Opinión

La gallina ciega, un manual de exhumación para millennials

La gallina ciega, un manual de exhumación para millennials.
La gallina ciega, un manual de exhumación para millennials. EFE/VP

Para una cosa en la que Pedro Sánchez no cambia de criterio, como decía Carlos Alsina esta semana, le tocaba a Moncloa sacar punta electoral. Y lo ha hecho, de la peor forma posible. La exhumación de Franco ocurrió en medio de un clima extraño, una mezcla de apolillado felpudo funerario, carpa de circo y el rebrote de la beatería guerracivilista, desde Zapatero en modo primera legislatura hasta Baltasar Garzón, esta vez sin grabación con Villarejo. Eso, sin hablar de Tejero, a su manera él también exhumado. La memoria como esperpento y propaganda.

De cierre de ciclo, la exhumación tuvo bastante poco. Hasta el punto de parecer un segundo funeral de Estado. ¿A quién le habla esto? El 66,4% de los censados para votar el próximo diez de noviembre no había nacido o tenía menos de 15 años cuando murió Franco. Recuerdan poco y mal, o desconocen por completo lo que su figura significa. Eso no blanquea al dictador ni relativiza el problema que sigue planteando el Valle de los Caídos, pero apunta a una verdad: el mundo al que Franco ha vuelto, resucitado por su exhumación, no es el mismo en el que fue enterrado.

Durante la exhumación, hubo un rebrote de la beatería guerracivilista, desde Zapatero en modo primera legislatura hasta Baltasar Garzón, esta vez sin Villarejo

Muchos jóvenes no son capaces ni siquiera de identificar a Franco. Hay quienes piensan que murió asesinado; que nombró como sucesor a Santiago Carrillo; que España entró en la Unión Europea con él aún en el poder y que la dictadura fue aquel tiempo en el que sus padres corrían delante de los grises, planteándolo como algo hasta folclórico, como explicó en una ocasión Carlos Berzosa, el rector de la Complutense, para referirse a la idea vaga que tienen los universitarios de la dictadura franquista y de la propia figura del 'Generalísimo'.

El electoralismo de Pedro Sánchez en el caso de la exhumación le habla a una España muy distinta de la que él forma parte. No han faltado análisis sobre cuánto pueda esta medida caldear los ánimos a favor de Vox, cuyo electorado, mucho más ideologizado, verá el voto a Santiago Abascal como un desagravio ante la medida del PSOE de desalojar al dictador de su mausoleo. Saturar el Pantone ideológico es la medida más eficaz para deslavar, en la medida de lo posible, a PP y Ciudadanos. Sin embargo, queda sin resolver el lugar que ocuparán en la memoria de los españoles los miles de huesos aún apilados en Cuelgamuros y a los que este gesto sigue dejando en la oscuridad y el anonimato.  

En la gallina ciega, sus memorias tras volver del exilio, Max Aub ya critica la desmemoria de las nuevas generaciones, que nada saben de la Guerra Civil

Para ese 66% del electorado que poco sabe de Franco, la tierra sigue girando. Incluso puede que interpreten esta exhumación como la previa de un Halloween, al fin,  castizo. Se detendrán, acaso con cierta perplejidad, ante un dictador momificado por la lluvia fina de la desinformación y la confusión. Un nuevo bucle sin mayor desenlace que la puesta en escena. Un cofre venido de otro tiempo, unas exequias más parecidas a la apología que al desagravio. 

En La gallina ciega, los diarios de Max Aub tras volver a España luego de 30 años de exilio, el escritor habla de su encuentro con un país que ya no reconoce. Critica, ya entonces, el año 1969, la desmemoria de las nuevas generaciones, que nada saben de la Guerra Civil, y también señala el olvido voluntario de sus coetáneos, obligados por las circunstancias a callar. No saber lastra. Es una lluvia que emborrona lo importante y continúa enmoheciendo los huesos de las miles de personas de las que no es posible saber, ni siquiera, el nombre.  

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