Opinión

Algo huele a podrido en Dinamarca

Carles Puigdemont y la politóloga Marlene Wind en Copenhague
Carles Puigdemont y la politóloga Marlene Wind en Copenhague EFE

El viaje a ninguna parte que lleva a cabo el ex President de la Generalitat lo ha llevado hasta Dinamarca. Como todo lo que emprende, ha sido un fracaso absoluto.

No habrá detención para los malvados

Si Carles Puigdemont buscaba que lo detuvieran al pisar suelo danés se ha llevado un chasco. En la compleja partida jurídica que mantiene el fugado de Bruselas con el juez Pablo Llarena, Puigdemont está perdiendo por goleada. Su señoría le ha privado de montar un revuelo mediático al no cursar la euro orden que podría haber supuesto la detención del cesado President, que era lo que este buscaba. Además, detenido, podría delegar el voto en la próxima sesión de investidura, cosa que en su actual situación le resulta totalmente imposible. Triste destino el de aquel que solo aspira al golpe de efecto.

Descartado el más que posible objetivo del desplazamiento a Copenhague, a Puigdemont solamente le quedaba acudir al Centro de Política Europea del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Copenhague con la sonrisa forzada e intentar allí reivindicarse como un líder político exiliado, víctima de un tremendo atropello. Tampoco esta jugada le ha salido como esperaba. Alguien debería decirle que, o cambia de asesores, o se dedica a otros menesteres. Es imposible obrar de manera más chapucera y torpe en todos los sentidos.

Porque si lo que pretendía era ser aclamado como un mártir, las lanzas se le han vuelto cañas. Se ha encontrado debatiendo, con lo poco que le gusta, con la académica y directora del Centro, Marlene Wind. Decir que lo ha dejado KO sería un pálido reflejo del vapuleo dialéctico al que lo ha sometido. Repasemos el combate. La primera en la frente: le ha dicho si tenía bolígrafo, porque iba a preguntarle varias cosas y eso era lo que ella recomendaba a sus alumnos. Pam. Primera cuestión, le ha preguntado si consideraba que la democracia se limitaba solo a convocar referéndums y, en cambio, acatar el Estado de derecho no lo era.

Mientras Puigdemont se mostraba visiblemente nervioso ante la señora Wind, que tiene mucho poderío, ciertamente, la académica no lo dejaba respirar. Aún no repuesto del primer ataque, la danesa le lanzaba un directo al mentón al recordarle que la mayoría independentista era estrechísima, un cincuenta por ciento, o que el independentismo no había conseguido ningún apoyo internacional, para acabar la tanda de golpes asegurándole que muy pocos políticos daneses se reunirían con él.

La actitud de Puigdemont era la del niño repelente que discute con la profesora el cero que le acaba de poner en el examen

El ex President, farfullando tópicos que bien pueden hacer ensalivar a sus paulovianos seguidores en Cataluña, pero que dejan frío a cualquier persona mínimamente objetiva, y ya no digamos a los daneses, se ha refugiado en la tesis de siempre: el Estado no quiere negociar, la represión del 1-O fue terrible, Rajoy es heredero de Franco, España no es una democracia y ellos solo quieren acordar una pregunta. Ah, o sea ¿ya no se trata de implementar la República Catalana? La actitud de Puigdemont era la del niño repelente que discute con la profesora el cero que le acaba de poner en el examen y, de verdad, provocaba vergüenza ajena. Como catalán he sentido un tremendo sonrojo pensando que en Dinamarca puedan pesar que todos los que vivimos en este territorio somos iguales que ese pazguato.

El chorreo no ha terminado aquí. La señora Wind, pedagógica como corresponde a cualquier enseñante, al ver que el zangolotino que tenía delante no entendía la lección ha decidido proseguirla. Ahí ya ha sido el acabose.

Cuando a uno le acusan de insolidario y se ofende

Como Puigdemont confunde las cosas en su profunda locura - cada vez me reafirmo más en mi artículo en el que decía que este hombre estaba aquejado de una profunda enfermedad mental – y no sabe ni donde está ni delante de quien habla, ha proseguido con las mismas mentiras de siempre. La diferencia estriba en que a nosotros nos suenan a viejo por oídas, pero escuchadas por una politóloga de la categoría de Wind han debido parecerle auténticas barbaridades, lo que en realidad son. Ella misma ya le ha dejado claro al inicio de su intervención que ni era política ni le movía otro interés que no fuese el académico, rogándole que no la interrumpiese y le dejara explicarse. Ha obrado santamente, porque a los del proceso lo que les va es, o bien hablar ellos solos, o no dejar hablar a nadie mediante la técnica de la constante interrupción o el menosprecio con frasecitas tipo “no se ponga usted nervioso” o “cálmese”.

