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César Calderón

Opinión

La 'factoría goebbeliana' de la Moncloa

No es nada fácil alcanzar el actual nivel de virtuosismo del Gobierno a la hora de mentir, engañar y producir escándalos en serie

La 'factoría goebbeliana' de la Moncloa
La 'factoría goebbeliana' de la Moncloa

Es difícil identificar el momento exacto, pero en algún punto de este primer año de mandato sanchista que acabamos de cumplir, el presidente del Gobierno y su entorno decidieron que, dada la enorme complejidad de los retos a los que se enfrentaba nuestro país, su única posibilidad de supervivencia no era ya encontrar soluciones a los muchos problemas de la patria, sino embarrar de tal forma el terreno de juego que fuera imposible discernir sus acciones, prioridades y líneas estratégicas, impidiendo de esta manera cualquier control efectivo por parte de la oposición; una labor que dejaron en manos de la elefantiásica 'factoría goebbeliana' de Moncloa.

Lo he llamado 'factoría goebbeliana' por Joseph Goebbels, ya saben, el arquitecto del primer tratado de propaganda política del mundo moderno, un papel breve en el que el ínclito ministro de propaganda del Tercer Reich dejó escritos los once principios de la misma, el séptimo de los cuales, el llamado “principio de renovación” tenía el siguiente enunciado:

Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones”.

Principio de renovación

Lo que nunca podría imaginar ni el mismísimo Goebbels es que su maquiavélico principio pudiera también aplicarse a los escándalos en serie de un gobierno, ni que su principio de renovación iba a servir para ocultar los mismos exponiéndolos de forma tan pornográfica como eficiente ante la ciudadanía en una orquestada sucesión en la que un escándalo se tapa con otro mayor, que a su vez es escondido tras otro más grande aún que los dos primeros.

No es nada fácil alcanzar el actual nivel de virtuosismo del Gobierno a la hora de mentir, engañar y producir escándalos en serie, pero cuando un ejecutivo es capaz de construir en solo un año la factoría fordiana de la trola que ha levantado en los jardines del palacio de La Moncloa, se produce un doble efecto en nuestra dopadísima opinión pública, a saber:

- El primero es que dado su ingente volumen, solo los escándalos y las angelicales explicaciones gubernamentales llenan las portadas de los medios, dificultando que la oposición pueda fijar posición sobre los mismos. No hay espacio para más. No caben.

- El segundo es que esta dinámica infernal lleva a la oposición a la hipérbole permanente: solo las posiciones más radicales y explosivas contra los escándalos del Gobierno encontrarán el premio de obtener espacio en medios de comunicación y tertulias, una carrera que solo pueden ganar los partidos con posiciones más extremas y explicaciones más simplistas, esto es, los nacionalpopulistas, eliminando así a los partidos moderados de cualquier ecuación que les pueda otorgar los minutos televisivos necesarios para explicar posiciones políticas elaboradas y necesariamente complejas.

El actual Gobierno sería la última defensa contra el fascismo (fascismo es cualquier posición política que no aplauda automáticamente y de forma entusiasta los discursos de Sánchez)

La consecuencia es tan lineal como contraintuitiva. Las sucesiones de escándalos y su tratamiento de estas goebbelianas maneras o bien son nulas o bien tienden a beneficiar el relato gubernamental, ya saben, el de las dos orillas ideológicas, ese según el cual el actual Gobierno sería la última defensa contra el fascismo (fascismo es cualquier posición política que no aplauda automáticamente y de forma entusiasta los discursos de Sánchez), y quienes lo critican, especialmente desde posiciones progresistas.

Así y mientras siga funcionando este constructo, los ciudadanos de nuestro país vamos a poder seguir disfrutando atónitos de un Gobierno capaz de producir centenares de escándalos que se van a ir superponiendo, confundiéndose unos con otros y chocando a velocidades de vértigo sin que realmente lleguen a afectar a la intención de voto de los más fieles.

La noticia es que esta táctica cortoplacista también impide que la intención de voto del Gobierno crezca más allá de sus límites ideológicos y especialmente hacia los enormes caladeros del voto del centro político, encerrándolo por el contrario en una posición cada vez más radicalizada y defensiva de la que no le va a ser sencillo salir.

Y eso no augura nada bueno para un Ejecutivo que, una vez cumplido su primer año, debería estar en su apogeo político y que según las encuestas, lejos de esto, habría perdido ya millón y medio de votos a pesar de los ímprobos esfuerzos de la factoría 'monclovita' por embarrar, confundir y generar escándalos políticos.

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