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Félix Madero

Opinión

Empeñados en herrar moscas

No se puede hablar con quien no quiere escuchar. No se puede negociar con quien no está dispuesto a ceder. ¿Cuándo lo asumirá el Gobierno?

Mossos d'Esquadra en la manifestación de los CDR.
Mossos d'Esquadra en la manifestación de los CDR. EFE

Imposible seguir así. La violencia en las calles de Barcelona del pasado fin de semana debe servir para que las alarmas salten y quien tenga que hacer algo lo haga ya mismo. Ya no vale eso de que piden la república y la independencia en paz. Crece el disparate en la medida en que los interfectos son conscientes de que ahí es donde están instalados. El disparate es lo que tiene, que te obliga a salir de él disparatadamente. Y sucede que se les cae hasta eso que tan solemnemente dicen en las tertulias y llaman “el relato” independentista.

Aquí, visto lo visto, conviene que cada uno tenga el suyo; los de Puigdemont y su trasunto Torra incendiando las palabras libertad, diálogo y democracia, que en muchos casos son las mismas que utiliza el Gobierno, si bien convendría decir que uno, como muchos otros españoles, y al menos en este caso, está más más cerca en esta ocasión de las invocaciones del presidente. En la semana de los fuegos artificiales se les ha caído el relato. Toda esa farfolla tan del gusto de los que están contra “Madrit”, de que ellos sólo quieren urnas para la autodeterminación y la construcción de una Arcadia pacifista, sencilla y feliz se derrumba ante los últimos brotes de violencia. Es verlo por la televisión y se te hiela la memoria justo en los momentos ya vividos en otra parte de España. No mentemos a la bicha.

En la semana de los fuegos artificiales al independentismo se le ha caído el relato. Toda esa farfolla tan del gusto de los que están contra “Madrit”

Esa insistencia en lo pacífico del movimiento independentista es un relato falso, tanto como un duro de madera, que nadie que se llame demócrata puede comprar, y el primero el Gobierno, que a lo que se ve necesita que pase algo más para reaccionar. ¿Pero qué más?

Cataluña vive instalada en la anormalidad política. Se pintan los cierres de los negocios que consideran los llamados cederres que no son de los suyos; se mira mal a quien defiende la Constitución, se espantan ante quienes invocan a las leyes y a su cumplimiento, se destrozan cajeros, se cierran las calles, se insulta y acomete contra la policía, todo tipo de policía, da igual si lleva un tricornio o no. La bestia ha crecido y al domador no le basta la voz para domeñar a este vestiglo en crecimiento, y no sabe, no quiere, no puede utilizar el látigo porque, como otras veces en la historia de España la autojustificación y la compresión piadosa que se dan a sí mismos les ampara. O eso creen ellos: son unos bárbaros, sí, pero son nuestros bárbaros. He aquí su relato, su nuevo relato copiado de otros tiempos. Pero, de nuevo, no mentemos la bicha.

Se les acabó el cuento, apareció la violencia y toca actuar. ¿Quién sabe cuál es la solución? Por mucho que Pablo Casado se empeñe e invoque el 155 y por mucho que Ciudadanos le acompañe en el envite, el Gobierno no comprará esa mercancía. Antes adelanta las elecciones que otro 155 cuyas consecuencias, tal y como hoy están las cosas, no están exentas de peligros y de incomprensiones en la zona más templada del independentismo y en otras que hoy están en contra. Pero que el Gobierno huya de esa invitación no quita para que dé por acabada toda esa hojarasca semántica en la que se enrollan cuando sale el diálogo y la negociación como la clave del problema. No se puede hablar con quien no quiere escuchar. No se puede negociar con quien no está dispuesto a ceder. ¿Cuándo lo asumirá el Gobierno?

Sánchez adelanta las elecciones antes que aplicar otro 155 cuyas consecuencias no están exentas de peligros y de incomprensiones

Borrell, Calvo, Iceta…todos quieren pasar a la historia como aquellos que lo intentaron por activa y pasiva. Aquellos que incluso sugirieron que algo había que hacer con los políticos golpistas porque llevan demasiado tiempo en la prisión. Sobre ellos caerá ese debe. Cuesta creer que gente tan placeada en cosos de primera no hayan notado que el burel no tiene más pases, ni por la izquierda ni por la derecha, y que en el mejor de los casos se hace conveniente que la presidencia saque pañuelo verde y devuelvan a ese bicho violento y malencarado que sale a las calles con divisa de los cederres. Es triste, y desolador, pero ya no hay nada que hablar. Es como empeñarse en herrar una mosca.

La única zona posible y en la que hay alguna esperanza es Esquerra Republica de Cataluña (ERC). Probablemente ahí queda sentido común y pragmatismo suficientes para ver la realidad más allá de la actualidad que contamos en los medios. Curiosamente, para muchos la única esperanza para salir de este atolladero, que va a más y no a mejor, esté un año después en la cárcel. En la misma celda de Oriol Junqueras. Lo que el Gobierno haga más allá de esto le llevará a la melancolía, que es lo que acontece tras el fracaso y el esfuerzo. Dicho de otra forma, lo que haga con Torra y lo que hay a su alrededor se parece mucho a ese ingenuo que un día creyó que las moscas se podían herrar. Todavía está en ello.



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