Els carrers serán sempre nostres, las calle serán siempre nuestras. Las calles despejadas, avanzan las SA, cantaban los nazis. Misma idea, mismos impulsos criminales. Quienes dicen que está muy bien combatir a la extrema derecha con piedras son unos hijos de mala madre que, sin el paraguas de la Generalidad, con una fuerza policial a la que no le temblasen las piernas y unos gobernantes que supieran cumplir con su deber, estarían en la cárcel o acojonados en sus casas. Son matones amantes de la pedrada que se tira para esconder la mano. Los ciudadanos de bien estamos hartos del asco que producen cuando jalean a esa piara de violentos y de las caras de ofendiditos que ponen después en los medios de comunicación. Que si son antifascistas, que si los violentos son los españoles, que si el a por ellos, que si los piolines, que si las mil personas heridas el 1-O, que si la tortura, que si la represión, que si el exilio, que si la cárcel. Váyanse a la mierda.

La realidad es que los mártires encarcelados se pasean a sus anchas esparciendo veneno. ¿Represión? Aquí los únicos que reprimen son los CDR a la que alguien se atreve a decir que son unos delincuentes. Aquí los que intimidan, amenazan, agreden y coartan la libertad son los del lacito amarillo. Aquí Pujol anda libre y no pasa nada, y andan libres los que defienden que volverán a dar otro golpe de estado y andan libres quienes les jalean públicamente, y libres están los que cortan la Meridiana hace más de un año, y los que van a las manifestaciones a reventarlas sin que la policía haga ni una sola detención ni siquiera se atreva a cargar. Aquí se queman impunemente banderas nacionales o fotos del jefe del Estado. Aquí la ley mira hacia otro lado cuando se apedrea a formaciones políticas. Aquí los exiliados son catalanes de pro como Albert Boadella y las más de cuatro mil empresas que se han ido para no volver. Aquí se ensalza a Otegui por parte del partido con el que Sánchez pacta pero se niega el homenaje a las víctimas del terrorismo. Aquí Abascal es un asesino mientras Otegui es un hombre de paz.

Vox, insisto, no es ultraderecha. Vox es un partido conservador con un fuerte acento nacional con el que se puede estar de acuerdo o no. Pero no es, insisto, ultraderecha ni mucho menos nazismo

Ya está bien. Si lo sucedido en Vich le hubiera pasado a Pablito o a la Borrás estaríamos con todos los informativos abriendo con el salvaje atentado a la libertad. Y miren, si no se frena a los violentos, porque llamarles antifascistas es un insulto hacia la memoria de quienes lo fueron de verdad, acabaremos mal. Es hora de ponerles nombres a las cosas. Vox será un partido de derechas que, por cierto, en lo económico es más liberal que el PP; Vox puede ser radical en temas como el aborto o el matrimonio gai. Les recuerdo que la Ferrusola era miembro de la Asociación Pro Vida y contraria al matrimonio homosexual, como su marido, como CiU. Pero Vox, insisto, no es ultraderecha. Vox es un partido conservador con un fuerte acento nacional con el que se puede estar de acuerdo o no. Pero no es, insisto, ultraderecha ni mucho menos nazismo. Combatir la inmigración ilegal es lógico y no tiene nada que ver con querer que nos marchemos los catalanes que no somos separatistas. Si desean conocer de qué va esa ideología ultra pregunten a sus padres en qué consiste y lo digo por usted, Aragonés, que viene de familia del Régimen, igual que Puigdemont, Llach o tantos que descienden de sagas que se destrozaban las manos aplaudiendo a Franco.

Ustedes sí son ultras, ustedes sí son nazis, ustedes sí consideran que todos los que no son de su cuerda deben ser silenciados, ustedes si justifican la agresión al discrepante, ustedes sí quieren expulsarnos de nuestra tierra, ustedes llaman putas o tarados en Tuiter a los adversarios. Ustedes arrojaban monedas al PSC ya en el lejano 1986 gritando botiflers, ustedes hacían escraches a Ciudadanos, ustedes acosaban al PP, ustedes quisieron linchar a Cayetana Álvarez de Toledo en la universidad, ustedes han intentado agredir a Jordi Cañas, a Juan Carlos Girauta o a mí mismo por la calle, ustedes quemaban casetas en las Diadas de Sant Jordi en las Ramblas – eso lo he visto yo y no me lo puede negar nadie -, ustedes pactaron con ETA que no asesinara en Cataluña, ustedes han pervertido la historia, la educación, el periodismo, el mundo asociativo, los colegios profesionales, la universidad, la vida económica.

Ustedes tienen el ADN del nacionalsocialismo en su ideario. Se creen superiores y con todo el derecho a suprimir lo que no se ajuste a esa Cataluña imaginaria que tienen metida en la sangre como una droga. Ustedes son, en definitiva, los nazis, y no Vox. Y quien colabore con ustedes será tan responsable y merecedor del mismo infame epíteto. ¿Lo ha entendido, señor Illa? Nazis, puros nazis, y nada más.