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Leopoldo Gonzalo

Opinión

Hasta la voz le niegan a Vox

Es el colmo pretender que Vox deba afrontar el ‘oprobio’ de que Cs y PP no puedan formar gobierno, haciéndole único responsable, por ejemplo, de que Madrid sea condenado a ‘Carmena perpetua’

El presidente de Vox, Santiago Abascal, en un acto en Huesca.
El presidente de Vox, Santiago Abascal, en un acto en Huesca. EFE/ Javier Blasco

Dos personajes que se veían obligados a tratar algunos asuntos de su respectivo interés acordaron merendar juntos para hablar de los mismos y adoptar algunos acuerdos. Un tercer personaje que tenía sus propias ideas y compromisos manifestó su deseo de participar en el condumio, pero uno de aquellos se opuso tajantemente, y no sólo a que este último disfrutase de las viandas a compartir, sino a que ni siquiera pudiese sentarse a la mesa, sin perjuicio, además, de imponerle la obligación de pagar la merienda de la que quedaba excluido.

Según es sabido, como instrumento pedagógico la parábola es una breve y simbólica narración de la cual puede extraerse alguna enseñanza moral. Y, tirando del hilo, más de una de esa y otras clases de enseñanzas. ¿Es justa la actitud de los dos primeros personajes de la parábola expuesta? ¿Contribuye la misma al necesario entendimiento de quienes se espera han de buscar los puntos de encuentro posibles para el logro del máximo bien y/o la evitación del mal? ¿O se trata de lograr el propio bien partidista y no del que solemos llamar bien común? ¿Es tal acuerdo coherente con los alcanzados, o que se pretenden alcanzar, en otras meriendas con personajes cuyos antecedentes y actuales intenciones  -bien conocidos de todos- los sitúa fuera de cualquier entendimiento aceptable? ¿Son ciertos los motivos aducidos para justificar que el tercer personaje de la parábola no pueda siquiera sentarse a la mesa de la merendola?

Habrá que reflexionar sobre las consecuencias que el Estado de las Autonomías y la vigente Ley electoral ocasionan en este turbulento mercado secundario de votos

En efecto, tras las recientes elecciones generales, autonómicas (horrenda palabra) y municipales, se ha planteado la necesidad de alcanzar acuerdos entre los componentes de la constelación de partidos, partidetes y “partidas”  (no muy distintas de la del célebre Curro Jiménez). Lo cierto es que algunas de estas últimas agrupaciones políticas no tendrían existencia legal en un país medianamente normal. Pero, en fin, en el nuestro la tienen y, además, viven magníficamente a costa de aquello que pretenden destruir. Se dirá: ¡Naturalmente, para eso son “partidos de progreso”! Pero es que España es el único país del mundo en el cual el Gobierno de la Nación y sus acólitos pueden comportarse como los peores enemigos de la misma. Más de un presidente ha proclamado aquello de que el propio concepto de “nación” es discutido y discutible…, para sostener después que España es una nación de naciones.

Merienda en la Pradera

En fin, que la partitocracia imperante anda de “merienda en merienda”. Imposible examinarlas todas. Pero las que se celebran en la Villa y Corte tienen especial relevancia, porque a pesar de que Madrid nunca pierde el estigma del centralismo (¿?), mantiene, sin embargo, un valor más que simbólico.

La respuesta al primer interrogante planteado es obvia: no es justa ni de recibo la actitud de Cs al rechazar a Vox como interlocutor en las negociaciones con el PP para la formación de los gobiernos de la Comunidad y el  Ayuntamiento de Madrid, y todavía es más injusto que, de no conformarse Vox con tan injustificable marginación, tenga encima que apoyar la constitución de dichos gobiernos de los que es excluido. Pero lo que es ya el colmo, es pretender que Vox haya de afrontar la culpa y el “oprobio” de que Cs y PP no puedan formar gobierno, haciéndole único responsable de la condena de Madrid a “Carmena perpetua” o a la metafísica rectoría del profesor Gabilondo. O sea, lo de la merienda. La experiencia de Andalucía no parece haber sido muy provechosa para el partido de Abascal -quiero decir, de sus votantes- y eso que, gracias al mismo, pudo el PP formar gobierno con Cs, el partido que gobernó,  en coalición con el PSA, durante la última legislatura del régimen socialista en la tierra de María Santísima. Naturalmente, a pesar de las declaraciones que se hacen en las campañas electorales, hay amigos y enemigos. Con el PSA, sí; con Vox, no. El motivo de ello parece haberlo encontrado el señor Ábalos, para quien Vox  (el partido de Ortega Lara) es tan inconstitucional como Bildu (el partido de Otegui). Claro, es que Bildu apoyó al doctor Sánchez en su moción de censura para “okupar” el Palacio de Invierno, perdón, de La Moncloa. Habrá que reflexionar más detenidamente sobre las consecuencias que el Estado de las Autonomías y la vigente Ley electoral ocasionan en  este turbulento mercado secundario de votos, auténtico mercado persa.

España es el único país del mundo en el cual el Gobierno de la Nación y sus acólitos pueden comportarse como los peores enemigos de la misma

Hacer oídos sordos a lo que Vox pueda aportar en unas negociaciones cuyo propósito -ha de entenderse- consiste en buscar, por el presunto centro-derecha, la mejor forma de servir al común, carece absolutamente de sentido. Un partido que en las elecciones generales cosechó casi 2´7 millones de votos (10´3% del total), no puede ser ignorado ni para hablar ni para gobernar en la proporción debida. Todos sabemos, por otra parte, por qué Vox no alcanzó todavía unos mejores resultados en aquellos comicios. Lo impidió la conjura de los medios oligopolísticos de desinformación, la mentira y la desfiguración tanto de sus principios constitutivos como de sus compromisos electorales, probablemente más acordes con la vigente Constitución que los de cualquier otro.

Ningún partido político ha asumido, con el explícito y firme propósito de cumplirlos y hacerlos cumplir, los artículos 1, 2 y 3 que encabezan la Constitución Española. Nadie que haya leído su programa y seguido sus  declaraciones puede afirmar que Vox sea un partido anticonstitucional. Cosa que no puede decirse, en modo alguno, de otros muchos partidos considerados, no obstante, idóneos para toda clase de pactos y acuerdos por encima y por debajo de la mesa. Vox es, sobre todo, un movimiento que se declara fiel a la Constitución histórica de España, sin la cual no es viable ninguna Constitución política.

Queda por valorar la decisión que finalmente pueda adoptar Vox en relación con la actitud, sobre todo de Cs, acerca del futuro de Madrid. ¿Pasarán o no pasarán? Dicho de otra forma: ¿Se quedarán o no se quedarán?

Últimas noticias. Después de las preceptivas consultas al Rey, el Dr. Sánchez declara que excluye a Abascal como interlocutor en las negociaciones para formar Gobierno. O sea, más de lo mismo. En la propia Pradera del Santo van a celebrarse otras meriendas a las que habrá que estar atentos. ¿A quiénes se invitará? ¿Quién las pagará?          

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