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Gabriel Sanz

Opinión

La preocupación del Rey

Iglesias y Felipe VI en su encuentro en junio de 2019
Iglesias y Felipe VI en su encuentro en junio de 2019 Efe

No hace falta ser un lince para darse cuenta de la posición desairada y un punto incómoda en la que va a quedar el Rey Felipe VI si no hay investidura de presidente del Gobierno, por más que los sondeos le sigan sonriendo.

Cuestionado por algunos en agosto tras decir algo tan de sentido común como que se debería evitar la repetición de elecciones el 10 de noviembre, en su haber ostenta ya un record demoledor: el sucesor de Juan Carlos I acumula en cinco años de reinado tres elecciones generales -veremos si hay unas cuartas el 10 de noviembre- y seis rondas de consultas, mientras que su padre hizo apenas una decena en 39 años de reinado.

Si no es para preocuparse, que venga Dios y lo vea. Su problema es que quienes tienen que hacérselo mirar, como diría un castizo, no están por la labor. El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, y su "socio preferente" (sic) Pablo Iglesias andan tan afanados en lanzarse las culpas del fracasodel Gobierno de izquierda-curiosa estrategia para alguien laico-, que esto del desgaste de la monarquía les debe traer sin cuidado.

Lo de Rivera

Más difícil de explicarse lo tiene Albert Rivera; y a fe que lo intenta. Él, que se pretendía nueva política para poner freno a la "deriva populista" antimonárquica y republicana de Podemos, hoy mira para otro lado cuando escucha -es un decir- las apelaciones a la estabilidad, la gobernabilidad y la mesura que le llegan de muy diversos agentes: "Nos han elegido para hacer oposición a Sánchez", repite machaconamente hacia fuera y hacia adentro para conjurar el demonio de las deserciones.

Sabe que la suma más fácil sería PSOE + Ciudadanos (180 escaños) mayoría absoluta para cuatro años de estabilidad y reformas estructurales, pero ha preferido jugar -sí, jugar- a disputarle la cabeza de león a Pablo Casado.

Y el inquilino de La Moncloa, lamentan los populares no sin un punto de razón, para no quedar mal con esa militancia socialista que gritaba en Ferraz la noche electoral "¡¡Con Rivera no!!", le ha puesto la alfombra roja con su decisión de hacerle una oferta en firme; aunque solo sea para obligarle a mojarse.

Pedro Sánchez, de hecho, se ha conforma con su abstención y la de un Pablo Casado que, este sí, es un mero convidado de piedra en esta mano que está jugando en la partida política española. Porque el gran perdedor de las elecciones del 28-A no va a decir esta boca es mía porque no puede; no antes de que se abran las urnas el 10-N por la noche y los españoles "pongan a Rivera en su sitio", se relame Génova. 

Los españoles están tomando nota de los 'hunos' y los 'hotros', y van a poner en su sitio a todos; pero, sobre todo, a la izquierda

Tengo para mi que los españoles están tomando nota de los hunos y los hotros, y van a poner en su sitio a todos, pero, sobre todo, a la izquierda: a un PSOE más preocupado por los cantos de sirena de los sondeos, esos que hablan de 140 diputados o más si volvemos a las urnas en noviembre, y a un Podemos que tuvo todo en su mano el 25 de julio para hacerse con una vicepresidencia del Gobierno y tres ministerios.

Dice Rivera -otro preocupado porque barrunta la que se le avecina- que Sánchez y Casado andan locos por volver a la "España de rojos y azules". Pues claro. Razones demoscópicas tienen. Igual lo que podría hacer el líder naranja es dejar de comentar la actualidad y preguntarse ¿Qué he hecho yo para merecer esto?... Felipe VI ya lo está haciendo, y no tiene la décima parte de responsabilidad que él.

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