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Miquel Giménez

Opinión

El gobierno ni está ni se le espera en Cataluña

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. EFE

En mi tierra cada mañana millones de personas se levantan para intentar, ya no ganarse la vida, sino poder pagar los impuestos. Mientras, los políticos viven muy bien sin gobernar o rompiendo todas las leyes. ¿Y el gobierno?

Rajoy, el ausente

Aunque se rasguen las vestiduras diciendo que el 155 ha supuesto la destrucción del autogobierno y no sé cuantas historias más, lo cierto es que en Cataluña no ha cambiado nada. Los separatistas siguen intimidando a todos los que no piensan como ellos, se continúa con la coacción en universidades, escuelas, incluso empresas. Los medios de comunicación públicos pertenecientes a la Generalitat vomitan a diario toneladas de odio envuelto en mentiras. Los privados, también, porque viven de las subvenciones que les da la misma Generalitat que mantiene a los públicos. En la administración autonómica continúan en sus cargos los mismos conmilitones que ocuparon los despachos del poder de la mano de los convergentes, sin que nadie les pida explicaciones por tener las fachadas de sedes oficiales empapeladas con carteles en favor de la libertad de los presos políticos con decenas de lazos amarillos. En los Mossos se continúa ejerciendo presión en contra de los policías que están del lado de la ley y el orden constitucional.

Los medios de comunicación públicos pertenecientes a la Generalitat vomitan a diario toneladas de odio envuelto en mentiras

Viendo todo esto y muchas cosas más, como la arrogancia con la que te miran los que llevan el lacito amarillo en la solapa y te repasan de arriba abajo, como si te perdonasen la vida, lo primero que te viene a la cabeza es gritar en medio de la plaza de Sant Jaume ¿de qué cojones ha servido el 155, salvo para que esta panda de mangantes pueda hacerse la víctima? ¿De qué sirve el Estado si hace dejación de la primera de sus funciones, a saber, mantener la ley y el orden que deben ser iguales para todos? ¿Volverá a decir Mariano Rajoy que los catalanes no estamos solos, que tenemos un gobierno que nos defiende? ¿Tendrá pelendengues de hacerlo, cuando ni siquiera los líderes de los partidos constitucionalistas se ven libres de peligro, teniendo que salir escoltados del Parlament ante los radicales?

Porque el envite no se reduce a una cuestión entre Puigdemont o Junqueras, la cosa es mucho más seria y no va, parafraseando a los separatistas, de nombres. Se trata de respeto, ¿me entiende, don Mariano?, respeto a la ley. Que tal cosa no la entienda un separatista o un radical podemita lo doy por sabido, ya que son gente de pensamiento autoritario y, por tanto, eso de respetar a los que no sean de los suyos se la trae al pairo. Pero usted que se reclama conservador liberal, o liberal conservador, que me pierdo con tanto subterfugio y tanto eufemismo, debería estar al frente de todo esto. Y no lo está. Se permite desde Moncloa que la vergüenza, el ridículo y la parálisis económica, política y social se hayan apoderado de Cataluña, ítem más, se lanzan mensajes suicidas contra otros partidos como Ciudadanos, en lugar de aproximarse a ellos para combatir el mismo peligro.

Mire, señor Rajoy, son ustedes unos completos irresponsables

Mire, señor Rajoy, son ustedes unos completos irresponsables. Si Aznar no hubiese desterrado a Vidal Quadras para complacer a Pujol, para, después, firmar con el padrino convergente el pacto del Majestic, ahora el PP tendría bastantes diputados en la cámara catalana. Sepa usted, y dígaselo a Aznar sí lo ve, que para ganar en estas tierras no se precisa hablar catalán en la intimidad ni asesinarlo en público para jolgorio de los mismos a los que se pretende halagar.

Mucho menos efectivo es recurrir a frases típicas y tópicas sobre la industrial y hacendosa Cataluña, modelo de laboriosidad, o el consabido remoquete de que Cataluña es lugar de acogida, usted ya me entiende. Aquí, los que no están drogados por la adormidera separatista, se atienen a hechos. Los que usted no ha cumplido.

