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Rubén Arranz

El dardo de Arranz

Una guerra sucia contra Madrid y una prensa repugnante

Nunca hay que dar por supuesto que este país ha alcanzado su capacidad máxima de hacer el ridículo. Tarde o temprano, se vuelve a superar

El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián
El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián VP

Fue hace unos días cuando Rodrigo Blázquez, periodista de La Sexta, comenzó su programa con la siguiente perla: “Madrid tiene la incidencia más baja de la Península. Sólo Canarias y Baleares están mejor que el reino de Díaz Ayuso. Si algún día alguien prueba que manipuló los datos, lo contaremos”.

Es bastante probable que usted nunca haya matado a nadie con premeditación y alevosía. Quizás no haya ocultado ni un euro a la Agencia Tributaria ni haya engañado a su mujer. Puede ser un ciudadano modélico, pero si alguien se empeña en enturbiar su imagen, bastará con que diga que ha cometido todas esas malas acciones para que su audiencia comience a sospechar de su persona. La estrategia es muy habitual en los portavoces de Podemos: cualquier procesado por corrupción del enemigo político es culpable hasta que se demuestre lo contrario. Y si un juez le absuelve, no es que sea inocente: es que la Justicia se encuentra al servicio de los poderosos. No ofrezca hechos, vierta sospechas y con eso basta para cumplir el objetivo

Periódicos entregados al Gobierno con un sorprendente entusiasmo, como La Vanguardia, difundieron hace unos meses imágenes de los atascos que se formaron en las autovías de Madrid antes de la declaración del primer estado de alarma. Desde entonces, no han faltado en los medios de comunicación de la brunete de Pedro Sánchez artículos sobre los madrileños que expandieron la covid-19 por el resto de España. Es muy difícil tener un comportamiento más cateto, pero nunca hay que dar por supuesto que este país ha alcanzado su capacidad máxima de hacer el ridículo. Tarde o temprano, se vuelve a superar.

Mejora de datos

Ocurre que las cosas han cambiado desde entonces y esta comunidad autónoma ha logrado en las últimas semanas reducir el impacto de la epidemia sin necesidad de cerrar el comercio, como se comprueba al observar la tasa de positividad y el número de ingresados en hospitales y en las UCI. Ante esta circunstancias, quienes participan en la cruzada contra Madrid expresan sus dudas en la efectividad de los test de antígenos y sospechan de que los datos de la sanidad están manipulados.

Hay algo que se ha demostrado desde marzo con esta pandemia y es que ninguna medida es totalmente efectiva; y que lugares donde los contagios habían estado relativamente controlados durante los primeros meses pueden verse seriamente afectados de un día para otro. Es el caso de Portugal, Alemania, República Checa... o de Asturias. En algunas regiones, poco menos que se colgaba un cartel a la entrada que afirmaba: “No queremos madrileños”. Hoy, su situación es peor, aunque en ningún caso han sufrido la campaña de acoso y desprestigio mediático de esta autonomía.

En algunas regiones, poco menos que se colgaba un cartel a la entrada que afirmaba: “No queremos madrileños”. Hoy su situación es peor, aunque en ningún caso han sufrido la campaña de acoso y desprestigio mediático de esta autonomía

Como las medidas del Ejecutivo regional han logrado frenar el incremento exponencial de contagios durante la segunda ola -aunque reitero, todo puede cambiar de un día para otro-, la izquierda ha decidido abrir otro frente para tratar de tumbar a Isabel Díaz Ayuso, pues la batalla debe continuar sea como sea. Lo anunció hace unas horas cuando el PSOE, Podemos y ERC materializaron un pacto para luchar contra el “paraíso fiscal” madrileño, en palabras de Gabriel Rufián.

Un reciente informe del Registro de Economistas Asesores Fiscales (REAF) advertía de que Madrid es la comunidad que grava de una menor forma a las rentas bajas, mientras que Cataluña, la que más. Como se aprecia en este artículo, un contribuyente que ingrese 16.000 euros brutos al año aportará 864 euros en Madrid, frente a los 1.004 de la región con capital en Barcelona. ¿Qué ocurre con las rentas altas? Quien gana 600.000 euros, paga 21.000 euros más en Cataluña.

En Madrid, el impuesto sobre el patrimonio está bonificado con el 100%, lo que hace que una persona que tenga 4 millones de euros no abone ni un euro, frente a los casi 42.000 de Cataluña. Esta última región cuenta, además, con 18 impuestos y tasas propias, lo que le convierte en la primera de España y no hace más que incrementar las certezas de que los contribuyentes, en realidad, pagan más de una vez por el mismo concepto, lo que resulta medieval.

Competitividad fiscal

Lejos de tomar Madrid como ejemplo para promover la competitividad fiscal entre comunidades autónomas, la izquierda más rancia acusa a esta comunidad autónoma de hacer dumping, dando por supuesto que, si la capital de España incrementara sus cargas impositivas, la actividad empresarial iba a distribuirse de forma más equitativa entre comunidades autónomas, cuando habría una parte que se vería tentado a volar a otros territorios de la Unión Europea con una política fiscal más justa. En vez de desmontar estos argumentos, la prensa palmera catalana califica el pacto entre el Gobierno y ERC como un logro. De tanto evitar los problemas, Moll incurre muchas veces en el anti-periodismo.

Hay algo que la izquierda apolillada española no logra entender, y es que no hay mayor generador de bienestar que el trabajo; y que la actividad económica no suele mejorar en lugares con intervencionismo atroz e impuestos pavorosos. Quizá en un momento de crisis e incertidumbre como el actual, la medida social más urgente sería el establecimiento de atractivos fiscales para evitar quiebras y paro; y para facilitar la vida a las empresas. Pero no, se opta por lo contrario y por reforzar al Estado en su papel paternal con el reparto de subvenciones (el fondo europeo), que son un caramelo para los momentos de crisis, pero un auténtico devorador de la economía a medio plazo.

Pero todo vale en la batalla contra Madrid y, cuando aquí se hacen las cosas bien, se vierten sospechas sobre las razones; y cuando se yerra, se lanza un bombardeo contra sus autoridades y, peor, también contra sus ciudadanos. No es precisamente un ejemplo el Gobierno de Díaz Ayuso, pues en no pocas ocasiones se ha dejado llevar por el populismo y ha primado la batalla partidista sobre las necesidades de gestión. Pero es injusto que sus aciertos sean vistos con recelos y sea sometido a las fuertes presiones de quienes quieren que ninguna parcela del Estado -ni siquiera los hogares de los ciudadanos- quede al margen de sus políticas radicales y equivocadas.

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