"¡Que se pudran en la cárcel esos golpistas! ¡Que se pudran en la cárcel porque lo volverán a hacer!" Bien, así piensan muchos ciudadanos sobre los políticos que están presos en Cataluña, pero si con eso consiguiéramos avanzar en algo sería una vía a seguir –no justa a mi entender- pero una vía. El tema está que en política la vía judicial, la vía de la cárcel dista mucho de ser una vía política que debería centrarse en la negociación, el diálogo y la gestión. Por ello, sin tener aún los indultos sobre la mesa del Consejo de Ministros, llevamos dos semanas en las que no se habla de otra cosa en este país.

Indultar sí o no, ese es el debate y muy respetables son todas las opiniones, pero lo que debería primar es más que indulto sí, indulto no es cuál es el camino para conseguir cambiar el rumbo de la vida política en Cataluña y parece que con el indulto sí podemos iniciar un cambio de rumbo. Al PP, a Vox o a C’s ese indulto no les gusta, están en contra, tampoco les gusta a los independentistas, recuerden que ellos quieren la amnistía. Pero mientras los independentistas empiezan a ver que sus líderes les han engañado cuando les han prometido la independencia, algo habrá que hacer para salir del caos absoluto en el que estamos sumidos hace una década... Ya nos ha dicho el presidente Jordi Pujol que la independencia no es posible de momento, nos ha escrito Oriol Junqueras para explicarnos que no van a seguir una vía unilateral, no hace falta creerlo, pero sí dar pasos para resolver el desastre de 2017.  Ese 'que se pudran en la cárcel' no va a resolver el problema 'catalán' al que nos han conducido unos y otros liderando la incapacidad de entendimiento y negociación.

Ideologías criminales

En este país acabamos con los asesinatos de la banda terrorista ETA y eso no se ha conseguido con la prisión, sino con la negociación. En este caso sí que muchos se deberían pudrir en la cárcel por robar vidas, por asesinar a los que no pensaban como ellos y matar en vida a sus familias. Eso, mal que a algunos les pese, se acabó gracias a la negociación y a la generosidad de muchos. Porque díganme si coincidir por la calle con quién ha asesinado a tu padre, a tu hermano o a tu marido es plato de gusto. Esos sí que se deberían pudrir en la cárcel, los que robaron cerca de mil vidas en su “lucha armada”. Nada justifica quitar la vida a nadie, y menos una ideología. De hecho, la cárcel es el mejor hotel para los asesinos, más querrían muchos tener un plato caliente que comer y un colchón en el que dormir sin pagar ni facturas ni hipotecas ni preocuparse por trabajar.

ETA, la banda asesina, pasó a la historia, no así el dolor de todos a los que se les arrebató a un ser querido, que necesitan apoyo de por vida para sobrevivir. Díganselo si no a las familias de Ernest Lluch o de Miguel Ángel Blanco. Una realidad que conoce bien Rosa Díez, ex del PSOE, ex de Unión Progreso y Democracia, ex de muchas causas y ahora liderando la manifestación en contra de los indultos prevista para este próximo domingo. También conocen bien el sufrimiento de la sociedad vasca y lo ha sufrido en sus propias carnes el líder de Vox, Santiago Abascal. Resulta inadecuado comparar lo de ETA con los episodios de Cataluña, por mucho que a muchos les interese que el conflicto catalán persista. Los presos no son golpistas ni delincuentes, ni en este país se perpetró un golpe de estado. Abandonemos la terminología belicista que no nos conduce a nada y asumamos con valentía las propuestas y las soluciones que más que la política, necesita nuestra sociedad.

Necesidad de liderazgo

Los catalanes, tanto los independentistas como los que no lo son, se merecen vivir mejor de lo que viven, al margen de luchas políticas que nada aportan. Cataluña necesita recuperar lo que ha perdido, liderazgo profesional y empresarial, cultural, social, educativo, liderazgo en investigación y medicina, liderazgo en una manera de hacer, de excelencia, de atraer al turismo y al empresariado internacional. Liderazgo institucional y administrativo. Sí, Cataluña importa y mucho a todos, sobre todo a los que conviven en ella, no lo olviden.

En este trocito preciado de este gran país, ganaron el 14-F los de ERC y el PSC, dos partidos que han frenado el enfrentamiento y la hostilidad, por diferentes motivos. Dos partidos, uno ahora en el gobierno y el otro –que ganó las elecciones- empeñado en llevar a cabo una oposición como creo que jamás se ha visto en este país. Una oposición de fiscalizar lo que no funciona, pero también de colaborar en los grandes proyectos de país.

Seguimos aún en pandemia, los gestores que, elegidos en las urnas, deben liderar no solo la salida de la la crisis sanitaria, económica y social y, por extensión, la pandemia de la salud mental que a tantos ha golpeado. Aumento del intento de suicidios, tristeza, ansiedad, depresión, situaciones que se han prolongado en el tiempo y que se hacen difícil de sostener salvo que se cuente con asistencia profesional específica. Esto es lo que se necesita con urgencia en este país. Dejen de enviarse cartas desde la cárcel y pónganse todos a reconstruir lo que han destruido. Hubo un tiempo en el que en Cataluña se vivía bien. Cuídense.