No hace falta que vengan ministros, con que lo haga la ley basta

Su problema, el de todos los partidos nacionales, es que ve a España como algo similar a los coros y danzas de la Sección Femenina. Mucho traje regional, mucha muñeira, jota, sevillanas o sardanas, en fin, un mosaico folclórico-recreativo y se acabó. No ha entendido nada acerca de la nación más vieja de Europa, señor presidente. Ni ha entendido que los de Puigdemont ven a Cataluña de la misma manera, como la suma de un cúmulo de tradiciones más o menos inventadas, canciones, bailes, ensoñaciones que están bien para un ratito, pero nada más.

No podemos ser el compendio de una enciclopedia de usos y costumbres, como es el Amades catalán, y mis lectores de esta tierra me entenderán perfectamente. Los países, las naciones, están integradas por personas, presidente, por gente que sufre lo mismo en Galicia, Cataluña o en Pernambuco si no pueden pagar el alquiler o dar de comer a sus hijos. El mundo no se divide en países de colorines, sino entre la buena y la mala gente. La vida, presidente, la vida es lo que nos une, y compartirla de manera decorosa y en paz es el mandato que nos compete durante el escaso tiempo que pasamos en este mundo.

Normalidad, presidente, equivale a decir que puedo salir a la calle con una bandera de España sin que nadie me insulte o agreda

No soy de los que opina que el PP es la encarnación de todo mal habido y por haber en la tierra, pero tienen ustedes una grave acusación que pesa sobre sus cabezas. No, no me refiero a la corrupción, porque, aunque hay que ver la que se conoce que existe en su partido – como en otros, véanse los ERES en Andalucía por parte del PSOE o el tres por ciento de los convergentes en Cataluña -, hablo de la cobardía que supone la inhibición ante quienes te agreden, te violentan, te intimidan. A los catalanes, a más de la mitad al menos, los separatistas nos han secuestrado la cosa más imprescindible para sentirse libre y seguro, que es la normalidad. Normalidad, presidente, que equivale a decir que puedo salir a la calle con una bandera de España sin que nadie me insulte o agreda; es decir que puedo hablar libremente en el trabajo, en un local público o en familia sin que surja de inmediato la rabia, la discusión fanatizada e incluso el odio; es la normalidad de saber que voto a unos políticos para que lo hagan mal o bien o incluso regular, pero que cada cuatro años tendré la posibilidad de renovarles el contrato temporal o no. A esa normalidad me refiero, la que me garantice que mis hijos puedan ir a un colegio donde no se les inocule el veneno del supremacismo, que pueda ver un programa de la televisión autonómica sin tener que ponerme a vomitar, que cuando vea a un Mosso me pregunte a quién sirve, si a mí o al político que le manda.

Las empresas no vuelven, presidente, porque saben que aquí no ha cambiado nada, que la pauta la siguen marcando estos orates, que usted se fuma un puro, lee el Marca y ha dejado a esta tierra a los pies de los caballos. Algunos dirán que usted no empezó el lío y que no es responsable del desastre. Disiento. Mire, que con el nacionalismo exacerbado y la retórica inflamada de esta tropa íbamos a acabar mal se veía venir. Incluso muchos de los que, desengañados con los socialistas, creímos ver una oportunidad de mejorar la justicia social en ello. Lo que nunca esperábamos es que, desde el gobierno de la nación, se iba a templar gaitas con esta gente. Porque aquí el peso de la contraofensiva lo llevan los jueces, presidente, y no los políticos. Para pasar por el fielato de la ley las culpas de los implicados bien está, pero para acometer las reformas que precisa Cataluña y España no, para eso le pagamos a usted, al gobierno, a todo el congreso.

En España andamos sobrados de administraciones. La autonómica, la primera. Sobran reinos de taifas, sobran napoleones de pueblo, sobran cargos, parlamentos, parques automovilísticos, sobra todo lo que desde Europa hace años le dicen que debe suprimir. Uno esperaría que, con lo sucedido aquí, esta sería una buena ocasión para poner el paño al púlpito y sajar el melón del debate constitucional en este sentido. Pero claro, usted diría que si la oposición es así – y si, por desgracia es así y lo que usted quiera – y que si el momento no es oportuno, y que si blablablá. ¿Sabe lo que es eso? Miedo. Puro y simple miedo. Complejos de que lo llamen franquista. ¡Coño, pero si ya lo hacen!

Total, que al gobierno no se le espera por estos pagos. Tampoco lo esperen en otros. Estamos condenados a ver como se hunde el barco mientras la orquesta interpreta una canción de OT. Pan y circo.

Miquel Giménez


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