¿Por qué ha publicado Iván Redondo una tribuna sobre la España del año 2050? No es una cuestión de prepotencia, ni siquiera para enturbiar el debate presente. Uno de los problemas electorales que tiene el PSOE es el voto joven y la idea de futuro. Los estudios sociológicos demuestran un hecho inquietante para el sanchismo: la juventud está muy politizada y vota a la derecha. Ese es un cambio que puede truncar los planes sanchistas de una Segunda Transición junto a los nacionalistas, orillar al PP, y consolidar su poder por muchos años.

Las cifras están asustando en Moncloa desde 2019. El electorado socialista tiene una edad cada vez más elevada y con menos estudios. Solo tiene chance entre la población mayor de 45 años, nivel de renta media-baja y estudios medios y bajos. Es el partido más votado por las mujeres, pero solo a unas décimas del PP.

Los estrategas sanchistas han intentado remontar apelando a la identidad obrera, pero este tipo de análisis marxista-leninista basado en que el trabajador consciente vota a la izquierda, no cuaja porque no es realista.

Incluso cuando se denuncia lo contradictorio del mensaje, los dirigentes “progresistas” alegan que se puede ser millonario y de izquierdas porque se trata de una cuestión moral y emocional

Este mensaje es visto por la mayoría como una contradicción porque esos trabajadores ven que quienes apelan al voto de los vulnerables son millonarios.  Incluso cuando se denuncia lo contradictorio del mensaje, los dirigentes “progresistas” alegan que se puede ser millonario y de izquierdas porque se trata de una cuestión moral y emocional. Esto no lo entiende quien llega justo a final de mes.

También ha sido un rotundo fracaso el antifranquismo sobrevenido y el lenguaje guerracivilista. El paseo aéreo de los restos mortales del dictador Franco no reportó ni un voto, como tampoco la “memoria democrática” de Calvo.

La derecha y 'lo público'

Tampoco ha funcionado el discurso de que defienden “lo público”, porque lo confunden con “lo común”, en el que lo estatal convive con lo privado, y así lo vive la gente. Han intentado transmitir que la derecha es enemiga de “lo público” y que quieren privatizarlo todo, pero no cuela porque no sucede. Es un discurso que solo se puede utilizar una vez.

La imagen de estadista de Sánchez no ha funcionado en los sondeos ni en las urnas. No genera empatía, sino rechazo, y menos aún confianza. Un líder ha de tener auctoritas, la obediencia conseguida a través del reconocimiento implícito al saber y gestión de un político. Todo lo contrario. A donde quiera que vaya Sánchez es abucheado porque se le culpa de la virulencia de la pandemia por su inicial negacionismo, la negligencia posterior y la ocultación de datos. Además, en lugar de encabezar la recuperación económica, da la sensación de estar desconcertado, aferrado al poder solo en su propio beneficio, no pensando en el interés de los españoles.

Llegaron a decir que la derecha confunde libertad con libertinaje, algo que debieron escuchar en las clases de formación del espíritu nacional de los tiempos del franquismo

También ha calado que la izquierda se ha convertido en una Inquisición, tomando para sí un puritanismo insoportable que afecta al lenguaje, al comportamiento o las relaciones. Insultan las costumbres y la vida cotidiana de la gente, a quien regañan por ser como es, y pretenden, desde el supremacismo moral, tratar como menores de edad a los que educar. Llegaron a decir que la derecha confunde libertad con libertinaje, algo que debieron escuchar en las clases de formación del espíritu nacional durante la época de Franco.

La solución de Redondo a este fracaso es abrirse a los jóvenes, a la población entre 18 y 35 años. De ahí la campaña que van a iniciar sobre el futuro, palabra que será clave en la próxima comunicación política. La forma es apelar a las emociones desde un falso racionalismo. De ahí el atribuir a los jóvenes una tarea y una responsabilidad con un país y un planeta mejores. Espera construir un vínculo entre ese proyecto emocional -nadie sin un unicornio- ligado al sanchismo.

El plan añade elementos clásicos de la comunicación emocional: la hermandad de un mundo globalizado en el que la “comunidad llamada España sigue siendo posible”, tal y como ha sido reconocido por “Europa”. ¿Quién no quiere ser bueno y europeo, y estar respaldado por la moral oficial y la ciencia? Pues eso.

Llamamiento al sector más joven

Esa apelación a las emociones positivas se apoya en un falso racionalismo. Otro tópico. Por eso, tras el discurso sentimental, apela al “análisis riguroso de la evidencia empírica” y a la tropa de científicos y expertos que han establecido “la verdad”. Todos “con una media de edad de 35”, lo que no es una casualidad, pero sí contrario a la vida científica real, en la que sabemos que no es la edad la que marca el buen hacer. El propósito es dar la imagen de que es algo hecho por jóvenes para jóvenes pensando en el futuro.

El conjunto es una descarada pieza de la ingeniería social más clásica, con un llamamiento desesperado al segmento electoral más joven. Iván Redondo lo anuncia, y el jueves Pedro Sánchez bajará del monte Sinaí con las tablas progresistas de la ley para que los jóvenes quemen el libertino becerro de oro forjado por la derecha.

Lo cierto es que en España se ha iniciado un cambio de ciclo, una revuelta transversal contra el sanchismo que afecta sobre todo a los jóvenes. Pedro Sánchez ha terminado también por apolillar al PSOE, dar la sensación de que es un partido que vive para el proyecto personal de una persona, con palabras y fórmulas viejas, manidas y aburridas. La derecha, tanto el PP como Vox, han conseguido apropiarse de las ideas de resistencia y rebeldía, que son las que animaban el voto joven.

La situación recuerda a los primeros años de la década de 1990, donde el agotamiento del gobierno socialista dio alas al PP al convertirse en el partido de la juventud y las clases medias más formadas. Eso supuso un cambio de ciclo y, a la larga, su plasmación en las urnas.