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Miquel Giménez

Opinión

El discurso de investidura

Elsa Artadi junto a Carles Puigdemont. Archivo.
Elsa Artadi junto a Carles Puigdemont. Archivo. EFE

Sabemos gracias a Baudelaire que los bribones suelen estar convencidos de lo que dicen, porque necesitan triunfar. Algo de eso ha sucedido en Bruselas el pasado viernes. El ex President se ha reunido con los suyos y de ahí han nacido varias ocurrencias, a cuál más chusca. Eso sí, dicen que se hará lo que ellos quieren. Sea como sea.

Reunión de pastores, ovejas perdidas

En las excursiones a la capital belga, que ya empiezan a ser habituales entre los separatistas catalanes, hemos visto casi de todo: alcaldes nacionalistas que iban a rendir pleitesía a Carles Puigdemont con los gastos pagados por todos nosotros, correligionarios que intentaban hacerle entrar en razón sin éxito, masas de la ANC provistas de bufandas amarillas, barretinas de la última carlistada y señoronas de casa bien que aprovechaban para comprar los excelentes chocolates belgas, amén de los consabidos periodistas del régimen indepe haciendo méritos, parlamentarios de este grupo o de aquel, vaya, la de Dios. Lo novedoso del aquelarre celebrado ayer es el carácter casi, y que la Blanca Paloma me perdone, de misa rociera, de pasacalle festivo, de un aquí no pasa nada y acabaremos saliéndonos con la nuestra.

¿Tan locos están que no ven como el reloj va avanzando inexorablemente y a Puigdemont cada minuto que pasa le quedan menos oportunidades? Pues parece que sí. Los leales, los, del pinyol, el hueso, del proceso van a ver al fugadísimo como el que acude a Fátima o Lourdes, a ver si se producen un milagro. Se hacen fotos con él – en Disney París también la gente se hace fotos con Mickey o Pluto, pero son bastantes más inofensivas y, desde luego, de mayor nivel intelectual –, se abrazan, se besan y se dan palmaditas en el hombro. “Ho estàs fent de collons, President”, lo estás haciendo de cojones, President, le decía uno de sus palmeros más recalcitrantes.

Todo eso para acabar concluyendo, según Elsa Artadi, la Richelieu del ex President, que no tienen ni repajolera idea acerca del método que emplearán para investirlo. No iban a decidirlo en aquella reunión, añadió, porque están en la fase de analizar los diferentes caminos que, según la asesora de cabecera del fugado, tienen encima de la mesa. Según la señora, no hay nada en el reglamento que impida la investidura del huido. O sea, que los informes de los letrados del Parlament, de los propios servicios jurídicos de Esquerra o las advertencias que ha dicho el gobierno de España por boca del ministro Íñigo Méndez de Vigo, IX barón de Claret para más señas, acerca de que llevarán a cabo las medidas que sean oportunas para impedir una investidura no presencial no significan nada para Artadi, Puigdemont o su grey.

Viven en los mundos de Yupi, felices y satisfechos, cobrando buenas pagas y esperando que suene la flauta por casualidad"

Lo dicho, viven en los mundos de Yupi, felices y satisfechos, cobrando buenas pagas y esperando que suene la flauta por casualidad, como aquella abogada, presunta, dicen, de Puigdemont que pretendió hablar con el juez Llarena a ver si pasteleaban algún tipo de acuerdo sin el menor éxito, claro.

Con tal borrachera de éxito no es extraño que ocupen los ocios de estos viajes en escribir textos y proclamas. Nos han hecho llegar privadamente una parte del contenido del discurso de investidura que, bien Puigdemont vía telemática, bien leído por un diputado de junts per Catalunya, sería leído en la sesión de investidura. Si la hubiera o hubiese, claro, porque los de Esquerra no lo ven claro y las CUP tampoco. Excusamos decir que el resto de partidos están de acuerdo en que investir a alguien que está fugado de la justica y viviendo en el extranjero es una barbaridad sideral. Pero, repetimos, para Artadi no hay nada imposible. Para Puigdemont, menos. Así que ahí van algunas de las perlas que se atesoran en ese primer borrador de discurso. Ni Jardiel Poncela llegó a tales cimas del humor.

