Hace una década hice, por encargo de terceros, un estudio sobre el modo de vivir y la economía alemana. En lo que atañe a la organización bancaria y las diferencias, ya en aquella época, que había con España, el horario de los bancos era de 10:00 a 17:00 de lunes a viernes y sábados de 10:30 a 15:30 horas; había muchas menos oficinas bancarias que en España y más informatizadas de cara a que fuese el propio cliente el que digitara sus operaciones; las oficinas eran rectangulares, con unos silloncitos de espera en el lado izquierdo y ocho o diez cabinas de 1,50 x 2,50 metros cuadrados en el lado derecho, dotadas con todo tipo de elementos informáticos para que el cliente hiciera sus operaciones, desde un ingreso a una transferencia, pasando por pedir un crédito o comprar acciones; al final de la oficina, una mesa con dos azafatas de información y asesoramiento sobre cómo tenían que interactuar los clientes; en esa planta baja, no había ningún empleado más. Y una escalera que subía a la planta superior en donde estaban los servicios especializados de banca privada, de empresas e institucional. Y las grandes sucursales de las principales ciudades contaban con asesores financieros con perfecto dominio de varios idiomas.

En España, de menos de veintiocho mil oficinas bancarias en el año mil novecientos ochenta y uno, se pasó a un cénit de 45.500 oficinas en el dos mil siete, en plena vorágine del “todo vale”. Ese año eran 270.000 los empleados de banca. Desde ese año y cifra, se ha venido reduciendo el personal de forma silenciosa y sin conflictos laborales.

'Quitas' a morosos

Las fusiones, adquisiciones, y desaparición en algunos casos, de diferentes marcas, llevan inevitablemente a la disminución de personal, problemas acrecentados en estos momentos por la crisis económica y financiera existente, por la escasa rentabilidad de las operaciones, por la informatización que se ha llevado a cabo, por el alto índice de morosidad que desde el año 2013 se encubre bajo amortizaciones aceleradas y contabilización en situación de fallidos (unas 700.000 personas pasarán de estar en ERTE al paro; el Banco de España alerta que, según sus estudios, el 35% de los avales ICO acabarán impagados y que la banca sólo ha provisionado un 30% de lo que debería); y por una legislación que protege, sin paliativos, al mal pagador, que va a verse reforzada mediante la ampliación del plazo de los preconcursos hasta doce meses y la conversión de deuda en capital, incluyendo “quitas” a los morosos, según prepara el Gobierno, que no sabe cómo salir del pozo en el que estamos metidos.

La eclosión empresarial habida en España al albur del crédito fácil y barato, crecimiento exponencial infinito, es difícil que vuelva a repetirse, al menos en muchos años

Aunque los últimos datos publicados presentan un crecimiento del beneficio de la banca, hay que analizar con detenimiento de dónde viene, de qué países, en qué rúbricas y, sobre todo, qué porcentaje corresponde a actividad bancaria recurrente. La eclosión empresarial habida en España al albur del crédito fácil y barato, crecimiento exponencial infinito, es difícil que vuelva a repetirse, al menos en muchos años.

Todo ello, en conjunto, ha desembocado en una reestructuración de la banca como tal: menos oficinas pero más grandes; muchos pueblos pequeños están quedando sin atención bancaria; menores sueldos; banca telemática o a distancia (con menos empleados); cobro de comisiones por cualquier concepto: hace unos días sentí vergüenza ajena cuando vi que a un señor de unos 80 años que iba a sacar 500 euros de la pensión, le cobraban dos euros de comisión por utilizar el servicio de caja; riesgos más selectivos, controlados y vigilados constantemente a precios más caros; productos de intermediación que dejan más beneficios por comisiones; sin retribución a los depósitos de clientes de tal forma que se trasvasen a planes de inversión o de ahorro, que generan más comisiones y no tienen garantía ni de principal ni de intereses; fondos con rentabilidad objetivo en función de subyacentes, y nuevos productos por descubrir de alto valor añadido para la entidad emisora; la intermediación en las operaciones financieras será sustituida por la tecnología blockchain y las cadenas de bloques, con las que se realizarán las transacciones en diferentes actividades y sectores.

De esta situación hay tres grandes damnificados: Los accionistas, que han visto cómo su inversión se ha venido reduciendo durante los últimos años; los propietarios de los inmuebles en los que estaban establecidos que, en muchos casos, los compraron con un préstamo hipotecario que les concedió el propio banco, que así afloraba plusvalías, convenciendo a esos clientes que la renta mensual pagaba la cuota del préstamo, y que de esta forma se quedan sin alquiler y endeudados; y los empleados que, hasta ahora, se venían prejubilando sin apenas ruido social.

'Desenganche laboral'

En cuanto a los empleados, son 12.000 en total los que están incursos en un “desenganche laboral” por parte de BBVA y CaixaBank. En el momento que escribo estas líneas, se ha dado a conocer las condiciones que uno de esos dos grandes bancos ha presentado a los trabajadores mediante un ERE:

1.- Adhesión voluntaria de las personas afectadas a las medidas que se exponen a continuación. La empresa se reserva el derecho de rechazar la misma.

2.- En caso de no cubrir el número inicialmente previsto, el criterio de afectación será el de menor valoración de desempeño obtenido en los dos últimos años.

Personas con 63 o más años: Indemnización de 20 días por año trabajado con un tope de 12 mensualidades.

Personal entre 58 y 62 años, con una antigüedad igual o superior a 15 años: Renta temporal del 65% de la retribución fija, desde fecha extinción contrato hasta los 63 años, con abono del convenio especial de Seguridad Social y descuento de la prestación o subsidio por desempleo que percibieran.

Personal entre 56 y 57 años, con más de 15 años de antigüedad: Renta temporal del 60% de la retribución fija hasta los 61 años con abono del convenio especial de la S.S. y descuento de la prestación o subsidio que corresponda.

Resto de personas trabajadoras: Indemnización de 27 días por año de servicio con el tope de 18 mensualidades.

En un país en el que no se contrata a nadie que tenga más de 50 años, salvo políticos, sindicalistas y funcionarios, ¿cuál va a ser el futuro de tanto paseante ocioso? ¿Qué pensión va a quedar a quienes los despidan con esa edad y no coticen los últimos años de su vida profesional?

Es evidente que el tema de las pensiones hay que modificarlo si queremos que pervivan de forma digna, otra cosa es cómo. Y si lo único que inventamos es alargar la edad de jubilación mientras se despide al trabajador con 55 años, no es nada halagüeño el futuro que tienen los nacidos a partir de los años setenta del siglo pasado. Gobierno, sindicatos y empresarios tienen que exprimir al máximo sus cerebros, con un resultado en el que no haya vencedores ni vencidos, en el que los futuros jubilados no se queden fuera del estado de bienestar que otros reclaman para ellos, sin haber aportado nada en toda su vida.