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José Luis Feito

Opinión

La gestión de la crisis económica

La gestión de la crisis no puede ir supeditada a idearios que se arrogan la representación de los trabajadores y de los más desfavorecidos a quienes han hundido allí donde han gobernado

Una pareja camina con mascarillas para protegerse del coronavirus en Pamplona.
Una pareja camina con mascarillas para protegerse del coronavirus en Pamplona. Europa Press

En tiempos de crisis es especialmente importante distinguir entre dos horizontes temporales de referencia para la política económica: el que transcurre entre el comienzo de la depresión y la plena afirmación de la recuperación económica y el que se iniciaría a partir de ese momento. En la primera de estas dos etapas la política económica ha de ser lo más certera y expansiva posible. En la segunda, cuyo análisis dejamos para otro momento, la política económica ha de ir girando para asegurar la estabilización y gradual reducción del endeudamiento público.

La gestión económica durante esta primera etapa es mejorable. Para ello se han de intensificar las cosas que se están haciendo bien, corregir lo que se ha hecho mal, evitar nuevos errores y adoptar algunas medidas imprescindibles para reducir la destrucción de empleo y alentar su recuperación. Entre las acciones más eficaces instrumentadas destaca la concesión de liquidez con avales del Estado a través de las líneas ICO. Aunque pueda resultar paradójico, cuanto antes y más aumenten hoy los pasivos contingentes en los que incurre el Estado por estos préstamos menor será mañana la deuda pública en proporción al PIB. Hay todavía un amplio margen para incrementar el montante de estas líneas de crédito y sería deseable que así se hiciera con la mayor rapidez posible. Igualmente acertadas, e igualmente tímidas también, han sido las medidas de aplazamiento o reducción de cuotas y obligaciones tributarias de autónomos y pymes.

Siempre resulta negativo para el empleo y el crecimiento económico legislar desde concepciones marxistas que contemplan la economía como la arena donde se enfrentan el proletariado y el capital

Otra medida positiva ha sido la activación de los ERTE, que está impidiendo de momento la descomunal destrucción de tejido empresarial y empleo que habría ocurrido en su ausencia. Desgraciadamente, el desconocimiento del mundo de la empresa por parte de nuestras autoridades laborales, por no hablar de desconfianza e incluso animadversión, están generando una incertidumbre e inseguridad jurídica que pueden terminar ocasionando una destrucción de empleo mayor que la que ocurriría con una visión más informada de la realidad empresarial de nuestro país. Siempre resulta negativo para el empleo y el crecimiento económico, especialmente en tiempos de crisis, legislar desde concepciones marxistas que contemplan la economía como la arena donde se enfrentan el proletariado y el capital.

En cuanto a los errores que se deberían evitar en lo que quede de esta primera etapa, conviene empezar por uno que está a punto de perpetrarse: el establecimiento de un ingreso mínimo o renta básica permanente. Las medidas de sostenimiento de rentas durante la crisis son necesarias y de vital importancia, pero han de ser coyunturales y circunscritas a los hogares más necesitados y afectados por la crisis. Las medidas de complementar la renta y permitir la percepción del seguro de paro a las personas afectadas por los ERTE aunque no hayan cotizado lo suficiente para ello son perfectamente compatibles con este principio. Como también lo son las medidas para que empleadas/os del hogar puedan percibir ingresos del Estado si dejan de percibirlos de sus empleadores mientras persistan situaciones de confinamiento extremo. O las concernientes a las ayudas al pago de hipotecas y alquileres. Como también lo sería complementar temporalmente desde el Estado central las rentas de inserción que conceden las administraciones autonómicas y locales.

Economía sumergida

El establecimiento de un ingreso mínimo permanente, sin embargo, es de naturaleza completamente diferente. Esta medida, además de elevar permanentemente el gasto público y la presión fiscal latente, erosionará la creación de empleo y el vigor de la recuperación. Esto es así porque el incentivo que esta renta básica desencadenará en muchos individuos a vivir de las ayudas, reducirá la oferta de trabajo y el potencial de crecimiento económico, al tiempo que ensanchará la economía sumergida y mermará los ingresos públicos. En el mejor de los casos, se implantará una suerte de itinerancia permanente entre la renta básica, la economía sumergida y empleos ocasionales que se abandonaran cuando se haya ingresado lo suficiente para poder seguir viviendo de las ayudas.

