Carlos Díaz Güellvozpopuli autores
Carlos Díaz Güell

Opinión

Dos meses de miseria

Buena parte de la sociedad española ha empezado a interiorizar y, consiguientemente, a olvidar el cúmulo de tragedias que llevamos viviendo desde hace dos meses

Pedro Sánchez, en La Moncloa.
Pedro Sánchez, en La Moncloa. EFE

El 14 de mayo es una fecha en la que bien puede celebrarse la renuncia de don Juan III de Borbón a sus derechos a la Corona española en favor de su hijo Juan Carlos en 1977, como la proclamación de la independencia de Israel por Ben Gurión en 1948. En España no vamos a conmemorar ni una cosa ni la otra, sino el acatamiento de los dos primeros meses desde que el Gobierno democrático de España decidiera privar de las más fundamentales libertades a mas de 45 millones de españoles, sometiendo a su extensa población al más indecoroso y no explicado ejercicio de ingeniería social que los ciudadanos españoles están cumpliendo como si de un rebaño de bóvidos pastueños se tratara. Nunca el miedo a la muerte fue utilizado de forma tan torticera para conseguir tan paupérrimos y tristes resultados. Y todo ello sin siquiera evocar el viejo aforismo romano del cui prodest?

Cuando han pasado dos meses durante los cuales el Gobierno y sus apoyos parlamentarios han birlado a los españoles no solo el mes de abril sino un sinfín de libertades, en un ignominioso ejercicio que no ha demostrado en absoluto haber generado los réditos esperados, uno detecta que una parte de la sociedad española ha empezado a disfrutar de la ciénaga en la que está metida, hasta el punto de que algunos babean cuando desde el poder se les hace una graciosa concesión en forma de un par de horas diarias para que estiren las piernas, se tomen una caña en una terraza o abran, con muchas limitaciones, sus pequeños negocios familiares que les permitirá, si acaso, sobrevivir.

Todo sea para que a uno no le tilden de fascista y le arrojen a las tinieblas del averno. Tengo la sensación de que buena parte de la sociedad española ha empezado a interiorizar y consiguientemente a olvidar el cúmulo de tragedias que llevamos viviendo desde hace dos meses y de ello es consciente el inquilino del Palacio de La Moncloa que viene demostrando su extraordinario conocimiento de la sociedad española y de su memoria colectiva, equivalente, en ocasiones, a la de un boquerón y con unas conciencias llenas de profundos pliegues en donde se puede almacenar toneladas de olvidos.

Lo cierto es que lo ocurrido en los últimos meses en España no puede dejar insensible a nadie que no se mueva por intereses inconfesables

Ha llegado el momento de releer, incluso de leer, “Manual de resistencia”, obra autobiográfica del líder firmada por quien ahora es presidenta del Consejo Superior de Deportes y anteriormente ocupó la Secretaría de Estado de la España Global, en donde el jefe del Gobierno se ufana de que “nunca una moción de censura ha triunfado en España”; “es imposible ganarle unas primarias al aparato de un partido” y “aquí nadie dimite para ser fiel a su palabra”. Es su forma de trasladar al país que él sí ha sido capaz de conseguir todo lo que parecía imposible lograr por ningún otro hasta que apareció en la escena política española. Mendaz, amoral, chantajista, trilero, cínico, narciso o incompetente, son solo algunos de los adjetivos que el presidente colecciona con una sorprendente naturalidad y ciertamente muchos de ellos tienen una base fácilmente constatable con solo recurrir a las hemerotecas. Lo cierto es que lo ocurrido en los últimos meses en España no puede dejar insensible a nadie que no se mueva por intereses tan reprobables como inconfesables.

Muy difícil de olvidar

Difícil olvidar que el Gobierno desoyera las advertencias de la OMS desde, al menos, el mes de enero, de la inminente llagada del virus y sus consecuencias; difícil olvidar la inacción del Gobierno al permitir la congregación de multitudes el 8-M en actos que según se ha probado fueron un autentico cebo que motivó la explosión de la pandemia; difícil olvidar que líderes políticos y científicos llegaran a afirmar que a las mujeres les iba la vida en asistir a la manifestación del Día de la Mujer o que en España solo habría "casos aislados"; difícil olvidar que otros países como Grecia o Portugal –uno al este y otro al oeste- han logrado resultados mucho mejores, mediante una más correcta gestión de la crisis de la covid-19 y sin necesidad de recurrir a un recorte de libertades tan castrador; difícil olvidar las casi 40.000 muertes que ha generado el virus; difícil de olvidar que competimos con Bélgica por el puesto de honor en fallecidos por millón de habitantes; difícil olvidar a los 40.000 sanitarios contagiados viviendo toda una angustia ante la amenaza cierta que suponía volver a sus hogares con el virus escondido en los pliegues de sus ropas; difícil olvidar a los sanitarios sustituyendo a los “epis” por bolsas de basura; difícil olvidar el juego del trile al que se ha sometido a los test de detección y que llevó a la OCDE a una situación cuanto menos incomoda; difícil olvidar la supuesta montaña de escándalos ligados al suministro de material sanitario sin que se haya producido ni una sola dimisión; difícil olvidar que a lo largo de los dos meses, las autoridades han actuado con oscurantismo y sin respeto a la ley, ejerciendo un poder despótico que incluso ha afectado al Portal de la Transparencia o que ha permitido que se desconozcan la identidad de los científicos asesores, tan asiduamente mencionados por nuestro presidente y que han tenido o tienen atribuciones sobre nuestras vidas y nuestro patrimonio; difícil olvidar, por último, el que durante semanas los informativos de TV terminaban con escenas de aplausos hacia los enfermos recuperados que no buscaban sino enterrar en un ignominioso silencio a los miles de muertos entre el silencio oficial y la ausencia de los suyos.

Los 'asesinos' del Ébola

Y todo ello enmarcado en el recuerdo de una multitud y unos partidos que gritaban “asesinos” a los miembros de un Gobierno cuando se tuvo que sacrificar a un perro porque así lo dictaba el protocolo más elemental cuando estalló la “crisis” del ébola en octubre de 2014, aunque cuando esta no había generado la muerte de ningún ciudadano, exceptuando los dos misioneros que llegaron de África con el virus inoculado. Allí estaban el número uno y el número tres del actual Gobierno, junto con destacados miembros del club de la ceja y los palmeros mediáticos, pidiendo dimisiones a troche y moche y acusando de incompetencia a todo un Gobierno.

Hoy, esos mismos personajes y con cerca de 40.000 fallecidos piden lealtad hasta la náusea sin que esa palabra sagrada se les caiga de sus bocas.

Frente a todos esos amargos recuerdos de dos meses de reclusión gracias a la implantación de un estado de alarma aplicado en toda su dureza, y que ha supuesto un recorte de libertades fundamentales sin parangón en la historia de España desde la muerte de Franco, el Gobierno sigue con su raca-raca tratando de mantener anestesiada a la sociedad y para ello tanto valen los vetustas morlas como cualquier otro cómplice, siempre generosamente engrasados. El objetivo es trasladar imágenes de sanitarios impolutos, elegantes, en posición de revista, dotados todos ellos de los más sofisticados materiales de autodefensa frente al virus. Día pasado, día ganado. El manual de la resistencia es determinante. El que aguanta triunfa. Tiempo habrá para banderas a media asta, funerales de estado, corbatas negras y loas a nuestro salvador.

Últimas noticias

Recibe cada mañana nuestra selección informativa

Acepto la política de privacidad


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba