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Las primarias del PSOE y la izquierda recalcitrante

Ninguno de los tres candidatos parece tener fe en la sociedad española. Y es precisamente esa falta de confianza, junto con el afán de supervivencia personal, lo que ha llevado al PSOE hasta un callejón sin salida.

Los candidatos a la Secretaría General del PSOE en el debate en Ferraz.
Los candidatos a la Secretaría General del PSOE en el debate en Ferraz. EFE

Desde el análisis superficial, se podrá decir que el encono existente entre Susana Díaz y Pedro Sánchez abrió durante el debate una amplia brecha por la que se coló Patxi López. Que éste aprovechó esa inquina personal para apropiarse del mensaje de unidad y crear algo parecido a un discurso político. Sin embargo, la unidad del PSOE, como la de cualquier otro partido de ámbito nacional, es inseparable de la unidad de España. Lamentablemente, algo tan elemental parecen no entenderlo los candidatos a las Secretaría General, incluido el propio López.

Carecer de una idea de España desde la que vertebrar un proyecto político que se exprese en todas partes de forma inequívoca es lo que ha terminado por arruinar al Partido Socialista

En efecto, podemos especular sobre si Pedro Sánchez salió bien librado, si Susana Díaz estuvo más o menos convincente o si Patxi López sorprendió a ambos. Pero más allá de los nombres propios, el problema de fondo del PSOE sigue siendo el mismo: carecer de una idea de España desde la que vertebrar un proyecto político que se exprese de forma inequívoca en todas partes. Porque es eso lo que ha terminado por arruinar a un Partido Socialista que, durante décadas, fue sinónimo de poder. Al fin y al cabo, ¿qué se puede esperar de una organización nacional, cuyos aspirantes a la Secretaría General ni siquiera son capaces de ponerse de acuerdo en la definición de España? 

Y es que el problema de la izquierda española, y muy especialmente de este PSOE que alumbró Zapatero, está en la renuncia a llamar a las cosas por su nombre. Sin embargo, cuando se aspira a gobernar un país, lo primero es reconocer la existencia de ese país. Y no sólo como Estado sino como comunidad. Porque es la comunidad la que da origen al Estado y no al revés. Después, en todo caso, se atenderán las diferentes sensibilidades.

Desde el particularismo y la indefinición territorial, a lo único que puede aspirar el PSOE es a transformarse en un partido-movimiento, emulando a su principal enemigo: Podemos

Desde el particularismo y la indefinición, a lo único que puede aspirar el PSOE es a transformarse en un partido-movimiento, emulando a su principal enemigo: Podemos. Y donde hay un original, las copias no venden. Por el contrario, si se quiere apelar a esas señas de identidad del Partido Socialista a las que López aludía, habrá que hacer honor a todas: no sólo a la “o” de “obrero” sino también a esa “e” tan molesta. Porque un partido político, en efecto, debe ser parte, pero una cosa es no ser neutral y otra muy distinta es no tener una idea de España.

Es esta calculada indefinición, que los tres candidatos manifiestan cada uno con su particular galimatías, lo que ha convertido al PSOE en un partido pequeño, fragmentado y cada vez más irrelevante, que a duras penas sobrevive pactando localmente con sus adversarios. Es muy difícil hacer creíble la idea de solidaridad o prometer que las reglas de juego serán iguales para todos cuando, en el Estado más descentralizado del mundo, se insiste una y otra vez en avanzar hacía la asimetría, prometiendo lo imposible: compatibilizar la igualdad de derechos entre personas con la concesión de privilegios a determinados territorios.

Para colmo de males, en lo económico los tres candidatos se comprometen a desandar lo andado en materia económica. Creen que bastará con derogar la reforma laboral para que los pobres desaparezcan

Para colmo de males, en lo económico los tres candidatos se comprometen a desandar lo andado en materia económica. Creen que bastará con derogar la reforma laboral para que los pobres desaparezcan. Que para crear riqueza es suficiente con los boletines oficiales, aunque lo que generen sea dependencia y redes clientelares. Que el “Estado empresario” puede sustituir a la iniciativa privada, aunque sus fallos, a la vista de la corrupción sistémica, sean más recurrentes que los del mercado. Además, parecen ignorar que España ya no tiene margen para el endeudamiento. Y que multiplicar los panes y los peces ya no puede correr a cargo del presupuesto.

Lo peor, con todo, es que ninguno de los candidatos parece tener fe en la sociedad española. Y es precisamente esa falta de confianza, junto con el afán de supervivencia personal, lo que ha llevado al PSOE hasta un callejón sin salida. Susana, Patxi y Pedro son, cada uno a su manera, el producto de un Partido Socialista, no ya ajeno a la socialdemocracia que hoy se desfonda en Europa, sino viejo y abotargado que ha terminado siendo rehén de una izquierda recalcitrante.

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