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Miquel Giménez

Opinión

¿Duran i Lleida President?

En los mentideros catalanes económicos empiezan a plantearse lo que supondrían unas elecciones catalanas en las que la alternativa al separatismo fuese un tripartito social comunista con Esquerra al frente. Y a todos les viene un mismo nombre a la cabeza: Duran i Lleida

El exdiputado de Unió Josep Duran Lleida
El exdiputado de Unió Josep Duran Lleida EFE

En una reciente entrevista, el que fuese líder de la extinta Unió Democrática aseguraba que hacía a Artur Mas responsable de las cosas que estaban sucediendo en Cataluña y que Torra no es digno de ser el President de Cataluña. El político de Alcampell dibujaba su visión acerca de un país, citamos textualmente, dividido, pero no entre los partidos de siempre, sino por otra división mucho más grave: el separatismo. Tampoco escatimó dardos sobre la burguesía catalana, a la que acusa de inacción, cuando no de apoyar el procés. El exdirigente demócrata cristiano lanzó un críptico “me siento huérfano, porque me gustaría ver un espacio catalanista no independentista”.

Eso mismo es lo que se están planteando algunos sectores con mucho peso en la sociedad catalana que, aunque tarde, se dan cuenta de que por muchos números que hagan, ni la hipotética coalición entre PP y Ciudadanos da para modificar el mapa político ni Manel Valls sirve para otra cosa que no sea posar para que le hagan una figura de cera vestido como De Gaulle. Todos andan a la busca y captura de alguien que, con perfil catalanista – no escarmentamos nunca y por eso Cataluña sigue como sigue -, tenga las asignaturas de constitucionalista aprobadas con nota sin ningún máster falso. De ahí que todo lo que hace y dice Duran sea escrutado con lupa por aquellos que fueron los primeros en permitir que Mas se desmelenase, provocando la caída de un statu quo que, aunque más mal que bien, se había ido sosteniendo dentro de la legalidad a condición de que los corderos propiciatorios como los ex PSOE, Vidal Quadras o periodistas, profesores, abogados y artistas tuvieran que exiliarse del régimen pujolista, feroz con la disidencia.

Duran estaba en primera línea cuando tales cosas sucedían, pero puede alegar en su defensa que, mientras Convergencia se dedicaba a exacerbar los ánimos de sus rústicos a base de arengas pueblerinas y subvenciones para destilar ratafía, él estaba en el Palace pactando con Aznar. Lo cierto es que ahora no son pocos los ojos que considerarían de buen grado que Duran se pusiera al frente de un gran coalición integrada por Populares y naranjas, incluyendo el batiburrillo de partidos que se reclaman herederos suyos como Lliures o la recién creada Lliga de Mon Bosch. Incluso se murmura que Foment del Treball – presidido por un antiguo e íntimo colaborador de Duran en UDC, Sánchez Llibre – se dejaría las cejas en apoyar esa operación política.

Estamos hablando de política y, además, política catalana, así que nunca hay que descartar nada

Consultadas fuentes cercanas al mirlo blanco, es un hablar, todas niegan la mayor argumentando que Duran no tiene el menor interés en volver a la política, que se considera un jubilado de la cosa pública y que su momento ya pasó. “Es lo mismo que decir que Miquel Roca va a saltar al ruedo de nuevo”, me decía muy serio un ex de UDC. No es el mismo caso. Duran tiene una lista de agravios contra los convergentes, especialmente contra Mas, y aunque sea persona piadosa no puede evitar su carácter, como el escorpión del cuento. Un buen amigo mío le decía no hace mucho en una cena que sería divertido verlos a Mas y a él, el expresident como candidato separatista de Junts per Catalunya y Duran como candidato de una plataforma constitucionalista, enfrentados en un cara a cara. Duran no pudo reprimir una amplia sonrisa. “Si dijera todo lo que sé, lo hundiría”, cuentan que respondió intentando parecer simpático, pero con una carga de natural y lógico resquemor hacia el sector del pinyol que condenó al ostracismo a quien ha sabido pactar con los diferentes gobiernos de España de mejor manera, insistimos, aunque supusiera pagar la paz social a precios astronómicos.

Pero estamos hablando de política y, además, política catalana, así que nunca hay que descartar nada. ¿Es posible que Duran i Lleida pudiese ceder a los cantos de sirena, en especial a algunos que comienzan a llegarle desde la Internacional Demócrata Cristiana? ¿Lo aceptarían de buen grado aquellos que se reclaman como defensores de la Constitución? ¿Es esto un simple pour parler o tiene visos de llegar a concretarse?

El único que podría decirlo es el propio interesado que, de momento, da entrevistas, cena con gente y calla entre sonrisas que habrá que analizar con más atención que la de la Mona Lisa. Porque ambas son harto enigmáticas. La idea, desde luego, lleva veneno puro en su interior.

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