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Natalia Bravo

Opinión

La educación no es cosa de ricos

Se acaba de publicar que Madrid y Cataluña son las comunidades autónomas que más dividen a los niños en sus centros educativos: los ricos comparten clase con ricos y los pobres con los pobres

Imagen de archivo de alumnos en un aula
Imagen de archivo de alumnos en un aula Efe

Pongamos que José, nombre al azar y común donde los haya, no estudió en un colegio religioso. Cuando tuvo edad para ir a la escuela solo había un colegio privado y/o religioso cerca de su casa, pero solo para niñas. Un obstáculo en su carrera. Solo tuvo opción de, o bien desplazarse 60 kilómetros a diario para ir a otro colegio de mismas características, pero para niños (muchísimo dinero), o bien optar por la escuela pública de su municipio. Pondremos que sus padres se inclinaron por la última opción. Ya puestos a darle relieve a este personaje aleatorio, diremos que en su escuela no enseñaban idiomas. Solo español y catalán, y más tarde inglés, pero solo dos horas a la semana (cabe decir que a nuestro José lo hemos ubicado en Cataluña).

Pero José, de nombre común pero como niño algo raro, no se conforma con saber solo dos idiomas y chapurrear otro más. José, que no proviene de ningún linaje digno de mención, va a la librería de su pueblo a menudo a comprar libros con la paga que gana a la semana y los elige en inglés. Cuando adquiere un nivel alto, pasa a comprar libros de francés, ver películas en el idioma galo e incluso consigue por sus buenas notas, años más tarde, una beca para poder estudiar en Estrasburgo. Cree que ya lo ha aprendido todo del francés y cree que es el momento de convivir con ingleses, o mejor, dar un salto entre continentes y vivir con estadounidenses, y así hablar con tanta fluidez como ellos. No suficiente con eso, también tiene curiosidad por el alemán, también por el italiano, el portugués, el chino mandarín y, por añadir otro a su lista políglota, por qué no, el ruso. Eso le ha permitido viajar por el mundo y mantener abiertas más opciones profesionales y personales que, por ejemplo, cualquier otro niño con los que compartió aula de pequeño.

La dispar distribución de las aulas, por falta de cohesión social, entorpece seriamente la igualdad de oportunidades entre niños"

Pongamos, así, que nuestro José, ahora ya todo un hombre que ha estudiado en escuela pública, aparentemente laica y sin tratarse de un centro bilingüe (entiéndase bilingüe en Cataluña como trilingüe) es un poco fuera de lo común. Puede ser que hoy sea un hombre que ha logrado el éxito profesional y nada le vino dado.

Probablemente piensen que me lo he inventado y que este tal José y, más con ese nombre, no exista más que en mi cabeza. Demasiado lirismo para ser verdad. O en todo caso, estamos ante una clara excepción del sistema educativo. Un alumno aventajado, una persona curiosa y autodidacta o una mente demasiado brillante no es la norma. Más que justificada la incredulidad. En un país como el nuestro difícilmente alguien como José abunda. Esta semana, unos investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid han publicado un estudio sobre la magnitud de la segregación escolar, donde Madrid y Cataluña son las comunidades autónomas que más dividen a los niños en sus centros educativos: los ricos comparten clase con ricos y los pobres, con pobres. Y esa disparidad en la distribución de las aulas, por falta de cohesión social, entorpece la igualdad de oportunidades entre niños.

A partir de los datos extraídos del último informe PISA (el informe internacional que evalúa el rendimiento académico de los estudiantes), los autores del estudio concluyen que en ambas comunidades se “elitizan” los colegios, algo que atribuyen a la competitividad impulsada desde sus gobiernos autonómicos. Además de mencionar los centros bilingües, que normalmente suelen ser centros privados, lo que conlleva que los niños de familias con mayores recursos económicos tendrán más facilidades para los idiomas o, al menos, más facilidades para acceder a este nivel. Según se desprende del estudio, España es el sexto país de la Unión Europea con mayor segregación escolar por motivos económicos, después de Bulgaria, República Checa, Eslovaquia, Rumanía y Hungría, y se aleja de los resultados que dan países como Francia, Alemania, Italia o Portugal.

La educación española está llena de carencias. Nos pasamos el día pasando la cartilla a los profesores sobre cómo deben educar, si adoctrinan, adiestran o si motivan a los niños a ser curiosos. Cuando una persona no brilla ni por su capacidad analítica ni la destreza de su intelecto será un idiota producto de un nefasto sistema educativo. Si hiciste todo lo que te dijeron para ascender socialmente, hincar codos y poseer un título universitario, pero el mundo laboral te rechaza, la culpa es de una educación que produce alumnos titulados como en una cadena de montaje pero no personas que descubran cuál es su rasgo diferencial.

España es el sexto país de la UE con mayor segregación escolar por motivos económicos, después de Bulgaria, República Checa, Eslovaquia, Rumanía y Hungría"

Uno de los principales problemas del sistema educativo español es que vaya al compás del partido que gobierne y no haya un pacto ambicioso que priorice la calidad en las aulas antes que los intereses de los colores ideológicos. Podrían empezar por apostar de forma consensuada por las escuelas públicas y que estas no queden supeditadas a un determinado nivel económico, sino en centros de prestigio gracias al dinero de todos. ¿Imagina una lista con las mejores escuelas compuesta solo de centros públicos? Parece una obviedad, pero las desigualdades solo se acaban cuando hay heterogeneidad. El conocimiento, como valor positivo, debe ser ingenuo. Eso es, que no deje nunca de suscitar interés, emoción y que nadie le ponga muros para que sea libre y accesible.

Promover los centros bilingües solo en colegios privados, por ejemplo, o publicar listas donde las escuelas con mayor reconocimiento son las de pago, solo tiene sentido si se cree en la distinción por clase social. Como si el conocimiento solo fuera accesible si gozas de la comodidad de ser rico. El sistema no puede esperar a que todos salgan como mi personaje de nombre común pero raro, José. Porque de existir alguien así, como José, lo más probable es que ni él mismo sepa lo bueno que es. Le han hecho creer que la excelencia solo se da si fuiste a un colegio de ricos.



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