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Antonio Sanchidrián

Opinión

Inés Arrimadas y la teoría del caos

Inés Arrimadas, en una videoconferencia con periodistas.
Inés Arrimadas, en una videoconferencia con periodistas.

“Pequeñas variaciones en unas condiciones iniciales pueden implicar grandes diferencias en el comportamiento futuro, haciendo complicada la predicción a largo plazo”. He aquí una definición simple de la teoría del caos. Una tesis perfectamente aplicable a la política española de esta hora: una pequeña variación (Ciudadanos vota sí a la prórroga del estado de alarma) augura consecuencias imprevisibles. Nadie puede saber si la maniobra de Inés Arrimadas será determinante en el desarrollo de esta extraña legislatura, si saltarán por los aires gobiernos autonómicos –atención, Madrid- o si el propio partido naranja resistirá el volantazo. En definitiva, si la nueva relación PSOE-Ciudadanos es el principio de una gran amistad o –sin salir de Casablanca-  se queda en un affaire tipo “el mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos”.

El pasado sábado, nuestro engolado robot presidencial dividió a los españoles. No en buenos y malos, ni casposamente en rojos y azules. Sánchez trazó una divisoria entre quienes pensaban, como él, que no había plan B y quienes consideraban que se debían abrir otros caminos una vez sobrepasada la fase aguda de la crisis sanitaria. Arrimadas estaba en primer grupo, Moncloa detectó la debilidad y levantó el teléfono rojo 17 días después. Y obtuvo en una horas el aval preciso para continuar bajo el paraguas del estado de alarma. Ciudadanos abandona la zona de confort, quiere ser aliado preferente como revela Jorge Sáinz en su crónica de este miércoles en Vozpópuli. Audaz o suicida, se sube al carro del sí con sus demonios políticos –Podemos y PNV- para tratar de condicionar al gobierno y desmarcarse de los balbuceos políticos de Casado, de la terca inmovilidad de Vox y de los egoísmos atávicos del nacionalismo catalán.

¿Qué precio pagará Arrimadas? ¿Logrará impulsar a Ciudadanos en unas próximas elecciones? No es desdeñable la tormenta política desatada en el seno de Ciudadanos. La doble alma del partido se mostró de inmediato de manera descarnada: aplausos inmediatos de Toni Roldán y Francisco Igea, airadas rupturas de carné por parte de Juan Carlos Girauta y Carina Mejías. Desde la derecha se asegura que Ciudadanos ha firmado su sentencia de muerte, mientras que la izquierda, de manera cursi y después de tantos palos, pondera la manera de Arrimadas de “hacer política”. Pero atención que en sectores de Podemos, como relata Luca Costantini, estos tratos de Sánchez con Arrimadas equivalen a tragarse varios sapos y no son pocos los recelos que despiertan en el entorno de Iglesias.

En suma, Ciudadanos consiente que su futuro político pivote sobre la palabra de Pedro Sánchez, el más volátil de los valores que cotizan en la política española. Fiarse de Sánchez es mucho fiarse, demasiado. He ahí el auténtico riesgo de la operación de vuelta al centro de Ciudadanos. Arrimadas triunfará si logra condicionar realmente la política del gobierno plasmando las generalidades firmadas en hechos reales. Si influye para acortar el estado de alarma y lograr que las ayudas económicas prometidas por el ejecutivo continúen mas allá de este tiempo excepcional. Y caerá con todo el equipo si se deja burlar por un gobierno de expertos en trucos de magia y escapismo. Y, entonces, el caos se cernirá muy directamente sobre su figura política y sobre Ciudadanos por extensión.

 (Y ahora sí. ¿Escuchan eso? Es el silencio. El silencio de Albert Rivera)

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