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Rubén Arranz

El dardo de Arranz

Lo de EEUU no son fascistas, son frikis sin un tornillo en la cabeza

Asalto al Capitolio: las imágenes de los disturbios en Washington
Asalto al Capitolio: las imágenes de los disturbios en Washington EFE/ JIM LO SCALZO

Lo que ocurrió ayer en el Capitolio fue más vistoso, pero no muy distinto a lo que sucedió en septiembre de 2019, cuando varios cientos de tarados se presentaron en el desierto de Nevada para tratar de asaltar la base militar llamada Área 51, al considerar que el Gobierno de Estados Unidos había ocultado a la Humanidad información muy relevante sobre las criaturas extraterrestres. No quedaron en el centro de Los Ángeles, sino en mitad de un secarral al que se accede por caminos de tierra. Hay que tener voluntad...o no estar muy bien de la cabeza.

Cuestionaba hace unos días, ante otro periodista, que la prensa mantenga su política de ocultar los suicidios, pues el problema social es evidente y me parecía impropio que no se abordara en los periódicos. He de reconocer que su respuesta me convenció: “Informar de los casos individuales puede dar ideas a los potenciales suicidas. Y hay que tener cuidado con las ideas que se difunden en los medios y en las redes sociales porque pueden calar. Nunca subestimes el poder de imitación de la gente”.

Lo primero que pensé fue en las múltiples teorías de la conspiración que se vierten a través de foros y redes sociales; y que han convencido a una parte de la población -sin pruebas- de que las vacunas contra la covid-19 incluirán un chip o de que múltiples políticos del Partido Demócrata de Estados Unidos cometían actos pedófilos en una pizzería de Washington D.C. Sí, sí...esto último es así.

Quizás no se ha hablado lo suficiente de los efectos que genera en la población desencantada o desesperanzada el enorme compendio de tensión, agitación y conspiraciones absurdas que circula por internet, pero lo cierto es que han sido varios lunáticos los que han provocado matanzas en los últimos años influenciados por estos anuncios online del apocalipsis.

Y lo cierto es que este miércoles, en el Capitolio de Estados Unidos, apareció entre el humo un tipo vestido de Batman, que quizás estaba dispuesto a impedir que Donald Trump dejara de ser presidente de Estados Unidos.

El Caballero Oscuro, preparado impartir justicia en el gran imperio de la Edad Contemporánea. Y, a su lado, una especie de Buffalo Bill con la cara pintada; y otros dos muchachos con estética similar a la de los componentes del grupo Lynyrd Skynyrd que se mataron en el accidente de avioneta.

Fue hace unos años cuando un lunático mató a 12 personas en un cine de Denver durante el estreno de una película de Batman. Unos años antes, después de terminar su clase de 'jugar a los bolos', dos adolescentes se cargaron a 15 personas en el Instituto Columbine. A las puertas del Capitolio estaba ayer un tipo vestido del Capitán América, pero también otras decenas de locos vestidos como recomiendan los manuales de guerrilla urbana o de supervivencia de internet; y con la estética típica de los redneck.

No son fascistas: son chalados que se encomendaron a Donald Trump porque pensaban que era el único presidente que iba a defender los derechos del Estados Unidos que se encuentra a la sombra de las grandes ciudades. Y que iba a luchar contra el sistema que les había conducido a esa situación de malestar y falta de prosperidad en sus vidas. En este buen artículo de Víctor Lenore se documenta bien el fenómeno.

Pescar en río revuelto

Aprovechará la izquierda este patético acontecimiento para alertar sobre la resurrección del totalitarismo fascista, cosa que resulta exagerada, pues las imágenes de este miércoles asemejan más a los manifestantes a los moradores del Rancho Wacko que a los camisas pardas. Son locos radicalizados, como Anders Breivik. En este caso, no tienen el soporte de una religión, como los yihadistas que actúan como lobos solitarios, pero han encontrado en internet decenas de teorías de la conspiración absurdas que adoptar como dogma de fe.

Que haya más o menos pirados que hace unos años es otro tema; y que estuvieran alentados por un narciso que ha terminado de perder la cabeza tras las elecciones, como Donald Trump, también. Pero hay que tener cuidado con los intentos de la izquierda -previsibles- de legitimar la violencia que generaron movimientos como el Black Lives Matter a partir de estos acontecimientos, pues ambas formas de subversión son igualmente reprobables.

En tiempos de desesperanza, siempre surgen mesías y teorías de la conspiración a los que se aferran los descarriados; y es lo que ha ocurrido aquí. Quizás el problema no sean los locos, sino la situación que les ha llevado a la locura. Y en un Occidente en decadencia, la solución a esa crisis no va a ser sencilla. ¿Qué mejor ejemplo de este fenómeno que el hecho de que, en la era de la pujanza de China, un grupo de dementes, disfrazados, tomaran el corazón político del imperio económico en decadencia?

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