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Miquel Giménez

Opinión

Se aplazan las elecciones en Cataluña

Tómenselo con calma, porque igual no son en febrero

El ministro de Sanidad y candidato del PSC a las elecciones autonómicas en Cataluña, Salvador Illa.
El ministro de Sanidad y candidato del PSC a las elecciones autonómicas en Cataluña, Salvador Illa. EFE

Nadie como los políticos catalanes para comprender la máxima de Talleyrand que aconsejaba sabiamente que las repúblicas debían ser gobernadas por aristócratas. Y la clase política catalana se considera a sí misma aristocracia, de aristos y kratos, excelencia y poder. Por eso el asunto de la democracia, aunque sirva para discursos, les importa un huevo de avestruz. Lo suyo es el ukase, la componenda en un despacho o en un restaurante de postín. Hablo de los que mandan, no de los encargados de almacén que iban a comer paella a casa de la Rahola.

Como las cosas se presentan torcidas para ese gratine gratiné, las elecciones autonómicas no serán el catorce de febrero. Tienen una coartada impecable, la pandemia. Cierto es que el Ilustre Colegio de Médicos de Barcelona, tan de lacitos y colorines amarillos como el resto de Colegios en Cataluña, ha dicho que no podía descartarse ese aplazamiento porque las cifras de contagio “son muy malas” y que “ya hay hospitales – en Cataluña – bordeando el colapso”. Es exacto. La Generalidad contempla, pues, postergar los comicios en dos escenarios, bien el de un confinamiento total, bien si se dieran confinamientos perimetrales y restricción absoluta de las actividades sociales. El segundo ya se da en Cataluña, al menos diez días, y nadie presupone que en ese tiempo las estadísticas de la pandemia vayan a mejorar.

¿Y los partidos, como se lo toman? La risa va por barrios. He aquí un estadillo: Laura Borrás, musa de Junts per Catalunya, opina que nada de retrasos, hace falta un cambio de gobierno. Traducción: Esquerra nos puede comer la oreja, Illa nos da más miedo que Iceta y esta gente monta un tripartito en menos que canta un gallo de Waterloo. En Can PSC tampoco están por dilatarlo mucho. El diputado Pedret, hijo, que el padre ya lo fue, dice que no es fácil explicar a la gente que puede ir a trabajar mientras se le priva del derecho al voto. Traducción: a ver si se nos pasará el arroz. Añadamos que en febrero habrá que ver quien queda que tenga trabajo, si nos atenemos a las cifras reales y no a las falacias de Sánchez. Ya vamos por cinco millones larguísimos.

Las elecciones tendrán que esperar a cuando escampe el virus o cuando esta tropa encuentre un ratito entre compadreo y compadreo

En ERC, Sergi Sabría ha dicho que existe una línea roja, y es que no todo el mundo pudiese votar – imaginamos que no se refiere a que el censo lo elaboren a partir de los que participaron en el 1-O- y lo mismo vienen a explicar En Comú-Podem y San Pedro que nos bendiga, a saber, podemitas. Nacho Martín Blanco, de Cs, ha pedido acuerdo entre los partidos, santo varón, y Alejandro Fernández habla de escuchar a los expertos y obrar en consecuencia. Traducción final del conjunto: las elecciones deben convocarse cuando convenga más, que en el caso de puigdemontianos es ahora, igual que en el de los icetianos, mientras que en Esquerra piensan que retrasarlas les daría mayor margen a ver si le pegan una patada en el culo al de los mejillones belgas. El resto, viéndolas venir: los naranjas se van a pegar un hostión de campeonato y nadie se precipita hacia el abismo por gusto, los comunistas se lo toman con distancia porque saben que van a ser decisivos en ese hipotético tripartito y los populares nada pierden con esperar, aunque yo de Alejandro pediría urgencia porque, si continúa con su política de fichajes, igual pierde votos. Ni Lorena Roldán, ex Cs, ni Eva Parera, ex Unió y ex Valls, generan entusiasmo en el electorado constitucionalista.

En Vox no dicen nada. Saben que van a entrar en el Parlament, que eso será un revulsivo en la política catalana como lo fue en su día su entrada en el Congreso, y que aunque nadie cuente con ellos, ellos sí cuentan y mucho con los errores de sus rivales, con su cortoplacismo, con sus viejas mañas, con su concepción de la política similar a los patricios de aquella Florencia de los Medici. Lugar y época que hubiera hecho las delicias de Iceta, por cierto.

O sea que tranquilidad y buenos alimentos, las elecciones tendrán que esperar a cuando escampe el virus o cuando esta tropa encuentre un ratito entre compadreo y compadreo. Aristócratas republicanos.

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