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Miquel Giménez

Opinión

La gota separatista

Los locos no dejan de serlo cuando todo arde a su alrededor. Como ejemplo, ahí están los separatistas

Miles de manifestantes a favor de la independencia de Cataluña.
Miles de manifestantes a favor de la independencia de Cataluña.

La Plataforma per la Llengüa amenaza con llevar ante las autoridades Europeas a Sánchez. ¿Por su imprevisión, por su ineficacia, por sus mentiras? No, lo hará porque la información del coronavirus se hace solo en español. No es broma. La gente está cayendo como moscas, los hospitales están saturados, los equipos llegan tarde mal y nunca, pero a esta gente lo único que les preocupa es que no se dé información en catalán. Si a partir de una gota el intelecto deductivo podría inducir la existencia de un océano —Sherlock Holmes dixit—, por palabras como estas se puede deducir la catadura moral de quien las dice.

Importa más el idioma que la muerte, la sintaxis que los respiradores, la preminencia supremacista que la enfermedad. Como si uno pudiera morirse de manera distinta en catalán que en español. Es la gota que desprecia el gasto en sanidad, en escuelas, en todo lo que afecte a la vida cotidiana de la gente porque lo único que cuenta es su onanismo ideológico, que solo atiende al imaginario urdido por la cofradía del tres por ciento para mejor meter la mano en la caja, mientras los suyos viven anhelando que se aparezca la república catalana en medio de las luces de Manresa, la epifanía de Sant Jordi matando al dragón español y Puigdemont descendiendo de los cielos belgas, resurrecto y triunfante.

En esa gota se encierra el corpus del fanatismo, y nos permite entender que el conseller Buch se refiera, ahí sí, en español, al gobierno de la nación con retintín del niño repipi con su dedo levantado. “El Gobierno de España”, decía en unas declaraciones en catalán, pretendiendo ser irónico y resultando ridículo. Toda la coña que quiera, conseller, pero sus propios alcaldes están pidiéndole al ejército, español, sí, quina gràcia, que acuda a sus localidades para echarles esa mano que ustedes les niegan. Por incompetencia, por ignorancia, porque les sacan de los pronoms febles y la historia de los Cucurull and company y ya no saben qué hacer. Porque se pasan el día reclamando que el confinamiento ya lo había dicho Torra, refugiándose en el vil rincón del tonto de la clase, con orejas de burro fabricadas con las cartas que le enviaban al Gobierno para que la mesa de diálogo continuara, aunque la pandemia estuviera asolado al mundo.

Visto lo visto, que Garzón se vaya de permiso a su casa es incluso una buena noticia

Son tan patéticos que, si no fuera por que está en juego la salud pública, provocarían la hilaridad más descabalgada. A partir de ahí, todo vale. Junqueras y Romeva exigen que se les ponga en libertad a causa de la epidemia. Y no se pregunten ustedes qué tendrán que ver los cojones con comer trigo, porque es todo tan surrealista que incluso podría darse el caso de que Sánchez los indultase, que bien que se ha asegurado poder conceder gracias. Mientras tanto, el Govern separatista no da información de quienes mueren ignominiosamente abandonados por sus políticos en residencias de ancianos, amordaza a médicos y profesionales de la sanidad para que no expliquen que la sanidad catalana está sin camas libres en las UCIs, todo aderezado con una consellera balbuceante que lo mejor que podría hacer es dimitir.

Lo suyo es el catalán y todo lo que conforma su mundo ideal en el que todos los jueves, sin excepción, habrá helado de postre. Son una gota que discurre, orgullosa y soez, por el albañal de la política catalana y que acabará por diluirse en el torrente no menos embrutecido de la española, que si unos tienen al idioma como única preocupación, los otros solo se fijan en el bienquedismo, en esa falsía progre de salón que tiene algo de justicia poética cuando vemos a tantos voceros de la nada afectados por el virus que primero negaron, luego mal gestionaron y ahora intentan endilgar al primero que pase.

Visto lo visto, que Garzón se vaya de permiso a su casa es incluso una buena noticia. Para andar estorbando, mejor quitarse de en medio. Pero la gota sigue ahí, impertérrita, y uno se pregunta si será la que haga colmar el vaso de la paciencia de las buenas gentes que, a día de hoy, no podrán pagar la cotización de autónomos gracias a que sus gobernantes solo los ven como estadísticas, billetes a ingresar y carne de cañón. Ah, pero lo importante es que todo sea en catalán. Incluso nuestra necrológica. La gota.

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