"Som una república, perquè el poble de Catalunya així ho ha volgut majoritàriament"

Con un par. “Somos una República, porque el pueblo de Cataluña lo ha querido así mayoritariamente”. Ese es uno de los primeros puntos, ideas fuerza que les llaman los spin doctors, de la pieza oratoria del fugado. Que sus correligionarios en la cárcel se hayan desdicho de tal cosa, afirmando que aquello no era más que una proclamación simbólica, no cuenta para Puigdemont. Ha decido que vive en una república, la de Narnia o la de la Ínsula de Barataria, y no se hable más. Cositas sin importancia como que el bloque separatista no llegase el pasado 21-D ni a la mitad de los votos o que Ciudadanos sea el primer partido en sufragios son naderías comparadas con su inmensa visión histórica. El independentismo es mayoritario y, si no lo es, ya se encargará TV3 de decirlo. Como ven, el inicio no puede ser más prometedor. Sigamos.

“Sóc el President legítim de tots els Catalans, abans i ara”, es decir, que se considera el President legítimo, cesado injusta e ilegalmente, y ahora refrendado por su real voluntad. Que al President lo deba elegir el Parlament y no los votantes – ya nos gustaría a muchos, porque equivaldría a decir que tenemos una nueva ley electoral – le da lo mismo que lo mismo le da. Y asegurar que es President de todos es mucho asegurar, porque lo cierto es que de al menos la mitad no lo ha sido ni lo puede ser nunca debido a su sectarismo nacionalista.

Sigue el boceto de discurso, organizado en ítems en forma que denominamos “escaleta”, con algunas perlas deliciosamente surrealistas. Afirma que Europa y el mundo entero no quitan los ojos de Cataluña, que España se sentará a pactar la secesión, que las empresas que se fueron por culpa de la violencia policial y la perfidia del PP volverán, y, quizás lo más inquietante, que nadie que no sea independentista debe sentir la más mínima preocupación acerca de su seguridad, porque no “se tomarán represalias”. Ah, pero ¿se había discutido en algún momento? ¿No habían dicho que esta era la revolución de las sonrisas, que son amantes de la paz, las flores, las puestas de sol y las fotos de gatitos en Facebook? Excusatio non petita acusatio manifesta, dicen los latinistas. Les traiciona el subconsciente.

Jordi Sánchez, el dirigente de la Asamblea Nacional Catalana actualmente ingresado en la prisión de Estremera, puede muy bien repetir hasta que se quede afónico delante del juez que no apoya la vía unilateral, pero su President, el cabeza de la lista por la que ha salido elegido como diputado, parece estar completamente en contra de tal opinión. Porque el resto de las ideas que se reflejan en el texto de investidura van en idéntica dirección: hay un Govern en el exilio, hay presos políticos, las elecciones del 21-D y el 155 son anticonstitucionales – como si les importara un pito la Constitución – y la República ya existe. No se han movido ni un milímetro de su posición inicial, la que llevó al Estado y a los jueces a aplicar la ley. De forma tibia y cobardona, según el leal saber y entender de quien esto firma, pero la aplicaron.

La Cataluña que vio como se organizaba el proceso ha cambiado. La mayoría del partido de Albert Rivera o la manifestación de Societat Civil Catalana son buenos ejemplos. Eso no lo tiene en cuenta el candidato a la investidura"

¿Qué se puede esperar de un político, por llamarlo de alguna manera, que no sabe aprender de sus errores? Porque la Cataluña que vio como se organizaba el proceso ha cambiado. La mayoría del partido de Albert Rivera o la manifestación de Societat Civil Catalana son buenos ejemplos. Eso no lo tiene en cuenta el candidato a la investidura. Claro, desde Bruselas y con anteojeras se debe ver muy poco. Basta un solo ejemplo: en el último partido del Barça, como siempre, en el minuto 17.14 – en alusión al 1714 famoso – los de siempre empezaron a exhibir bufandas amarillas que, previamente, les habían sido entregadas a la entrada, y a agitarlas mientras gritaban consignas en favor de Puigdemont y los dos Jordis. Pues bien, un sector del púbico asistente, ojo, de gente culé, empezaron a abuchearlos con gritos en catalán y en castellano. “¡Fora, fora!”, “¡Fuera, fuera!” Hubo discusión en las gradas, y un señor de mediana edad le dijo a uno de los del club de la estelada “Mira, yo he venid a ver jugar a mi equipo y no a un mitin de Herri Batasuna”. Definitivo. Sí, algo está cambiando.

Todo esto, por descontado, no figurará en el discurso. ¿Para qué molestarse con la realidad, si la invención es tan cómoda y confortable? Digo yo que habría que apagarle la estufa, a ver si se da cuenta del frío que hace en la calle. Es una idea.

Miquel Giménez



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