María Zambrano hablaba de la fragilidad de los lazos comunitarios. Forzar políticamente, ejercer demasiada presión social destruye la comunidad y la convivencia. “Convivir quiere decir sentir y saber que nuestra vida, aun en su trayectoria personal, está abierta a la de los demás”, escribe Zambrano en Persona y democracia. La comunidad es lo perecedero y tiene necesidad de nosotros. Viene al caso, hablar de la fragilidad de las comunidades por la moda de las identidades. La identidad se inventa justo cuando la comunidad colapsa, y nos fuerza a escoger solo una parte de las ideas que son asignadas a esa comunidad y andar por el mundo bajo el yugo de la “afectación identitaria”. En España estamos sumidos en un proceso de polarización dominado por la confrontación entre independentismo y sus socios de la izquierda, y el españolismo.

La pauta dominante, tras las elecciones de Madrid y Barcelona, y la politización de la gestión de la pandemia, es la de un incremento de esta polarización identitaria, pero el problema viene de lejos. Leemos en periódicos como eldiario.es que “la polarización extrema es el regalo que la campaña de Madrid ofrece a toda España”. ¿Qué quiere decir esta frase? Hasta sus lectores saben que la polarización no ha nacido antes de ayer en Madrid. De hecho la campaña de Ayuso es, en parte, una respuesta a la cruzada política de la izquierda contra su gestión de la pandemia. Pero hay otra parte de su campaña que es la apuesta por la comunidad, y por que los madrileños puedan mantener sus vidas en libertad. Se apuesta por una comunidad libre, que permita crecer a las personas. Bajo esta óptica, Madrid es un espacio abstracto, racional, abierto e inclusivo.

Trifulca en la campaña

Lo que parece seguro es que para algunos extremos el entendimiento de corte comunitario ya no precisa ser buscado, y no digamos construido o ganado por las diferentes fuerzas políticas. Esto no puede ser calificado de nuevo. La polarización ya ha sido arrojada hace tiempo a las cabezas de los ciudadanos. El entendimiento mutuo se rompe con la creación de relatos de ficción, como el de “Madrid nos polariza”. Es cierto que nosotros, los madrileños, tenemos un carácter revoltoso. La izquierda acusa a la derecha de Madrid de ser refugio de corruptos y sinvergüenzas. La derecha cree que el candidato gris es una marioneta de Sánchez sin personalidad. Ayuso le dijo en el debate a un socarrón Iglesias que es un personaje sin credibilidad y que viene a Madrid a polarizar, y Pablo Iglesias abandona el debate electoral en la SER porque “no es aceptable que cuando nos amenazan de muerte, la candidata de ultraderecha ponga en duda la veracidad de los hechos”. Monasterio celebra aireada haber reventado el debate y la izquierda sigue la doctrina de la afectación identitaria y anuncia que “hoy se ha roto algo en la política española”

Es un logro que se alcanza como resultado del trabajo de discusión y persuasión, no mediante la desligitimación sistemática del rival político o la propaganda de estilo norcoreano

En realidad, hace tiempo que en la vorágine política, los candidatos han dejado de apostar por la calma y el tiempo necesarios para permitir que haya un debate más exigente y cada cual pueda formarse su propia opinión. En esta dinámica de feroces disputas, el entendimiento se ha roto y está en juego la convivencia. El entendimiento común no significa que se imponga un relato sobre quién escupe más alto. Implica que los políticos puedan debatir con normalidad, que se respete la veracidad de los hechos, que haya un pacto tácito. Es un logro que se alcanza como resultado del trabajo de discusión y persuasión, no mediante la deslegitimación sistemática del rival político o el victimismo.

La comunidad es algo frágil y vulnerable. Una vez fragmentada por la distinción entre el nosotros y el ellos, vivir en comunidad se asemeja a vivir en una ciudadela asediada donde todos estamos permanentemente al acecho, enfrascados en amargas disputas. Como decía Zambrano, una vez desecha, una comunidad no puede recomponerse fácilmente. La identidad, que brota en el cementerio de las comunidades, hará que los madrileños caminemos como Sísifo, arrastrando la piedra cada vez más grande de la afectación identitaria, con intensidad agónica.

Si el nacionalismo periférico ha decidido identificarse con el Gobierno, el Madrid de Díaz Ayuso se ha posicionado como la apuesta segura ante quienes promueven la anti-España

Si el nacionalismo periférico ha decidido identificarse, por oposición a la España del PP, con el apoyo de los socios de gobierno, el Madrid de Díaz Ayuso se ha posicionado como la apuesta segura ante la anti-España. Pero, si la contienda política madrileña no apuesta por crear comunidad queda expuesta a los dictados de la política identitaria de manera simétrica a como lo ha estado el nacionalismo periférico. La solución a la fiebre identitaria pasa por crear comunidad, una comunidad vibrante donde las personas puedan participar activamente sin vivir de las ayudas ni engrosar las cifras del paro. Los madrileños no queremos ser una ciudadela asediada, queremos vivir en una comunidad que nos permita ser dueños de nuestras vidas, y vivir en paz.