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Miquel Giménez

Opinión

La injuria y la verdad

Esquerra ha iniciado una campaña denominada “Yo injurio a la Corona”. Por el contrario, yo solo diré cosas ciertas

Pere Aragonès.
Pere Aragonès. Europa Press

Según la RAE, la definición de injuria es la de agravio, ultraje de obra o de palabra, hecho o dicho contra razón y justicia, daño o incomodidad que causa algo o delito o falta consistente en la imputación de u hecho o cualidad en menoscabo de su fama o estimación. Pero si a los herederos de Companys no les tembló el pulso a la hora de pretender implantar su dictadura estelada vulnerando todas las leyes, igual que a sus predecesores tampoco les tembló el dedo a la hora de apretar el gatillo cuando daban el paseo o cuando fusilaban, mucho menos ha de impresionarles vomitar su odio en contra de la figura del Rey.

Pretenden, dicen, que se despenalice la figura de ataques a la Corona del Código Penal porque argumentan que no puede criticarse al jefe del Estado y tal cosa es inadmisible en un estado democrático. Confunden tanto las coas que no diferencian entre criticar e injuriar. Es decir, pretenden mostrarse ante sus sicofantas como unos héroes cuando convocan plenos para ciscarse en los Borbones o el vicepresidente Aragonés declara que la institución monárquica “está absolutamente corrupta y absolutamente cuestionada”. Están diciendo: “Nos jugamos la libertad, qué digo la libertad, la vida y la hacienda”. Pero como el desahogo se les queda corto, pretenden difamar directamente al rey sin que se les pueda pedir cuentas legales. Lo que se dice una ley de Lynch a medida. Yo cuelgo a este, que no me gusta, pero tú no te metas conmigo que te ahorco también. Insistimos, es su pasado chequista que se cree con derecho a ir acribillando a balazos a quien no piensa como tú. Y menos mal que estos son los del amor.

Debería Aragonés recordar que la peor checa barcelonesa, situada en la iglesia de Sant Elíes, estaba controlaba por su partido y que el 'responsable', un psicópata apodado El Jorobado, se deleitaba en violar y torturar a monjas"

Aragonés, nieto de alcalde franquista, de familia muy acomodada, debería estar satisfecho con esa Justicia española que, hace pocos días, archivaba una investigación sobre él precisamente por un delito de injurias a la Corona. Ojalá los que tuvieron que apelar a los Tribunales Populares de Samblancat durante la guerra hubieran tenido la misma suerte. Ese individuo, que militó en Esquerra para pasarse después a Extrema Esquerra Republicana, fue el primer presidente de la oficina jurídica creada en agosto de 1936 en Barcelona, para formar parte después del siniestro Tribunal Popular Especial. Y qué decir del President Màrtir, Companys, también de Esquerra, a quien anualmente van a rendir tributo nacionalistas y socialistas.

Creó por decreto el Comité Central de Milicias Antifascistas que asesinó a millares de catalanes, entre ocho y nueve mil, porque a muchos les arrebataron la vida en oscuros caminos o lóbregos subterráneos y no se sabe dónde yacen. ¿Les suena, adalides de la memoria histórica? Cayeron, entre muchos, doscientos periodistas, una veintena de poetas, medio centenar de funcionarios municipales barceloneses, numerosos socios del Barça, más de doscientos militares, aristócratas, comerciantes e incluso un centenar de militantes de Esquerra a los que Companys creyó oportuno suprimir. De la persecución religiosa – ¡qué dirían aquellos hombres y mujeres asesinados por su catolicismo si vieran a Junqueras acudiendo a misa en la cárcel! – sería un no acabar.

Toda la miseria moral de una horda de criminales desatada contra seres humanos que solo habían cometido el crimen de ser creyentes, de tener un crucifijo en sus casas. Debería Aragonés recordar que la peor checa barcelonesa, situada en la iglesia de Sant Elíes, estaba controlaba por su partido y que el “responsable”, un psicópata apodado El Jorobado, se deleitaba en violar y torturar a monjas para, después, colgarlas de un gancho del techo, rajarlas de arriba abajo y echar sus cadáveres a una piara de cerdos. Visité de joven aquellos locales situados en los bajos del templo cuando el rector era el padre Vilamala y pude conocer de primera mano la pesadilla que se vivió allí, viendo con mi propios ojos el gancho.

Ignoro si Aragonés, con quien el Gobierno de España quiere sentarse a negociar, conseguirá sus fines, pero de una cosa estoy seguro. Tiene mucha suerte de que la justicia actual en España no tenga nada que ver con la que administraba su partido en la retaguardia republicana. Pregunte a su abuelo. Y sepan que en este artículo no hay ni una sola injuria. Solo hechos históricos. El insulto es superfluo cuando esgrimes la verdad.

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