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Manuel Alejandro Hidalgo

Opinión

La Educación de calidad no es solo cosa de ricos

El fracaso de los sistemas educativos de algunas comunidades parte de la incapacidad para compensar adecuadamente las diferencias de oportunidades motivadas por el origen socioeconómico de las familias

Alumnos de bachillerato durante una clase
Alumnos de bachillerato durante una clase EFE

A mis alumnos les digo que tres son las políticas que debemos hacer para fomentar el bienestar futuro de una sociedad: educación, educación y educación. A riesgo de simplificar, lo que les trato de trasladar es que la política educativa es básica para el desarrollo a largo plazo de una economía. En dos palabras: es crítica. Pero no solo lo es para fomentar el desarrollo a largo plazo de un país o una región, sino que además es una de las mejores herramientas pre-distributivas que podemos imaginar, ya que fomenta la reducción de la desigualdad. Una política educativa de calidad, de igualdad de oportunidades, puede fomentar un mejor acceso de los niños y niñas a niveles educativos mayores que terminen por crear las condiciones favorables para su desarrollo intelectual, personal, profesional y, por extensión, el de sus conciudadanos mediante la creación de externalidades.

Sin embargo, en España sabemos de la dificultad existente para crear estas condiciones que fomenten esta educación de calidad. Sin entrar en profundidad en los pormenores de la política y en las restricciones que esta impone a la hora de debatir sobre el diseño de una educación de calidad, podemos afirmar que en esta cuestión la estrategia partidista ha generado un enorme daño a los españoles. Si bien no es posible negar, como sí hacen algunos, que en términos absolutos las últimas generaciones de españoles son las más preparadas, no es menos cierto que nuestras disquisiciones sobre política educativa ha provocado una pérdida irreparable del potencial que nuestros jóvenes podrían haber mostrado.

La educación no solo es básica para fomentar el desarrollo de un país, sino una de las mejores herramientas pre-distributivas que podemos imaginar

Dicho esto, el mero diseño de un sistema educativo gratuito y universal no es suficiente para asegurar el éxito. Además de garantizar la educación a toda la población, las administraciones competentes deben redoblar los esfuerzos -quizás económicos o quizás no, dependiendo de cada caso- para superar las restricciones que supone elevar el nivel medio educativo en regiones con claras deficiencias seculares. Este mayor esfuerzo  se podría traducir en la necesidad de mejorar el resultado de aquellos alumnos con bajo rendimiento académico o los que siendo desfavorecidos por su situación socioeconómica suelen ver condicionados sus resultados escolares. Así, en una reciente monografía sobre educación de la Fundación Ramón Areces y de la Fundación Europea Sociedad y Educación y elaborado por Gabriela Sicilia y Rosa Simancas, se comparan resultados interesantes a nivel de regiones que supone en parte una evaluación poco detallada pero aun así muy relevante sobre el “éxito” de las diferentes políticas educativas de las regiones españolas. En particular, el trabajo trata de comprender no solo las razones de las diferencias en los resultados académicos entre regiones, sino en explicar además el origen de la desigualdad educativa dentro de cada región. El objetivo es conocer un poco mejor cuáles son las necesidades a implementar en cada región y para cada una de sus políticas educativas.

Las autoras de este informe realizan en esta monografía un análisis pormenorizado de los resultados de los conocimientos en ciencias obtenidos de las pruebas PISA del año 2015. Para ello, se toman medidas no solo de los resultados medios en la prueba sino además de algunos indicadores de dispersión, es decir, sobre cómo se distribuyen estos resultados entre los alumnos. A continuación tratan de comprender si estas diferencias entre alumnos dentro de cada región pueden tener un origen socioeconómico o bien, aunque no necesariamente contradictorio a esta explicación, si la política educativa regional no incentiva a aquellos alumnos menos motivados o no aprovecha convenientemente a los que mostrarían un mayor potencial.

En este informe se obtienen improntas muy interesantes. Por ejemplo, se identifican regiones donde la desigualdad no viene explicada por los condicionantes socioeconómicos de los alumnos, sino por la escasa integración y motivación para con aquellos que muestran peores resultados. Es el caso, por ejemplo, de Canarias. Como argumentan las autoras, lo ideal en estos casos es realizar una política que trate de favorecer a aquellos alumnos de bajo rendimiento. En el extremo contrario estaría Madrid, donde una gran parte de las diferencias en el rendimiento escolar se explicaría por desigualdades socioeconómicas. En este caso, políticas educativas de integración y de ayuda económica en base a becas podrían ser una buena medida.

El sistema educativo gratuito y universal no es suficiente para asegurar el éxito; hay regiones que no han sido capaces de superar deficiencias seculares

Entre las regiones que parecen tener éxito en ambas dimensiones, se encuentra Castilla y León. Por el contrario, entre las que no tienen éxito en ninguno de los dos vectores nos encontramos a Andalucía y Extremadura. En ambos casos sus políticas educativas generan pobres resultados, tanto en sus niveles medios como en la dispersión de los resultados. Una vez se descuenta en estas regiones el efecto de los condicionantes socioeconómicos, encuentran que la dispersión sigue siendo elevada. En ambos casos, dos son las explicaciones. En primer lugar, que el sistema educativo de estas dos regiones no consigue mejorar la equidad, es decir, no compensa adecuadamente las diferencias de oportunidades motivadas por el origen socioeconómico de las familias. En segundo lugar, en ambas regiones el sistema educativo no es capaz de “incorporar” a aquellos que muestran bajos rendimientos o aprovechar a aquellos con importantes capacidades.

En conclusión, la desigualdad educativa dentro de cada región puede tener varias causas. Es obligación de las políticas educativas limarlas, ya que como también muestran las autoras, esto elevaría a su vez el rendimiento medio de los alumnos. Para ello son necesarias dos direcciones en los objetivos de las administraciones: reducir la influencia de los condicionamientos socioeconómicos y reducir la apatía y la desmotivación mientras se apoya a los que muestran mayores capacidades. Todo ello fomentará la igualdad y la capacidad de desarrollo regional. ¿Qué mejor política pre-distributiva se nos puede ocurrir? Hay muchas, pero esta debe ser fundamental.  



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