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Fernando Navarro

Opinión

De disparates y atropellos

La imposición del requisito del catalán en la sanidad balear es el doble disparate de un proyecto identitario que utiliza como peones a profesionales y ciudadanos

Manifestación en Baleares en protesta contra del requisito del catalán en la sanidad
Manifestación en Baleares en protesta contra del requisito del catalán en la sanidad EFE

Imponer el requisito del catalán para acceder laboralmente a la sanidad balear es un disparate y un atropello. Un disparate para los ciudadanos de Baleares, que verán reducida la calidad del servicio sanitario por la imposición de una barrera artificial: si hay menos oferta, hay menos competencia y el nivel desciende. ¿Preferiría un sistema sanitario con 10 profesionales, u otro con 100 entre los que se incluyen los 10 del otro? No se preocupe, Francina Armengol responde lo contrario al sentido común por usted. La semana pasada salieron listas de candidatos en el IbSalut, el servicio de salud de la comunidad. En la categoría ‘técnicos de radioterapia’, hubo 18 admitidos y 162 excluidos, 160 de los cuales por no acreditar el conocimiento suficiente de catalán. En ‘técnicos de anatomía patológica’, más de lo mismo: 59 admitidos y 108 excluidos, de los cuales 105 lo fueron por no superar el requisito del catalán. ¿Anatomía patológica? ¿En qué lenguaje se expresan los tejidos que se analizan?

Pero además de ante un disparate estamos ante un atropello: ciudadanos y profesionales sanitarios perciben con acierto que están siendo utilizados como peones en el proyecto identitario del Ejecutivo PSOE-Més, que dirige Armengol y que se extralimita en sus funciones. El poder es expansivo y tiende a ocupar todos los huecos que la inacción ciudadana le deja. La manifestación del pasado domingo se dirigió, entre otras cosas, contra ese poder intrusivo del actual Govern, y por eso fue una manifestación cívica. 

Estamos ante una pieza más del proyecto nacionalista de Armengol, en el que la inmersión lingüística obligatoria es parte esencial"

Les recomiendo que no se dejen enredar por aquellos que intentarán enfocar este asunto como defensa de las lenguas -los mismos que anhelan arrinconar la lengua común-, o como defensa de los derechos de los usuarios -los mismos que impiden a los padres elegir el español como lengua vehicular para sus hijos-. No hay que perder mucho tiempo discutiendo disparates: hay que evitarlos. 

En realidad es conveniente enfocar este asunto del requisito del catalán en la sanidad balear como una pieza más del proyecto nacionalista de Armengol, del que la inmersión obligatoria también es parte. Vistas ambas piezas simultáneamente se exponen con mayor claridad los pretextos y las incoherencias. Permítanme presentarles una pieza más, muy reciente, proveniente del ayuntamiento de Palma.

Resulta que el alcalde, Antoni Noguera (de Més y que gobierna en coalición con el PSOE), ha decidido destinar 155.000 euros a los barrios con menos poder adquisitivo de la ciudad. Eso está bien. ¿Los usará para mejorar la seguridad, para aprobar ayudas a la vivienda o para mejorar la atención social? No exactamente. Noguera piensa utilizarlos para «incentivar» el uso del catalán en la rotulación y la atención al cliente en los comercios de estos barrios más humildes, «reforzar» el catalán a los inmigrantes y sus familias en las escuelas e «introducir el catalán» en actividades lúdicas y culturales.

Como ven, todo tiene que estar supeditado al proyecto identitario pancatalanista de nuestros gobernantes: la sanidad, la atención social, los ciudadanos, la sensatez e incluso el sentido del ridículo. Tampoco podemos perder mucho tiempo los ciudadanos discutiendo los atropellos: sencillamente, debemos oponernos a ellos.



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