La cara de pocos amigos que mantenía Puigdemont se le ha acabado de descomponer cuando la politóloga le ha espetado, al escucharle enhebrar el discurso de la identidad nacional catalana que tanto rédito le ha dado al nacionalismo catalán, que si lo que pretendía el cesado era que solamente existiesen países europeos de una sola identidad, añadiendo que, si al final, la UE se componía de doscientos estados, Vladimir Putin estaría encantado al ver ante sí a una Europa fragmentada. Al escuchar el nombre de Putin, Puigdemont ha dado un respingo. Algún día deberemos ahondar en las relaciones que han mantenido los separatistas con algún servicio secreto extranjero. De igual modo que ahora se sabe que los servicios norteamericanos alertaron a los Mossos del peligro con respecto a un posible atentado yihadista en Las Ramblas, y que estos hicieron caso omiso, intentando destruir los documentos que probaban tal comunicación, igual cualquier día aparece alguna factura, algún dossier que vincule a los miembros del Govern con agentes del SNV, el servicio de inteligencia exterior ruso. Igual a alguno de los colaboradores de Puigdemont le suena el nombre de Serguei Naryshkin o conoce a qué se dedica la Офис I, Oficina I, de dicho servicio.

Ha sido una derrota en toda la línea, política e intelectual

Volviendo a lo sucedido hoy en el Centro de Política Europea de Copenhague, la señora Wind ha acabado por rematar al cada vez más atribulado Puigdemont con un argumento que no admite réplica posible. La politóloga lo ha mirado a los ojos y le ha dicho que tenía entendido que Cataluña era la región más rica de España y, siendo así, ¿la independencia no es una manera de querer quitarse de encima a los pobres? Aún más, tanta insistencia en la identidad catalana, tanto discurso acerca de los buenos catalanes, ¿no indica que lo que pretenden es crear un nuevo estado “limpio”, haciendo una limpieza étnica, separando a todo los que no acepten sus postulados?

Ha sido una derrota en toda la línea, política e intelectual. El moderador del acto y jefe del Departamento, profesor Mikkel Vedby Rasmussen, asistía con mirada severa al dantesco espectáculo de ver como quien se autoproclama líder no tiene mi media bofetada intelectual a la hora de debatir sus ideas. Es algo totalmente lógico en una persona que encarna un movimiento que no atiende a razón alguna, obedeciendo solamente a impulsos emocionales, racistas, de menosprecio a todo lo que no se ajuste a su manera de ver las cosas.

En algo se ha equivocado la profesora Wind. Puigdemont sí va a verse con algún político danés. Tiene previsto reunirse con el republicano Magni Arde

Sin embargo, en algo se ha equivocado la profesora Wind. Puigdemont sí va a verse con algún político danés. Tiene previsto reunirse con Magni Arde, del Partido Republicano, que defiende la independencia de Dinamarca de las Islas Feroe, hoy por hoy un territorio autónomo danés. Arde declaraba que al encuentro se sumarían algunos políticos más, sin especificar. Probablemente uno de los asistentes sea el primer ministro de las Feroe, Aksel Johannesen. Cabe añadir que la economía de las islas depende de la subvención que paga Dinamarca: 650 millones de coronas danesas o, lo que es lo mismo, 68 millones de dólares. ¿Les aconsejará el de Bruselas que utilicen lemas como “Dinamarca nos roba”? ¿O serán los independentistas de allí los que le digan que se deje de historias, revise los cálculos llorones separatistas y compruebe como es el Estado quien está asegurando que la Generalitat no cierre por quiebra?

Algo huele a podrido en Dinamarca estos días, pero no son las conjuras palaciegas que se urdían alrededor de Hamlet. Se trata de un fantasma que deja un olor a podrido allá por donde pasa. Y no, tampoco es el fantasma del padre del príncipe de Dinamarca que inmortalizó Shakespeare. En fin, ya se verá. Permítanme finalizar con un piropo a la señora Wind y la universidad en Dinamarca: ¡lev dansk efterretning! ¡Viva la inteligencia danesa!

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