Suelen recurrir los tiranos al gatopardismo para salvar el pescuezo en momentos de debilidad. Es una técnica ancestral que obliga a abusar de la propaganda, pues su objetivo es convencer a la sociedad de que el agua estancada, en realidad, fluye de forma constante. Pedro Sánchez ha justificado este lunes los indultos a los nueve líderes independentistas en la necesidad de avanzar en la resolución de un conflicto político, pero su argumento es falaz. Porque la medida no frenará las ansias de ruptura del país de los condenados ni contribuirá a acercar las posturas, como sugería el domingo Oriol Junqueras. Al revés, enquistará (y agravará) una situación que no es posible resolver con diálogo, pues una de las partes no lo quiere. He aquí una ciénaga que quieren que veamos como una fuente.

Todo el discurso del presidente es un enorme engaño, pues Sánchez sabe bien lo que pasa por la cabeza de los independentistas, dado que, en realidad, sigue la misma estrategia desde hace mucho tiempo. Consiste en disfrazarse de falso profeta y prometer un futuro esplendoroso, ante la inconsistencia del presente. La independencia es la 'tierra prometida', del mismo modo que los fondos europeos son el 'cáliz de salvación'. Tanto en la Generalitat como en Moncloa son conscientes de que el análisis objetivo de los acontecimientos les perjudicaría, de ahí que lancen martingalas para mantenerse en el poder, que es su gran objetivo.

Recurren una y otra vez al engaño -y a insuflar falsas esperanzas- y lo hacen sin pudor, pues confían en su capacidad para enmascarar la dura realidad con fuertes dosis de propaganda. No es casualidad que en el patio de butacas del Liceo de Barcelona estuviera sentado este lunes Javier Godó, el empresario mediático que más dinero público ha ingresado de la Generalitat durante el procés y hoy convertido en uno de los más fieles aliados de Moncloa. Cuando vienen mal dadas o cuando se tiene un objetivo cuestionable, uno ha de saber a quién recurrir.

Pedro Sánchez y los indultos

Pese a que el discurso de Sánchez quiera convencer a los ciudadanos de lo contrario, estos indultos no abren un tiempo de concordia y diálogo. Prueba de ello es que ningún rostro relevante del independentismo ha acudido al acto del Liceo y que, en el exterior del auditorio, las organizaciones independentistas se manifestaban contra el Ejecutivo. Y mientras Sánchez anunciaba el perdón de los líderes soberanistas, una voz se escuchó entre el público: “La independencia es la única solución”, exclamó.

Cualquiera que observe la irremediable cerrazón de los rupturistas y, a la vez, escuche el discurso del presidente, se preguntará si en Moncloa caminan a varios kilómetros de la realidad o si, han decidido tomar por estúpidos a todos los españoles. Porque no es cierto que esta medida vaya a abrir una nueva etapa en las relaciones entre Barcelona y Madrid. Más bien, va a insuflar fuerzas a los insurrectos, que, hoy más que nunca, tendrán la sensación de que cualquier desafío al Estado sale demasiado barato.

A partir de mañana, Junqueras y compañía podrán alardear de la debilidad de las instituciones españolas y avanzar hacia la independencia a través, quizás de un referéndum pactado. Mientras, Sánchez podrá venderse ante su público como un estadista que aplicó la magnanimidad para resolver el mayor conflicto político de la España contemporánea, pese a la cerrazón de la derecha y de los partidos que conforman la Generalitat.

No se podría entender bien este Gobierno sin tener en cuenta dos cosas: por un lado, que sus propagandistas están dispuestos a todo con tal de mantenerse en el poder -incluso a ningunear al Tribunal Supremo-. Por otro, que Sánchez es un narcisista que se ha propuesto pasar a la historia, lo que ha provocado que el país se mueva al ritmo de sus intereses personales, pese a que obligue a moverse contra toda lógica. Es la vida de El show de Truman, en la que la realidad fluye según lo marque su protagonista. Puede que indultar a delincuentes sea una medida efectiva en momentos en los que la paz entre dos facciones se encuentra a punto de caramelo. ¿Pero cómo conversar con quien no está dispuesto a ello?

Son excarcelaciones a mayor gloria de Sánchez y nada más. Una forma de situarse en una posición muy superior a la que le corresponde y a la que la historia le concederá. Es el delirio de un ególatra que, con su discurso de este lunes, acerca un poco más a España al precipicio, pese a que hable de superar la dificultad.