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Miquel Giménez

Opinión

El enemigo número uno del separatismo

El rey Felipe VI.
El rey Felipe VI. ¡Hola!

Boicot el rey. Esa es la consigna de los separatistas. Se trata de visualizar la oposición al monarca por todos los medios posibles y dejar claro que su presencia en Cataluña no es querida. Han decidido que su objetivo es Felipe VI.

El Borbón es nuestro peor enemigo

Sin un enemigo exterior no hay dictadura que pueda subsistir. El nacionalismo radical, claro, es igualito que otros movimientos totalitarios, de ahí el “España nos roba” o los epítetos injuriosos y supremacistas que Quim Torra dedicaba a los españoles en sus artículos y tuit de los que, por cierto, se ha dejado de hablar con una rapidez asombrosa. No deja de ser curioso que a Don Felipe se le vincule con el franquismo y, en cambio, lo de Torra, que pasó hace nada, se haya evaporado de los debates.

Están en pie de guerra contra todo lo que huela a Estado, a España, a Constitución, a legalidad. No saben vivir dentro de ella ni les gusta que nada limite sus tropelías, políticas o económicas. Cualquier cosa que amenace su cortijo es rápidamente blanco de sus iras. Cuidado, y no son solamente los CDR, de los que hablaremos ahora, sino los mismos líderes de la revolución de las sonrisas los que se posicionan en ese sentido. El mismísimo vicepresidente del gobierno catalán, el republicano Pere Aragonés, ha declarado públicamente de manera amenazante que “Los errores traen consecuencias. La monarquía tendrá que asumirlos” a propósito de la visita de Don Felipe a Tarragona. ¿Alguien se imagina a un cargo de un Lander alemán diciéndole esto al jefe del estado? Pues aquí no pasa nada. Vivimos en un país en el que a los que amenazan con matar guardias civiles desde un escenario los llamamos héroes, a los terroristas los calificamos como hombres de paz o a los malversadores presos políticos.

En medio de esta perversión lingüística no es extraño que, desde el Govern, con este tipo de declaraciones, se fomente la actuación de los radicales. No en vano el propio President Torra alababa públicamente al poco de ser elegido a los CDR, añadiendo que dos de sus hijos formaban parte de ellos. “Activistas sociales”, los denominó. Mira que bien. Los Karrer Borroka, que copian sus tácticas de guerrilla urbana de los separatistas vascos, ahora resulta que son activistas sociales, como si se tratara de voluntarios de un comedor social, de educadores de calle que previenen contra el uso de drogas a menores o de gente que se dedica a acompañar a personas mayores que viven solas. El uso de la violencia, el escrache, pintar dianas con nombres propios, asaltar sedes de partidos, asediar a políticos o interrumpir actos queda equiparada con todo lo demás. Y punto, que España es muy mala.

A Don Felipe le esperan una manada de fanáticos que han dejado clara su intención. En unos folletos que corren por ahí, los CDR piden a la gente que lleve cacerolas para hacer ruido en presencia del rey, con motivo de la inauguración de los Juegos del Mediterráneo. Van a concentrarse todos (y todas) para hacer, según sus palabras “Que corra el Borbón”. Con una foto del rey cabeza abajo, los CDR proclaman “los catalanes no tenemos rey”. Debo ser austrohúngaro.

La cacerolada no es lo único que organicen. Se prevé pollo, y de los gordos, todo ante la sonrisa complaciente de los dirigentes separatistas que deben estar ensalivando paulovianamente pensando en lo valientes que son. Lo de las cuatro mil empresas que se han ido de Cataluña, hasta los cojones de su estupidez, les importa un pito.

Una duda, ¿qué harán los Mossos ante los incidentes?

Cortes de la vía pública. Pintadas amenazadoras. Sabotaje de cajeros automáticos. Rotura de aparadores. Incendio de contenedores. Destrozos de mobiliario urbano. Asaltos a sedes de partidos constitucionalistas. Incidentes violentos, vamos, ejecutados por parte de grupos escogidos de los CDR, instruidos por sus coleguitas abertzales y anticapitalistas en tácticas de guerrilla urbana. Eso tienen pensado llevar a cabo los “activistas sociales” en Tarragona, Girona, Barcelona y alguna otra ciudad. Se trata de crear caos, confusión, aprovechar que mucha gente no es monárquica para fomentar un estado general en favor del separatismo. Lo mismo que hicieron con el PP, con Albiol, con Ciudadanos, ahora dirigido contra el jefe del estado y la Corona.

Ahora bien, ante todo este despropósito ¿se sabe como van a actuar los Mossos, ya bajo el completo control de la Generalitat y con un político, que no policía, al frente de ellos? ¿Les ordenarán que miren hacia otro lado, como cuando los separatistas cuelgan sus lazis en lugares públicos? ¿Les mandarán no reprimir, no mantener el orden? Ese es el tema. El otro día discutía amable y sosegadamente, dos adjetivos que se conjugan de manera admirable, con un buen amigo acerca de mi afirmación sobre el peligro que suponen catorce mil uniformados con arma reglamentaria dependiendo de Torra. Me llamaba alarmista, pero esa cifra es infinitamente superior a los efectivos de los que disponía Companys, los del Tercio Urbano de la Guardia Civil sumados a los Guardias de Asalto.

Nadie quiere ver lo que hay. Mientras Torra y su gente se dedican a atacar ahora a este y mañana a otro, el separatismo sigue haciendo exactamente lo que le da la gana. Ya sea manifestarse en las calles en contra de la ley, de la constitución y del rey, ya sea mintiendo impunemente acerca de la violencia policial del 1-O – oiga ¿dónde carajo están los mil heridos, alguien los ha visto, alguien tiene partes de entrada en hospitales? -, ya sea machacando día tras día en TV3 o Catalunya Ràdio con sus consignas. Y no pasa nada, insisto, no pasa nada de nada, ni antes con aquel terrible 155 ni ahora con el blandengue Sánchez y la meliflua Batet.

A nadie puede extrañarle que anden tan créditos – y tan desesperados, no lo olvidemos – que se permitan amenazar al monarca. Viene a mi memoria aquel episodio del rey Juan Carlos en la Casa de Juntas, cuando fue increpado sonoramente por gente pro etarra. El rey, con una serenidad enorme, se llevó la mano a la oreja y les dijo “No os oigo”. A los reventadores se les expulsó de la sala. Ahora ¿pasará lo mismo? Pues miren, no sabría qué decirles. Creo que, con el paso de lo años, damos por sabidas demasiadas cosas, pero la democracia se gana a diario y no se puede caer en la flaccidez ideológica.

Sánchez haría bien en tenerlo presente. Al rey no le hace falta. Lo sabe muy bien.



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