Escribí el martes de la semana pasada un artículo que, titulado Centralismo madrileño, terminaba con el siguiente párrafo: "Importa quién gobernará Madrid. Pero, mucho más transcendental para los españoles es saber si el Gobierno de España tiene alguna estrategia preparada para el supuesto, casi seguro, de que, de nuevo, el supremacismo racista y totalitario de ERC, de JxC y de la CUP vuelva a gobernar Cataluña con absoluto desprecio a la legalidad constitucional y estatutaria. ¿Hay alguien dispuesto a liderar al 74% de catalanes que no comparten el totalitarismo de los independentistas?

Ese mismo día nos enterábamos de que mi comentario sobre el supremacismo racista y totalitario de ERC, de JxC y de la CUP no era ninguna boutade, como alguno llegó a calificar esa afirmación. Se quedó corta. Lo demostró el trato calumnioso y difamatorio que recibió el excelente escritor Javier Cercas por  quienes, según el propio intelectual, lo que pretenden los poseedores de la única verdad en Cataluña es conseguir que se marche o que se calle.

En Cataluña, como hace unos años ocurría en el País Vasco, todo catalán que no se pliegue al pensamiento único de los independentistas será señalado por estos como enemigos de Cataluña a los que se les puede insultar y amenazar con total impunidad.

Desde el Gobierno del infausto Artur Mas se viene incubando un totalitarismo que ha dado su penúltimo coletazo en la cara de Javier Cercas, al que se le persigue por sus declaraciones antitotalitarias y antiindependentistas.

Libertad e independencia

Esa pléyade de ataques a los demócratas se jalean y se difunden por parte de cargos públicos que deberían representar a todos los catalanes y no solo a los que han decidido romper con la Constitución y con el Estatuto de Autonomía de Cataluña. Desde fuera de Cataluña se echa en falta el apoyo más decidido de quienes, situándose en un plano intelectual, a lo más que llegan es a ponerse de perfil para evitar el trato que por su valentía y honradez ha recibido Javier Cercas, uno de los pocos héroes intelectuales catalanes que siguen dando la cara y expresándose con libertad  e independencia.

Doscientos intelectuales firmaron un manifiesto en defensa de la libertad del rapero Hasel. Sorprendentemente no han alzado su voz para denunciar el amedrentamiento con el que quieren acabar con la libertad de expresión de uno de los mejores novelistas que tenemos actualmente en España. Sería muy doloroso llegar a pensar que el silencio de ahora es el miedo a ser catalogados como antipatriotas y enemigos de la patria catalana.

Bastó que un partido ni nacionalista ni independentista gobernara en Euskadi, para que el PNV se olvidara de los sueños locos de Ibarretxe

Javier Cercas anunció que pondría en manos de la Justicia la agresión que acababa de sufrir por la manipulación de sus palabras y por la acusación de instigar una intervención del Ejército español en Cataluña. Me siento absolutamente solidario con él, pero considero que no es suficiente su gesto. Es necesario que los independentistas lleguen a saber que ese camino les conduce al fracaso si, por fin, Cataluña tiene la posibilidad de encontrar a un líder que capitalice al 74% de los catalanes que no votaron en las últimas elecciones por la independencia. La experiencia vivida en el País Vasco ilustra perfectamente el camino a seguir. Bastó que un partido ni nacionalista ni independentista gobernara en Euskadi, para que el PNV se olvidara de los sueños locos de Ibarretxe y volviera por el camino del Estatuto de Autonomía Vasco dentro de la Constitución española.

No todos los pueblos tienen la oportunidad de elegir a un intelectual de reconocido prestigio para representar a sus ciudadanos y liderarlos hacía un destino constitucional y democrático. No es habitual que esos intelectuales decidan comprometerse políticamente para acabar con regímenes o gobiernos impresentables. La historia nos ilustra con varios ejemplos que van desde Azaña en España a Vargas Llosas en Perú (que perdió por confundir la libertad de los poetas con la libertad de los banqueros), pasando por Václav Havel en la extinta Checoslovaquia.

No es lo habitual, pero a veces ocurre. Y en el momento en el que nos encontramos, Cataluña necesita que alguien sin dobleces ni medias tintas sea capaz de liderar a un pueblo que, habiendo sido la vanguardia cultural española, está cayendo en una sima de ignorancia de ideología de corte totalitaria. Por muchas veces que lo repitan, no van a conseguir que se convierta en una inmensa mayoría lo que es una inmensa minoría a favor de la independencia. La inmensa mayoría se encuentra desconcertada porque su voto no acaba de conformar una mayoría constitucionalista que ponga punta final a la entelequia independentista. Tanto Ciudadanos en las penúltimas elecciones, como el PSC en las recientes del pasado 14 de febrero, no han sido capaces de hacer un frente común para, sin dobleces ni medias verdades, desalojar del gobierno y de las instituciones a los independentistas.

El ataque que ha sufrido un intelectual de la talla de Javier Cercas le podría llevar al Juzgado de Guardia. Ahora falta que siga andando hacia el Palacio de la Generalitat para en las próximas elecciones convertirse en el líder que termine definitivamente con la ensoñación enloquecida y totalitaria del independentismo. Podría ser que se hiciera realidad el refrán que dice que “no hay mal que por bien no venga”. Y así, los totalitarios se encontrarían con la horma de sus zapatos.