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Miquel Giménez

Opinión

Y la gente se levantó

Y la gente se levantó
Y la gente se levantó

Cuando a uno le asedia cierta melancolía teñida de desespero respecto a Cataluña, asociaciones como Aixeca’t-Levántate te devuelven la esperanza. Gente joven de ideologías diversas que decidieron un día levantarse y protestar en nombre de la mayoría silenciada. Que no silenciosa.

En el nombre de la ley

A raíz de los atentados yihadistas de agosto pasado, un grupo de jóvenes, básicamente profesionales del derecho, vieron que las cosas no iban bien. La manipulación por parte del separatismo de lo que hubiese debido ser una manifestación de dolor, de solidaridad con las familias, de recuerdo para los asesinados y de repulsa total hacia la violencia terrorista se convirtió en un repugnante acto partidista donde se insultó al Rey, al gobierno y a políticos. Muy propio de los supremacistas catalanes. Esos jóvenes – y jóvenas, que diría un estulto apóstol de la pseudo corrección política-, que jamás habían participado en política, sin afiliación ninguna y con cero experiencia en lo que llamamos debate ideológico, dieron un paso al frente. Lo hicieron porque entendieron que era su deber y porque entendieron que nadie que creyese en el imperio de la ley, que es lo mismo que decir democracia, podía quedarse al lado.

Podrían haberlo hecho. Se ganan la vida, tienen currículums impresionantes, y saben muy bien lo que es batirse el cobre en todos los ámbitos, incluso los internacionales. Pero, repito, entendieron que existe algo más allá del cansineo de reivindicar derechos mixtificados que solo encubren injusticia y división. Y el tres por ciento, claro, o el veinte o el cincuenta.

De ahí nace la asociación Aixeca’t-Levántate. Su presidenta es una abogada barcelonesa que no para un instante. Es un magnífico ejemplo de lo que les contaba. Igual anda por Bruselas, que por África Central, que está lidiando en un tribunal de aquí. Alexandra López-Liz tiene muy claros cuáles son los objetivos de la entidad que preside. No aspiran a ser un partido político, no aspiran a que nadie les dé un cargo, no quieren subvenciones. Como ellos mismos definen en su ideario “El nacionalismo ha roto la paz social en Cataluña y nos está empobreciendo”. Pretenden derribar esas fronteras artificiosas y mixtificadas para lograr “…una nueva Cataluña donde el origen, la lengua, la cultura o los sentimientos de pertenencia no sean condiciones que otorguen o quiten derechos”. Ahí queda eso.

No son muchos ni pretenden convertirse en un movimiento de masas. Simplemente han optado por, desde el respeto más escrupuloso de la ley, convertirse en observadores atentos del despropósito que perpetra a diario en tierras catalanas la administración autonómica, sus excesos, sus bravuconerías, sus pulsos al Estado y, en definitiva, su constante vulneración de las normas de convivencia. Abarcando todos los ámbitos de actuación de la Generalitat, ejercen su magisterio como profesionales del derecho señalando, denunciando, advirtiendo acerca de todo lo que anda mal en Cataluña. Todo ello sin percibir remuneración alguna, sin más patrimonio que su capacitación y su espíritu de servicio.

Como es fácil de comprender, no les falta trabajo.

Qué hacen en Aixeca’t-Levántate

Desde su fundación en otoño pasado no se han quedado mano sobre mano. Ojo al parche, porque su actividad ha ido en aumento, desplegándose en todos los terrenos en los que han considerado que el separatismo ha vulnerado la ley. Les ruego que lean con atención lo que puede dar de sí un grupo entusiasta, cargado de razones morales y jurídicas, que no es moco de pavo. Atentos al estadillo.

