plano, pero real si pensamos en el largo plazo y combinamos el tiempo y el ahorro periódico, que es precisamente el objetivo que persiguen estos productos.

Según los últimos datos publicados por Inverco, los planes de pensiones continúan registrando una rentabilidad media anual del 3,1%; y en el medio plazo del 3,4%. Además, han presentado rentabilidades positivas en todos los periodos, sobre todo a un año, donde llegan a alcanzar el 12,8%. Y si observamos los planes de pensiones que invierten en renta variable, vemos que continúan ofreciendo retornos muy elevados que llegan a alcanzar el 9,6% a los cinco años y el 33,8% en un año.

Es cierto que su atractivo en materia de incentivo fiscal se ha reducido, pero ¿eso significa que no continúen siendo un buen instrumento de ahorro? Quizá la clave está en pensar en que el ahorro para la jubilación se construye poco a poco, con un esfuerzo periodificado en función de la situación personal de cada uno y enfocándolo como un complemento necesario para nuestra pensión futura.

Por qué seguir invirtiendo en planes de pensiones

En el actual contexto, con una esperanza de vida de las más altas de Europa y una edad media de jubilación de 67 años que aumenta el tiempo que somos pensionistas, convierte el ahorro para esta etapa casi en una obligación. Y los españoles somos conscientes de ello. De hecho, en este contexto al que también se suma la incertidumbre económica provocada por la crisis, la jubilación continúa siendo una de las principales preocupaciones de los ciudadanos que, según los últimos datos del CIS, ha registrado su máximo histórico (15,8%).

Además, aunque la realidad sobre la jubilación no haya cambiado, la oportunidad de rentabilizar nuestros ahorros se ha hecho más patente este año, en el que la hucha de los españoles ha experimentado un crecimiento significativo.

Según el INE, en 2020 se ha disparado, alcanzando en 2020 el 14,8% de la renta disponible, 8,5 puntos por encima de la 2019. Y este puede ser uno de los principales incentivos para ir ahorrando con un producto cuya máxima es la constancia para llegar a nuestro objetivo. No es necesario invertir grandes cantidades, pero sí es importante fijarse referencias para asegurar un retiro tranquilo. Por ejemplo, la OCDE estima que una pensión debe equivaler al menos al 70% del último sueldo para garantizar el nivel de vida en el momento de la jubilación.

Además, el hecho de aportar periódicamente ayuda a por un lado sistematizar el ahorro y por otro, reducir el esfuerzo de inversión, ya que permite hacerlo con importes más bajos y disfrutar de las bondades del interés compuesto, sacando el máximo partido a esos ahorros.

Si combinamos esta preocupación por el sistema público, la rentabilidad, la flexibilidad y las ventajas fiscales que aún mantienen, los planes de pensiones siguen siendo una buena herramienta para el ahorro a largo plazo y para tener ese colchón privado que complemente la pensión pública el día de mañana.

Enrique Rodríguez Balsón, responsable de Planes de Pensiones y Ahorro de ING