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Imma Lucas

Opinión

Esta España mía

Más que manosear burdametne el 155, es preciso aplicar cordura, sensatez y cordura ante la sentencia del Tribunal Supremo

Pedro Sánchez en la presentación de la campaña electoral.
Pedro Sánchez en la presentación de la campaña electoral. EFE

España es de todos, de la izquierda, de la derecha, de los rojos, de los azules, incluso de los independentistas catalanes que no quieren tener nada que ver con ella. De todos. Poca creatividad están poniendo en la campaña electoral que ya ha empezado. Mejor dicho, que no ha acabado desde el 28-A. Para el 10-N lo hacen con toda la intención, claro: España es lo más importante, lo demás son los ciudadanos que poco importan. Eso nos lo demuestran día a día con la incapacidad para gestionar el país. Para gestionar lo que importa: las pensiones, la educación, la dependencia, la muerte digna, el acceso al mercado laboral, la sanidad, erradicar la violencia machista, un sinfín de nimiedades para nuestros políticos actuales.

Mi querida España… Esta España mía esta España nuestra, de tu santa siesta ahora te despiertan…dónde están tus ojos, dónde están tus manos, donde tu cabeza, mi querida España, esta España mía esta España nuestra cantaba la joven Cecilia justo antes de la muerte de Franco. Y ahora, desde Sánchez a Errejón, pasando por Abascal, todos quieren hacer gala de lo mucho que aman a España. Sus eslóganes: Ahora España, España Siempre, Mas País. Al parecer, debe ser que no queremos a España lo suficiente y que tienen que ponerla en el centro del debate, quién sabe.

Y con esa España en el centro, que parece que deba de ser única, grande y libre, se saca de la manga Sánchez el comodín del 155 que no sirve para otra cosa que para incendiar las brasas que hay en Cataluña

Lo que sí que sabemos es lo que tienen que ofrecernos unos y otros, sus programas -duramente han estado trabajando Sánchez e Iglesias todo el verano- sus ideales, sus sueños, sus estridencias, sus teatralizaciones. Todo está encima de la mesa.

Y con esa España en el centro, que parece que deba de ser única, grande y libre, como en época de Franco, se saca de la manga Sánchez el comodín del 155 que no sirve para otra cosa que para incendiar las brasas que hay en Cataluña y que entre unos y otros, entre Madrid y Barcelona, ya parece que les va bien que por tierras catalanas haya “merder”. ¿De verdad hay que aplicar ahora un 155 en Cataluña?. Más me inclino a pensar que lo que hay que aplicar es cordura, sentido común y calma ante una sentencia que está por venir y ante una vía de diálogo que jamás se debería haber cerrado. Hace dos años, el 1 de octubre de 2017 fracasó la política en mayúsculas, en Madrid y en Barcelona. Esto no se soluciona ni con porras ni tampoco sólo con urnas. O se instaura la voluntad de solución de los conflictos mediante el diálogo o seguiremos teniendo conflicto para rato. Pasen y vean que el conflicto se fragua entre la Moncloa, Waterloo y la Generalitat.

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