Cuando concluyen las maniobras militares los mandos responsables se reúnen para hacer un juicio crítico y contrastar los objetivos de lugar y tiempo con lo sucedido sobre el terreno para sacar conclusiones válidas. Ese debiera haber sido también el proceder de la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE, después de los resultados obtenidos por sus candidatos el martes cuatro de mayo en las elecciones autonómicas de Madrid. Pero se diría que los líderes del PSOE han confirmado aquello de que los dioses ciegan a quienes quieren perder, al optar por la ceguera precursora del desastre. Da la impresión de que se han entregado a la fatalidad ferlosiana del “vendrán más años malos y nos harán más ciegos; vendrán más años ciegos y nos harán más malos”. 

En esa línea habría que leer la página de José Álvarez Junco en el diario El País del pasado domingo, día 23, a la que hubiera cuadrado mejor el título de La débâcle, como la novela de Émile Zola. El caso es que mientras Álvarez Junco cita a Juan Carlos Monedero diciendo que le resulta incomprensible que el pueblo haya regalado el poder a sus enemigos, a los que viven de él, a sus “señoritos”, merecería plantearse si “¿no será que, en vez de ser tontos o traidores los votantes, los esquemas explicativos de la izquierda son inadecuados?”. 

Pero se ha preferido sumar el triunfo electoral de la pepera Isabel Díaz Ayuso a la cuenta de las cañas y berberechos, como si no hubiera algunas lecciones relevantes que aprender antes de dar lugar a que se encienda el cambio de ciclo que por todas partes se anuncia. Algunas muestras pueden ser el rechazo de la patronal CEOE a la última propuesta del Ejecutivo para prorrogar los ERTEs, el plante del Consejo de Administración de Indra negándose a nombrar presidente al candidato de la SEPI, los problemas que suscita el pretendido indulto a los condenados del procés, la bronca entre Emiliano García Page de Castilla La Mancha y Ximo Puig de la Generalitat de Valencia a propósito del trasvase Tajo-Segura, la provocación marroquí sobre Ceuta, el olvido, que va ya para cuatro meses, del presidente Biden para devolver la llamada de felicitación de Moncloa tras su toma de posesión, la crítica de Adriana Lastra a Iván Redondo culpabilizándole de las urnas de Madrid y así sucesivamente.

Cunde la idea de la conveniencia de un cambio de caras en el Gobierno para dar que hablar, pasar algunas cuentas y suscitar algunas esperanzas. Pero ¡ojo al cambio! porque el Gobierno es de coalición y el coaligado puede tener ideas propias al respecto

Además, cunde la idea de la conveniencia de un cambio de caras en el Gobierno para dar que hablar, pasar algunas cuentas y suscitar algunas esperanzas. Pero ¡ojo al cambio! porque el Gobierno es de coalición y el coaligado puede tener ideas propias al respecto. Antes del verano sonarán los clarines. 

Mientras, cuando Pilar Rahola se cae de su columna de La Vanguardia por exigencia de la Esquerra de Pere Aragonès, conviene releer la entrevista que la víctima de hoy le hizo al editor de siempre Javier Godó, conde de Godó, en solemnidad tan relevante como la del 130 aniversario del diario cumplido el 1 de mayo de 2011. Porque nunca se vio caballero de dama tan bien servido, ni halagado. Atendamos a los movimientos en la esfera de los medios de comunicación donde de la mano de Iván Redondo puede estar consumándose un cambio de cartas Barcelona-Madrid muy vistoso tras la llegada de Vivendi protector en Francia de los lepenes. Recordemos el prestigio de la escasez advertidos como estamos por Cervantes al final de su prólogo a la segunda parte de Don Quijote donde nos dice “que la abundancia de las cosas, aunque sean buenas, hace que no se estimen, y la carestía, aun de las malas, se estima en algo”. Continuará.