Es un colosal sinsentido que, con el nombre de sus autores, ilustrará los textos de economía futuros como ejemplo de cuándo y dónde no se debe adoptar una medida del tipo renta básica

Baste señalar, al respecto, lo acaecido con el PER y ayudas anejas en CCAA como Andalucía y Extremadura cuyas tasas de empleo y de renta per cápita son sustancialmente menores que la media nacional y menores de lo que serían si no se hubieran promulgado dichas ayudas. En un país con una tasa de paro permanente tan alta y una tasa de empleo tan baja como las nuestras, y un tamaño de la economía sumergida que supera con mucho el de casi todos los otros países europeos, establecer un ingreso mínimo permanente hará muy difícil estabilizar el ratio deuda pública en proporción al PIB. Es un colosal sinsentido que, con el nombre de sus autores, ilustrará los textos de economía futuros como ejemplo de cuándo y dónde no se debe adoptar una medida de este tipo.

Tampoco sería recomendable, en las circunstancias actuales, efectuar bajadas generales de los tipos del IRPF o del impuesto de sociedades o de los impuestos indirectos, si bien obviamente sería aún peor subirlos. La incertidumbre y el pesimismo reinantes sobre el devenir económico, así como la carga de devolver los créditos que se hayan contraído, están provocando un incremento estructural notable de la propensión al ahorro de familias y empresas. Bajadas indiscriminadas de los tipos impositivos ahora sólo servirían para alimentar esta elevada propensión al ahorro sin que dichas bajadas tuvieran impacto apreciable alguno sobre el consumo o la inversión.

Hoteles y restaurantes

Lo dicho no excluye la posibilidad de bajar los tipos efectivos actuando sobre las deducciones de la base o de la cuota del impuesto. Así, por ejemplo, en el caso del impuesto de sociedades, permitir aumentos de deducciones por amortización acelerada de activos sería mucho más eficaz que bajar tipos impositivos. Asimismo, permitir a los contribuyentes deducciones de la cuota o de la base del IRPF hasta cierto porcentaje por gastos realizados en bares, restaurantes, hoteles (los subsectores más afectados por la crisis) sería mucho más eficaz que bajadas del IVA.

No es una salida social a la crisis la que mantiene por ley salarios “dignos” que aumentan el paro y la economía sumergida sino la que minimiza las pérdidas de empleo y estimula su creación

Una medida que sería muy eficaz e imprescindible para frenar la destrucción de empleo y acelerar la creación del mismo cuando llegue la recuperación es la reducción de las cotizaciones mínimas a la Seguridad Social y la suspensión de la legislación sobre el salario mínimo, o al menos retrotraer lo uno y lo otro a los niveles de 2017. Esta crisis acarreará, ya lo está haciendo, reducciones salariales que serán más intensas en los salarios más elevados pero que también llegarán, en menor proporción, a los salarios bajos allí donde sea la única alternativa posible a la pérdida del empleo. Mantener los niveles vigentes de cotizaciones sociales y salario mínimo sólo servirá para acelerar la desaparición de empresas y multiplicar la ya de por sí masiva destrucción de empleo. No es una salida social a la crisis la que mantiene por ley salarios “dignos” que aumentan el paro y la economía sumergida sino la que minimiza las pérdidas de empleo y estimula su creación.

En suma, la gestión de la política económica en estos tiempos de pandemia es endiabladamente complicada tanto por la irreductible incertidumbre sobre la evolución del virus que ha provocado esta crisis como por la inaudita gravedad de la misma. La gestión puede resultar nefasta si a estas insuperables complicaciones se une la supeditación a idearios que se arrogan la representación de los trabajadores y de los más desfavorecidos pero que allí donde han gobernado sólo han conseguido hundir las condiciones de vida de los unos y de los otros.

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