El populismo entre los políticos campa por sus respetos también en lo relativo al sector bancario. Los anuncios de reestructuración por parte de algunas entidades nos han llevado a escuchar declaraciones con afán de congraciarse con la opinión pública y con falta de rigor en algunos casos. Aunque, desde luego, algunos aspectos de los ajustes bancarios también sean criticables.

Ahí tenemos por ejemplo a la ministra Nadia Calviño diciendo que “insta a Cos a limitar despidos y salarios en banca”. La ministra sabe perfectamente que los ajustes de costes son absolutamente necesarios en un sector sometido a una presión asfixiante en múltiples frentes: escaso crecimiento del negocio, tipos de interés negativos que limitan los ingresos, digitalización creciente… y, coyunturalmente, una ola de impagos que viene tras la crisis. Es más, sabe también que la operación en la que ella misma intervino, de absorción de Bankia por parte de Caixabank, conllevaba esos ajustes.

Es cierto que quizás algunas entidades llegan a esta situación con un cierto desequilibrio por haber elevado demasiado los sueldos en el pasado, sobre todo en la parte variable

Por otra parte, apela al Banco de España. Pero su gobernador, Pablo Hernández de Cos, acierta al haberse mostrado proclive a que los bancos se ajusten. Y, además, no se le puede pedir que ejerza competencias que corresponden al BCE. Que, por otra parte, ya ha recomendado moderación extrema en los bonus hasta por lo menos septiembre de este año. No obstante, sí es cierto que quizás algunas entidades llegan a esta situación con un cierto desequilibrio por haber elevado demasiado los sueldos en el pasado, sobre todo en la parte variable. Aunque, sin duda, ha habido reducción de bonus en 2020 como hace unos días leíamos en los diarios económicos.

Posición competitiva

Los directivos bancarios que deciden y ejecutan los ajustes de costes están cumpliendo adecuadamente su trabajo ahora y, en realidad, si habría algo que reprobarles es en el caso de que no ajustaran, por no buscar una adecuada posición competitiva de sus entidades.

A pocos les puede caber la duda de que la reestructuración bancaria sea necesaria. Otra cosa es reconocer toda la dureza que estos procesos conllevan. Y esmerarse en hacerla bien, minimizando los daños de cada persona, aunque no sea tarea fácil. Y siendo generosos, no solo en el aspecto económico, sino procurando tener programas para ayudar a la gente a reincorporarse al mercado laboral en otros ámbitos. Se trata de un trabajo que hay que hacerlo bien. Pero sin omitir todo el proceso, como parecen pretender algunos. Aunque, también es verdad que, quizás, las entidades se hayan situado de partida en una cifra elevada como posición negociadora.

Otro ministro, José Luis Escrivá, también nos sorprende con sus declaraciones. Dice que la banca tiene que ser consciente de las ayudas públicas recibidas” y “esa reflexión debería inspirar cualquier decisión empresarial”. Y recuerda “la asunción reciente de deuda por parte del Estado de la Sareb”.

Daño a la economía

Parece olvidar que las ayudas mencionadas fueron a parar a las entidades mal gestionadas, no a las que sobreviven. Y, precisamente, fue para posibilitar que aquellas fueron compradas por estas y no tuvieran que ser liquidadas con el consiguiente daño a la economía y a la población española. No alcanzo a comprender por qué deberían dejarse de lado ahora los ajustes necesarios porque hubo anteriormente ayudas públicas a otras entidades diferentes.

En cuanto a la asunción de la deuda de la Sareb, resulta ser otro curioso argumento. Esa deuda estaba avalada por el Estado desde 2012. Era, por cierto, el gran coste “tapado” de la crisis bancaria anterior. Y lo que se ha hecho ahora es reconocerla como tal en la deuda pública que computa cara a Bruselas, tras ser exigido.  Así que resulta irrelevante lo que dice Escrivá.

las entidades financieras españolas no ganan desde hace años ni siquiera el mínimo para cubrir su coste de capital

En fin, esperemos que pase la campaña electoral de Madrid. Lo peor que podríamos hacer es cerrar los ojos y no acometer la reconversión necesaria en el sector bancario. Es mejor asumir los costes que sean necesarios y tener entidades más competitivas, que mantener indefinidamente un sector improductivo. Lo que no significa avalar al 100% el ajuste propuesto, que quizás, en algún caso, podría bascular más hacia funciones centrales que hacia las personas dedicadas al negocio.

Pero está claro que las entidades financieras españolas no ganan desde hace años ni siquiera el mínimo para cubrir su coste de capital. Esto se puede mantener durante algún tiempo, esperando que en el futuro cambie. Pero no para siempre. Así que, o se hace lo que es necesario, o el coste futuro para la sociedad será mayor.