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Gabriel Sanz

Opinión

La izquierda impotente

Pablo Iglesias, la pasada semana durante la presentación de la moción de censura de Unidos Podemos.
Pablo Iglesias, la pasada semana durante la presentación de la moción de censura de Unidos Podemos. EFE

Opinaba este domingo el filósofo francés Bernard-Henri Lévy que, de tanta equidistancia estratégica, de tanto esfuerzo por dar entender que un liberal (Macron) es lo mismo que un fascista (Le Pen), el izquierdista Jean Luc Mélenchon "corre el peligro de demostrar que entre él y Le Pen tampoco hay muchas diferencias".

España no enfrenta la urgencia democrática del país vecino en su segunda vuelta de las elecciones presidenciales, pero sí una sorprendente moción de censura del tercer partido, Podemos, que va de eso, de intentar demostrar que los dos primeros, PP y PSOE, son lo mismo; y, si para algo va a servir, es para demostrar la impotencia de la izquierda, toda, a la hora de desalojar del poder a la derecha más desprestigiada de los últimos 30 años. No hay más que ver la ironía con la que el 'censurado', Mariano Rajoy, despachó el asunto el sábado desde Bruselas.

Algo emparenta a Jean Luc Mélenchon con Pablo Iglesias, Alexis Tsipras o, en el pasado, con Julio Anguita y su 'teoría de las dos orillas', el afán desmedido por demostrar que la socialdemocracia se equivocó en los 70 del pasado siglo apostando en su 'Bad Godesberg' colectivo por un sistema que, sí, ha traído desigualdad, corrupción a raudales... pero también unos niveles de renta y bienestar a sus clases populares nunca conocidos en el continente, no digamos en España -todavía 23.200 euros en 2016 después de una década de criáis-.

Nuestro Mélenchon (Iglesias) no ha dudado en utilizar el arma parlamentaria más potente -y más peligrosa para quien la maneja sin precaución, que se lo pregunten a Antonio Hernández Mancha- contra un imaginario Le Pen (Rajoy). Su desalojo del poder vendría a ser algo así como un imperativo ético tras la 'operación Lezo' que ha llevado a Ignacio González a dar con sus huesos en la cárcel. Pero lo ha hecho el líder morado sin encomendarse al PSOE (85 diputados) siquiera para negociar una abstención como para no convertir el intento en un simulacro de 70 escuálidos votos de los diputados de Unidos Podemos y algún añadido (ERC).

¿Qué programa de gobierno defenderá Pablo Iglesias cuando suba a la tribuna de oradores del Congreso, el aumento de gasto en 19.200 millones de euros que defiende en sus presupuestos alternativos y del que la Comisión Europea no quiere oír hablar? ¿De verdad quiere para su país el 'modelo Tsipras' que acabó donde acabó tras el verano de pasión griego de 2015? ¿En serio pretende recuperar la figura del insumiso ministro Varoufakis, hoy un apestado en las cancillerías europeas?

Parafraseando a Henri Lévy, Iglesias y los suyos "corren el peligro" de que la mayoría de los españoles piense que tanto desgaste a quién acabará reforzando es a un Rajoy que podrá disfrutar viendo desde la bancada azul del Gobierno como las dos izquierdas españolas se despedazan en un ejercicio de narcisismo impagable.



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