En su cortísima existencia, Aixeca’t-Levántate ha presentado más de ciento ochenta denuncias, y suma y sigue, ante el Consejo Audiovisual de Cataluña por contenidos inapropiados en TV3 y Cataluña Radio. Les soliviantó el cinismo del director de TV3, Vicent Sanchís, cuando dijo en el parlamento catalán que TV3 era modélica porque no recibían más de cuatro o cinco quejas al año. Así de anestesiada está la población separatista que la ve, y así de ignorante de lo que allí se perpetra pagado con fondos públicos está la mayoría de los catalanes, que no la ven ni les interesa. Pues bien, analizando contenidos, han hecho lo que no hace el CAC, ni el Consejo de Administración de TV3, ni el Parlament, ni San Pedro Bendito.

Vayamos a la administración catalana, la que se muestra ufana al ver como funcionarios que pagamos entre todos queman ostensiblemente fotos de políticos constitucionalistas y folios con el texto del 155. Ya han presentado más de trescientas denuncias ante diferentes departamentos de la Generalitat por uso de simbología y propaganda separatista con lazis y pancartas en favor de los presos “políticos”; también por propaganda no autorizada en período electoral el pasado diciembre o por falta de aplicación del artículo 155. Basta darse un garbeo por diferentes departamentos de la Generalitat para comprobar como en todos hay funcionarios atendiendo al público con su lazi, pancartas en favor de los presos o los fugados. El separatismo está apretando a sus mesnadas para que demuestren cuán agradecidas están por tener un empleo para toda la vida.

Tampoco se han cortado un pelo cuando se ha tratado de denunciar el uso de simbología separatista en las iglesias, con esos enormes lazis colgados de fachadas, o esas esteladas monstruo, llegando incluso a la profanación de los templos poniendo en el suelo – no es mal sitio, por la cosa de, si han fregado, poderlo pisar – enormes y ostensibles plásticos amarillos. ¿A quién se han dirigido? A la Conferencia Episcopal, al Tribunal Eclesiástico, a la Nunciatura, al Obispado y a la Secretaría Vaticana. Debería saber la Iglesia que la Casa de Dios es de todos y no de unos cuantos. Recuerdo a monseñor Setién y mucho me temo que al obispo de Solsona nadie le diga ni mú, pero el gesto de esta gente es valiente, honesto, e incluso doloroso, por ser algunos creyentes.

Vayamos a lo sustancial, que diría el clásico, es decir, a la monstruosa ideología supremacista que esconde el racismo del Doctor Robert, de Prat de la Riba, de Barrera, de Pujol o de Torra. Ya son cuarenta las denuncias presentadas por Aixeca’t-Levántate ante la Delegación del Gobierno y el Consejo General del Poder Judicial por incitación al odio. No es tema baladí, porque si los constantes ataques del separatismo hacia los que no comulgamos con ellos se dirigieran hacia cualquier otro colectivo, léase musulmanes, comunidad gay o judíos, por poner solo algunos ejemplos, a estas horas los responsables estarían fulminados.

En el terreno de la educación, ese que afecta lo más valioso que posee cualquier sociedad, los niños, han presentado más de ciento treinta denuncias ante la Alta Inspección de Educación, remitidas por este a la Secretaria de Estado. Ya se pueden imaginar el motivo: vulnerar lo que debe ser la educación a los niños, a saber, imparcial, sin partidismos y carente de prejuicios del tipo que sea. El asedio a hijos de guardias civiles en un instituto de Sant Andreu de la Barca solo es la punta del monstruoso iceberg de la escuela catalana, la de la inmersión porque a mi me da la gana y, si no te gusta, te vas de Cataluña. Qué horror.

Dicho lo cual, que no es poco, no crean ustedes que se limitan a desempeñar esta encomiable labor de vigilancia desde la ley, de denuncia del despropósito separatista. También han salido a la calle para limpiar la propaganda separatista en diferentes localidades catalanas. A eso lo llamamos los que ya estamos en el umbral de los sesenta unir teoría y práctica.

Si, es maravilloso que la gente, la buena gente, se levante. Aún queda esperanza.



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